Chapter 40: Epílogo

A Step Forward (Juliantina)Words: 16690

"Mierda, pensé en decirte que no. Ahora mírame en el mismo lugar donde todo comenzó"

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Nueva York

Holger Cheff

Donde todo comenzó

Juliana Pov

Estaba justo en ese lugar, sabía que estar ahí me iba a hacer daño, pero era lo único que tenía de ella, largos años de sufrimientos y el lugar que me llenaba al menos lo suficiente era donde todo comenzó y tiempo después finalizó, la diferencia es que no fue en este lugar donde terminó.

Si bien con el tiempo las noches pasan rápido, en esas mismas noches dejo todas mis lágrimas salir. Esta sería la última vez que venía a este lugar, luego de esto me olvidaría de ella, viviría con la tristeza de haberla dejado ir sin luchar, viviría sin el amor de mi vida, sin lo único que me hizo feliz.

—Es un gusto tenerla nuevamente por acá, Juliana. ¿Desea ordenar?—me preguntó un mesero muy amable que ya me reconocía por veces pasadas—¿Viene acompañada?

Negué con una sonrisa fingida, no por él, era por mí.

—No, vengo sola siempre, no recuerdas?—él rió un poco incómodo—...lo mismo de siempre, por favor—anotó mi pedido y caminó con largos desapareciendo de mi vista.

"...estamos, acá otra vez...no?"

Me preguntó aquella voz suave que a duras pena escuchaba, sabía que no ir a las consultas con la Dra. Margot eran el resultado de que aquella voz hablara y es que la verdadera razón por lo que no iba era simplemente porque me sentía un poco menos sola al escuchar que alguien se interesaba por mi aunque sea dentro de mi cabeza, loco?

Tal vez.

Una carcajada seguida de una llanto y un choque en mi espalda, hizo que saliera de mis pensamientos y cambiara mi atención a una menor que acababa de estrellarse contra el respaldo de mi silla. Me levanté de inmediato a auxiliarla, ya que el golpe había sido fuerte, sin poder aguantarlo reí en bajo.

—¿Estás bien?—pregunté a la pequeña sin aún verle el rostro, puesto que sus cabellos castaños la cubrían de mi vista—¿Estás sola?—sabía que una menor no podía estar suelta sin un mayor de edad, eso me hacía responsable, no?

—Lo siento, señola—dijo en un susurró que solo alcancé a oír porque tengo buena audición y de lo contrario estaría esperando su respuesta aún.

—No te preocupes, ven levanta—la jalé de la mano un poco para que se levantara, al hacerlo por fin pude ver su rostro, sus ojos eran extraños, parecían verdes a simple vista pero realmente eran café, un café muy claro, tanto que parecían verdes—¿estás perdida?

—...no, mi papi está conmigo—me sonrió mostrando sus pequeños dientes blancos, su piel era blanca y sus mejillas estaban rojas.

—¿Puedes guiarme con tu papá?—ella rió a carcajadas que a primera impresión me dio ternura, pero luego lo encontré extraño.

—¡Mi amor!—escuché que alguien gritó alertandome para fijar mi vista en aquella voz que me parecía conocida, y lo era, porque al mirar a la dueña mis sentidos se fueron al carajo y con eso mi promesa de olvido se fue con ellos.

—¡Mami!—la pequeña se zafó rápidamente de mi agarre y corrió a la ojiazul que me veía igual o más asombrada que yo—¿Es?—preguntó la pequeña a su mamá, que al escuchar aquella pregunta se alertó extrañamente.

—Sí mi vida, es este el restaurante en donde vamos a comer—la mirada de la menor fue extrañada pero en ese momento eso era lo que menos me importaba—...Juliana—susurró viendome a los ojos.

—Valentina...—por mi mente pasaron todos los recuerdos, pasaron los besos, las caricias, las promesas de amor, pasó mi vida entera delante de mis ojos y lo supe cuando pasó mi razón de felicidad delante de mis pensamientos. Supe que aquel sentimiento que sentía por Valentina nunca se iría por más que lo intentara.

