CapÃtulo 115
Nerea miraba cómo los fanáticos obsesivos que hace un momento estaban llenos de arrogancia, ahora corrÃan más rápido que conejos, asustados hasta la médula. No pudo evitar asomarse por la ventanal del carro y decirle a Roman con una sonrisa, -Vaya, Roman, solo con tu presencia lograste
espantarlas.
-¿Quiénes eran?
La voz profunda y frÃa de Roman llegó desde atrás. Nerea se volteó y lo vio con una expresión indiferente en su rostro, -Eran un grupo de fanáticas locas, ni idea de cómo se enteraron de la ceremonia de inicio de âLlega La Reinaâ, vinieron a armar lÃo.
-¿Gernea Media no te proporcionó guardaespaldas?
-¿Guardaespaldas?- Nerea lo miró divertida, -Mi tiq lo mencionó, pero no lo consideré necesario. No soy ninguna gran estrella conocida por todos, hacer tanto alboroto solo por salir a la calle, además, esas no e eran fans mÃosâ¦
â
Claro. La interrumpió Roman antes de que pudiera terminar, -No todos tienen el valor de la Señorita Nerea, como aquel dÃa del casting aquÃ, incluso con la explosión, no mostraste miedo alguno.
Su voz era frÃa, con una sonrisa burlona y una mirada que desprendÃa sarcasmo, haciendo que el rostro de Nerea se endureciera.
¿Qué pretendÃa al recordar el casting aquel dÃa?
¿Pensaba que tanto la explosión como ser perseguida por fanáticas era lo que ella merecÃa?
Qué irónico, se habÃa olvidado de lo cruel que podÃa ser todo por una comida!
Si hubiera sabido que ese carro era de él, no se hubiera subido aunque las fanáticas la persiguieran
hasta la muerte.
-¿Qué pasa? Lo hice porque estaba contenta.- Nerea alzó una ceja y lo miró frÃamente, -¿O será que al subirme a su carro, Sr. Roman, interrumpi sus planes y eso le molestó?
¿Contenta?
Si estar contenta significaba terminar asà en peligro.
La mirada de Roman pasó de su cabello desordenado a sus zapatos llenos de huellas, luchando por
controlar su ira.
-Disculpa, me bajaré ahora mismoâ¦.
Dijo eso y trató de abrir la puerta, pero Roman la habÃa cerrado desde adentro.
Lo miró entre enojada e incrédula, -¿Qué haces?
-TodavÃa no se han ido.
¿Las fanáticas?
¿A él qué más le daba?
Nerea esbozó una sonrisa sarcástica, -¿Y eso qué tiene que ver contigo? ¡No necesito tu falsa preocupación! Javier, ¡para el carro!
-Ahâ¦- Javier, al escuchar la discusión dentro del carro, se sintió nervioso y apenas se atrevÃa
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Capitulo 115
respirar, -Señorita Nerea, estamos a punto de entrar a la autopista, aquà no podemos parar.
Entonces, ¿por qué Javier arrancó el carro cuando Roman bloqueo la puerta?
Nerea ahora pensaba que ambos estaban actuando extraño.
-¡Para el carro!- Elevó la voz, -¡Lo que multen, yo lo pago!
-Bueno, pero, señorita Nerea, usted acaba de cumplir la mayorÃa de edad, ¿no? Aún no tiene licencia de conducir, ¿verdad?
-Tu..
-¡Ay!
â
Nerea, frustrada, alzó la mano y sin querer tocó el refrigerador del carro, el dolor la hizo jadear,
-¿Qué pasó?
Roman tomó su muñeca suavemente, levantó la manga de su camisa y al ver la piel enrojecida y llenal de espinas de rosa, sus ojos negros se contrajeron de ira.
-¿Esto también lo hicieron ellas?
Su tono era gélido, como si quisiera triturar y destruir algo.
-¡No es asunto tuyo!
Nerea intentó retirar su mano, pero la suave fuerza con la que lo intentó fue insuficiente para liberarse de la firmeza de Roman.