CapÃtulo 11
Jonathan pareció alejarse con el teléfono en la mano, antes de gruñir, âHago
to que me da la gana, no necesito que to me digas qué hacer.â
âClaro, no es mi problemaâ
Realmente no queria enredarme en ese asunto con él.
Desde la primera vez que trajo a una mujer a casa, deberÃa haberlo. superado.
En ese momento ni siquiera sabia por qué me ponÃa tan melodramática, sintiendome devastada dÃa tras dÃa.
Más de una vez quise decirle la verdad,
Pero siempre temÃa que se sintiera herido, que le doliera, que al final no pudiera soportarlo.
Ahora entiendo, él no se sentirÃa mal por alguien como yo, asà que no valia la pena explicarle.
Pero no sé qué palabra mÃa lo enfureció de nuevo, que volvió a rugir.
âIris, ¿qué estás insinuando? ¿Qué derecho tienes para decirme qué hacer?â âDéjame decirte algo, todo lo de esta casa lo he comprado yo, no tienes. derecho a mandarme en nada. Y deja de amenazar a Miriam, ella es diferente, te lo advierto ¡no te metas con ella! Mejor regresa ya a la oficina, de lo contrario, no volveré a darte ni un centavo.â
Pensé que colgarÃa, pero no lo hizo. En cambio, insistió en esperar una respuesta mÃa.
Después de unos segundos, finalmente dije, âEstá bien, pero quiero horas
extras.â
â¡Maldición, toma!â
Cuando de que colgara, escuché a Miriam llamarlo dulcemente âJonâ.
Ese apodo que algu vez fue exclusivamente mÃo, ahora también le
12:33 T
pertenecÃa a otra.
SabÃa que lo de él y Miriam no era solo un juego. PodÃa llevarla a la abiertamente, como una pareja.
Le permitia que publicara en Instagram sin restricciones, incluso provocándomeâ¦
empresa
Lo que me dolió un poco, se alivió cuando vi los diez mil pesos de horas. extras que me transfirió a mi cuenta bancaria.
Si solo lo veÃa como a un jefe, tal vez no serÃa tan difÃcil de aceptar.
Pero cuando vio que acepté el dinero de inmediato, me envió una larga serie de mensajes de voz.
Apagué el teléfono y dejé de prestar atención.
Ni siquiera necesitaba escucharlos para saber qué dirÃa.
Después de todos estos años, siempre era lo mismo, ya me habÃa cansado de escucharlo, ya que en su mente, solo era una mujer que amaba el dinero, ¿qué problema habÃa en tomarlo?
El dÃa que salà del hospital, Estrella tenÃa un viaje de trabajo y no podÃa llevarme a casa, asà que insistió en que alguien de su familia me llevara.
W = J
Le menti diciendo que un compañero de trabajo vendrÃa por mÃ, incluso fingi tomarme una foto con el chofer del taxi para que se tranquilizara.
Al llegar a casa, escuché los gemidos de Domy, y la vecina rápidamente abrió la puerta.
âYa estás de vuelta, qué bueno. ¿Te estás recuperando bien?â
La mujer se secó las lágrimas y tomó mi mano suavemente, âAy, niña, has adelgazado.â
âAhora está de moda sendelgada, asà me ahorro la dieta, ¿no es genial?â Dije dándole una palmadita en la mano. Su mano estaba muy cálida, lo que hizo que mi corazón también se calentara.
Domy giró alrededor mÃo una y otra vez.
12:33
La vecina le dio continuamente que yo estaba débil, que no podÃa saltar sobre mÃ, asà que simplemente giró a mi alrededor.
Guendo me agaché, su cola pareció convertirse en un rotor, y abrazando su cabeza, finalmente pude sonreir sinceramente.
Jon, que perro tan grande, da miedo. Gritó Miriam, asustándonos a ambos. En ese momento, los vi empujando una maleta de pareja, vestidos a juego, parecian una pareja de verdad.
â¿Cómo es que has adelgazado tanto?â Preguntó Jonathan frunciendo el ceño.
âNo es asunto tuyo.â Contesté.
Luego le di una palmadita en la cabeza a Domy para calmarlo.
Miriam parecÃa aterrorizada, temblando detrás de Jonathan.
*Jon, dijiste que te ocuparÃas del perro, ¿por qué sigue aquÃ? Apenas me estoy recuperando de mi alergia, ¿no podemos regalarlo a otros? También podrÃamos llevarlo a un lugar dondeâ¦â
â¿Qué carajo estás diciendo? ¡Cierra tu maldita boca!â
En ese momento protegà a Domy detrás mÃo, mirando furiosamente a esa
zorra.
Maldita sea, robarse a un hombre basura era una cosa, ¿pero ahora también querÃa matar a mi perro?
Domy sintió la hostilidad de Miriam y también mi enfado, por lo que le ladró sin parar a esos dos.
Jonathan abrazó a esa mujer, mirándome con desdén.
â¿Qué pretendes hacer? Iris, ¿cuándo aprendiste a insultar asÃ? ¡Pareces una loca!â
â¿Y qué? ¿Por qué no escuchas las pendejadas que dice tu queridita novia? ¿Ser una persona culera y además tener una boca tan pinche sucia? ¿No tienes miedo de que te caiga el karma, Miriam?â
12.33
che subió y bájó violentamente, como si hubiera tocado una herida inda oni respiración tembló con cada aliento.
Jonathan quiso acercarse, pero Miriam lo agarró fuertemente.
Jon, ella es demasiado aterradora, y su perro también da miedo. ¿Su perro no estará sin vacunar, verdad? ¿Y si me muerde y me pasa la rabia? ¡Escucha cómo ladra, está muy agresivo! ¿Deberiamos llamar a la policÃa?â
Aunque decÃa tener miedo, sus ojos destilaban desafÃo.
Finalmente lo entendi, todas esas excusas sobre ser alérgica al pelo de perro, o tener miedo a los perros, eran solo eso, excusas.
Ella solo sabia que Domy me importaba y querÃa hacerme sufrir.
Pero pobre de ella, no sabia que hacer esto no me harÃa sufrir, solo me harÃa
contraatacar.
Asà que, con un ataque de ira, le entregué la correa a la señora de la limpieza y luego, con todas mis fuerzas, arrastré a Miriam hacia mÃ.
â¡Zas! ¡Zas!â Le di dos bofetadas con toda la fuerza que tenÃa, casi como si estuviera luchando por mi vida. La cara de Miriam se hinchó al instante.
Justo cuando ella iba a contraatacar, Jonathan intervino y me empujó lejos. âIris, tú⦠jahâ¦!â
Junto con un ladrido, Domy se liberó y mordió el brazo de Jonathan, el mismo con el que me habÃa empujado.
4/4
Comments(0)
Join the discussion — sign in to leave a comment
Sign In to CommentNo comments yet. Be the first to share your thoughts!