—¡Sí es, mami!—pero aquellos pensamientos se fueron tan rápidos como vinieron al escuchar como la pequeña la había llamado, ella pudo conseguir el amor y eso no me ponía triste, me hacía amarla mucho más.

—Sí, Jeana. Acá comeremos—habló sin despegar mi mirada de mí y yo no sabía cómo responder hasta que aquel mesero llegó con mi pedido.

—Su orden, señorita—yo desvié mi mirada con recelo a el mesero para luego sonreír—Si desea algo más ya sabe que estoy a su orden, Juliana—yo asentí amable para verlo como se iba.

—¿Vamos por un café?—al escuchar esas cuatro palabras, que resonaron como una bala perforando un cristal en mi oído, mi sonrisa apareció como nunca antes, pero luego lágrimas salieron de mis ojos sintiéndome la persona con mejor suerte en el mundo, aquella castaña me estaba invitando a un café, a mi? A la persona que le rompió el corazón. Ni yo sabía la razón, simplemente sonreía mientras lloraba, tenía suerte, ya que le estaba dando la espalda y no podría verme.

—Mami, está llorando poque?—preguntó la pequeña niña viéndome desde abajo y yo rápidamente limpié mis lágrimas intentando que no me vea.

—¿Juliana?—preguntó Valentina poniéndome una mano en mi hombro obligándome a que la vea y así lo hice, porque yo haría cualquier cosa que ella me pidiera.

—No es nada...tenía alguna basurita—Valentina entrecerró sus grandiosos ojos azules y negó lentamente—¿Qué?

—Vamos por un café, niña—su tono de voz era la Valentina que un día había conocido en ese mismo lugar pero en otras condiciones, luego sonrió captando que lo había entendido—Por fi

Yo asentí rápidamente, dándole una señal a el mesero como diciéndole que guarde mi pedido, saqué de mi billetera la cantidad necesaria de dinero y la puse en la mesa para luego seguir a las dos personas de las que tanto estaba interesada.

Pude contar los minutos que duramos caminando, y es que esos mismo minutos fueron el tiempo que estuve viéndolas, tan parecidas, la forma en la que se toman de las manos, saber que muy seguramente la mano restante de aquella pequeña la ocupa otra persona es aterrador, saber que Valentina es feliz me hace feliz, pero no quita el hecho de que me duela.

—¿Qué ha sido de ti todo este tiempo?—me preguntó mientras se relamía los labios a causa del café que había quedado, desee ser un café con todas las fuerzas de mi alma. Jeana pidió una malteada de fresa y degustaba de ella en silencio.

—Me fui a Portland—dije sin más—...me centré en Cord Villyn y en nada más, creo que se puede notar los resultados—la miré con dolor, me dolía tenerla frente a mí y no poderle decir lo mucho que la amaba.

—¡Poltland! Fuimos ahí—habló emocionada aquella pequeña de la que tanto me estaba enamorando, y es que como no enamorarse de ella siendo una copia exacta de Valentina.

—Sí, lo leí en una revista. Cord Villyn es la empresa con más ganancias a nivel mundial, me alegra Juliana—yo asentí al escucharla, no me sentía contenta de tener todo el dinero del mundo, porque no tenía a nadie con quien compartirlo, no tenía amor y eso me estaba matando.

—Gracias, y tú?—Valentina suspiró y miró a Jeana para luego limpiarle la comisura de sus labios que se habían manchado con fresa.

—Tuve a mi hija, dejé el trabajo por un tiempo y estuve de vacaciones en California con mis padres—yo asentí al escucharla hablar, pero había algo que no me cuadraba—¿Quieres ir a mi casa?—su pregunta me sacó de mis casillas al mismo tiempo que las ganas de llorar volvían, ella quería pasar tiempo conmigo.

