CapÃtulo 7
Jonathan nunca dejaba que nadie tocara su celular, pero esa ya era la segunda vez.
Cuando la policia llamó, fue ella quien contestó, lo mismo pasó cuando yo llamé
âSi no es nada importante, mejor cuelga, estamos muy ocupados.â
Miriam enfatizó la palabra ânosotrosâ, como si tuviera miedo de que no me enterara de que estaban juntos.
âDile que cuando termine de bañarse me devuelva la llamada.â El dolor hizo que mi voz temblara, lo cual parecÃa deleitarla mucho.
âDespués de bañarse estará ocupado también, ¿cómo va a tener tiempo. para llamarte a ti?â Dijo con una voz demasiado alegre.
âSi es algo importante, dimelo a mi. Es lo mismo.â
Mis labios se curvaron ligeramente, pensando que realmente se creÃa más de lo que era.
Pero tampoco tenÃa ganas de seguir discutiendo con ella.
âMiriam, lo que gastaste en Cancún también viene de los bienes
conyugales, y tus fotos Ãntimas con él son prueba de adulterio durante el matrimonio. ¿Crees que si busco tomar acciones legales, tendrás que devolverme el dinero?â
Al parecer toqué una puntada sensible, ya que la voz de Miriam se elevó bastante.
âIris, ¡no te pases! Eres una vieja fea y acabada, ¿crees que Jonathan todavÃa te quiere? ¡Sigue soñando! Todo el tiempo hablando de dinero, eres una materialista, una egoÃsta, ¡Jonathan se arrepiente de haberse casado contigo! Si quieres dinero, sigue soñando odrÃas morirte de hambre o de alguna enfermedad, y él ni siquiera te voltearÃa a ver!â
La llamada se cortó sin piedad, y mientras miraba la pantalla del celular apagarse, solté un largo suspiro. Parecia que tampoco tenÃa tantas ganas
de seguir viviendo, de lo contrario, no estarÃa rogando, ¿verdad?
â¿Iris? ¡Iris!â
La cortina del hospital se abrió de golpe, y al verme, Estrella Campos no pudo creer lo que vieron sus ojos.
â¿Qué haces aquÃ? ¿Te⦠operaron? ¿Qué pasó? ¿Tuviste una recaÃda? ¿No que después de la operación era difÃcil que volviera a suceder?â
Ella me hizo varias preguntas seguidas, a las cuales no supe cómo responder.
Al final dijo que estaba cansada, y yo finalmente pregunté, â¿Y tú por qué estás aquÃ?â
âMi abuela, acabo de llegar del aeropuerto y vine directo aquÃ.â Dijo señalando la cama de al lado.
â¿Y tú? ¿qué pasó contigo? ¿Por qué no me dijiste que estabas enferma? ¿Y Jonathan? No serÃa su amante quien contestó hace rato, ¿verdad? ¿Acaso se ha vuelto tan sinvergüenza?â
El silencio en la habitación era absoluto, sabÃa que otros habÃan escuchado la llamada.
Pero, ¿qué podÃa hacer? Con mi estado de salud, simplemente no podÃa dejar la habitación del hospital.
Al ver que no contestaba, Estrella se molestó un poco.
â¿Por qué no me llamaste? ¿Cómo vas a estar sola en esto?â
En ese momento le tomé suavemente la mano, y mis ojos también se llenaron de lágrimas.
Estrella fue mi compañera de cuarto en la universidad y mi mejor amiga.
Cuando me diagnosticapon la recaÃda del cáncer, pensé en contactarla, pero ella estaba participando er competencia internacional importante, y no
querÃa distraerla.
âAquà me ves, la cirugÃa fue un éxito.â Respondi mostrándole una sonrisa que
creà que no estaba mal.
Pellizoandome suavemente la majilla, dijo âEstás horrible, si no quieres
sonreÃr, no te fueroes, ¿Y Jonathan? ¿No vino ni siquiera por tu cirugÃa? Ese tipo es un cabrón. Si no fuera por él, no tendrÃas que haber pasado por todo esto, y mirate ahoraâ¦â
Ya habla escuchado eso más de una vez, asà que rápidamente le tiré de la ropa y le dije, âQue bueno que viniste, necesito un favor.â
Luego extendi mi mano, me quité los pendientes, el anillo, y luego señalé mi bolso,
âPon las cosas de mi bolso en alguna bolsa cualquiera, necesito que lo vendas junto con estas joyas. El bolso me costó setenta mil, ayúdame a encontrar un comprador confiable, el anillo y los pendientes probablemente no valgan mucho.â
Inconscientemente, toqué el colgante en mi cuello, pero no tuve el corazón. para quitarmelo.
El Jonathan de aquel momento no me trataba para nada bien, pero el de hacia años fue mi luz.
HabÃa algo de lo que estaba segura, necesitaba dinero, mucho dinero, pero ya no llamarÃa a Jonathan, tenÃa que encontrar la manera de conseguirlo por mi misma.
Si bien la cirugÃa fue un éxito, necesitare mucho dinero para la quimio y la radioterapia que vienen.
Ya lo habla pensado bien, incluso si llegara a divorciarme, las joyas de la familia seguirÃan perteneciéndome. En caso de ser necesario, venderÃa hasta la última.
En el caso de que él llamara a la policÃa, no importaba. Ya me informé bien, en este tipo de disputas familiares, no tenÃa que ir a la cárcel.
Estrella frunció el ceño, y al final, volvió a ponerme el anillo.
âTengo dinero, te lo presto,â
Al escucharla, negué con la cabeza, insistiendo en que agarrara el anillo. âTodo esto me lo dio Jonathan, ya no lo quiero, ayúdame a venderlos.â La
miré con firmeza, âTe lo suplico.â
Estrella abrió la boca, pero al final no dijo nada y se dio la vuelta para empezar a empacar mis cosas.
Ella era muy rápida, y para la tarde del dÃa siguiente, ya habÃa conseguido el dinero.
âVendi todo por cien mil, si no es suficiente, pensaré en otra solución.â
Ella transfirió el dinero, y evitó mirarme a los ojos.
En ese momento supe que, probablemente, la mayorÃa de ese dinero era
suyo.
Yo no la confronté, ya que de todas formas, iba a romper la vitrina de cristal de la casa para regalarle los dos bolsos más caros.
Justo cuando pensaba en qué bolsos le gustarÃan más, repentinamente, recibi una llamada de Jonathan.
Al presionar el botón para responder, su rugido se escuchó al instante.
âIris, ¿no vas a trabajar y todavÃa quieres dinero? qué descarada eres.â
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