—Hmm, sí...sí—hablé con dificultad—¿Ahora?—ella asintió mientras sonreía, yo me levanté de la mesa y fui a pagar lo que habíamos consumido, no podía dejar de sentirme nerviosa y eso me confundía mucho más, por qué quiere que vaya a su casa?

Me aterraba la idea de volver a sentirme rota.

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Casa Bradley

—Ya dormí a Jeana, estás cómoda?—me preguntó una vez me acomodé en una silla que estaba en el porche mientras bebía una copa de vino que ella misma me ofreció, para ser sincera todo esto me parecía extraño.

—Sí, lo estoy—la miré—Gracias—susurré para mi misma pero noté que se dió cuenta.

—¿Por qué Juliana?—la miré confundida—¿Por qué no me buscaste?—yo negué lentamente sin saber qué responder—...lloré por tantas noches, lloré por tu culpa—me dijo con esas palabras que tanto me herían.

—...sabía que no me creerías si te explicaba, dicen que cuando amas realmente. Lo dejas ir, aunque te duela lo haces, no?—ella negó mordiendo su labio por dentro, sabía que estaba enojada.

—¡No Juliana! Yo quería que volvieras y me dijeras que todo era mentira...—sus palabras salían con dolor y con ellos sus lágrimas empezaron a caer por sus mejillas, verla llorar era la tortura más grande—¿Realmente lo hiciste?—yo negué rápidamente.

—Todo lo planeó mi abuelo, lo juro Val...—susurré sin darme cuenta que para ese punto yo también estaba llorando y no porque me doliera, lloraba de felicidad porque sabía que después de esta noche nuestra historia de amor florecerá como nunca antes había sucedido y esta vez no existirían más mentiras—me manipuló, manipuló a todos. Tu y yo fuimos víctimas de un corazón roto—me acerqué un poco a ella hasta tal punto de poder tocarla, y así lo hice toqué su mejilla con la punta de mi pulgar, hacerlo era como tocar un terreno sagrado del que era adicta hasta la muerte.

Sus ojos se cerraron al mismo tiempo que suspiraba, sentí su piel erizarse por mi tacto y eso causó que mi cuerpo actuara por si solo, me acerqué a ella lentamente, pensaba que si lo hacía lento podría no volver a dañarla. Y así fue como después de tres años sin verla, sin tocarla ni besarla lo hice por fin. Mis labios temblaron debajo de los suyos, como si el mínimo error fuera a dañar nuestro pacto. Fue solamente una presión de sus labios con los míos, pero solo eso bastó para que mi corazón latiera tan fuerte como nunca antes lo había hecho y sabía que ella también lo estaba, sabía que el sentimiento era mutuo.

—Valentina...—retrocedí lentamente sin abrir aún los ojos—...te sigo amando—le confesé sintiéndome la persona más afortunada del mundo—sálvame de esta pesadilla por favor...estoy muriendo en vida—le rogué abriendo mis ojos y la vi, decir que la amaba era poco, lo que sentía por ella no era de este mundo.

—Juliana...tenemos que hablar—esas palabras erizaron todos mis sentidos y sabía que ella tenía la razón—tuve una relación con alguien después de ti—susurró—pero juro que no se compara a lo que siento contigo—suspiró—Jeana...ella es...es tu hija, tiene tres años, esa noche te lo iba a contar—lo que sucedía en ese momento dentro de mí era un mar de sentimientos encontrados.

—No...no—negué nerviosa—yo...yo no pude perderme eso...no—pero ahora todo cuadraba, sus ojos eran una combinación de nosotras dos, su piel, su cabello, ella era nuestra hija. Era fruto de una historia terminada, ella era una secuela.

—Juls...te busqué por mucho tiempo...te buscamos juntas, le mostré fotos, le conté nuestra historia—sonrió viéndome con amor, sabía que me veía así porque sus ojos brillaban cuando lo hacía—Ella te llama Papá, y piensa que tu estabas de viaje todo este tiempo—sollozó rompiéndome el corazón por verla así—no sabes lo difícil que fue el embarazo, lloré todas las noches de aquellos nueve meses, pero cuando la tuve en mis manos y la vi supe que ella llenaría ese vacío que tu dejaste, pero al verte todo lo que armé para olvidarte se fue al carajo...—yo sonreí acercándome lentamente para después fundirnos en un abrazo necesitado, un abrazo que selló nuestro amor, un abrazo que empezó a contar una nueva historia.

Por que Valentina se integró de nuevo a su  como vida como una llama repentina, velozmente brotando en su corazón.

Nueva York.

5 Años después.

—¡Jeana!—gritó Valentina a la pequeña que corría con la ropa interior de su madre como única prenda en su cuerpo—¡Juliana tu hija tiene tu ropa interior!—aquel grito hizo que la morena dejara de servir el desayuno y fijara su atención en su pequeña de ocho años.

—Jeana, mi amor—pidió Juliana con tranquilidad y al segundo la pequeña castaña estaba a su lado con una sonrisa inocente—¿Qué haces con mi ropa interior, cielo?—ella se encogió de hombros y Valentina que miraba la escena incrédula negó lentamente—Quiero que te cambies ahora mismo y vengas a desayunar—Jeana asintió rápidamente al notar aquel tono autoritario que tanto le asustaba de su mamá.

—¿Cómo lo haces? Ella se pasa lo que le digo por la cola—reprochó Valentina con el ceño fruncido a su esposa, pero segundos después se encontraba degustando aquellos labios que tanto amaba de su mujer—Sabes a café—la morena asintió y le mostró el café—Yo sé a crema dental, ve y te cambias para que lleves a la moco a estudiar—Juliana asintió rápidamente y corrió escaleras arriba.

Si bien para Jeana su mamá Juliana era la que mandaba, la verdad era que Valentina daba una orden y la morena corría a hacerlo como buena esposa que era.

—¿Tienes todo listo, mi amor?—preguntó la ojiazul a Jeana.

—Sí mami, justo como me lo pediste—sonrió dejando ver aquel diente que le faltaba en su sonrisa—Mamá está tardando, vamos a llegar tarde—suspiró Jeana dejando a relucir aquel lado Bradley que poseía.

—Voy a revisar qué le pasa—una vez subió las escaleras e ingresó a la habitación que compartía con su mujer vio la puerta del baño abierta y con ella una morena parada solamente con su ropa interior—¡No te has cambiado, morena!—Juliana brincó del susto y se giró dejando con la boca abierta a Valentina—oh...

—No baja...—hizo un puchero a su esposa y le señaló aquella parte de su cuerpo que parecía estar necesitaba de cariño.

—Le...di-diré a Howe que venga a buscar a Jeana—Valentina llamó rápidamente a Howe sin despegar su mirada de su esposa—...sí...Juliana está muy enferma...sí, parece ser una enfermedad severa...gracias—colgó aquella llamada y salió de la habitación para informarle a Jeana que Howe vendría por ella.

—El tío Howe, sí!—dijo emocionada y dos minutos después un carro estaba sonando su bocina—Te amo mami, adiós—se despidió con un beso para luego Valentina cerrar la puerta y correr hasta el baño en donde la morena ya se encontraba encargándose de su asunto.

—¿Por qué me golpeas?—dijo Juliana sobando su brazo.

—¿No ves que yo me tengo que encargar de aquello?—la mirada de Juliana pasó de divertida a lujuriosa y es que a los segundos Valentina ya se encontraba desnuda en la la ducha.

El agua estaba en el punto exacto para que el vapor empañe el cristal, los labios de Valentina buscaron los de Juliana al mismo tiempo en que con su mano izquierda masturbaba el miembro caliente de su mujer, los pequeños gemidos de Juliana resonaban por toda la habitación.

Pero luego un brusco movimiento hizo que Valentina se reposara contra el cristal, mientras tanto Juliana se acomodaba entre sus piernas y guiaba su miembro a su centro, poco a poco empezó a ingresar en ella con delicadeza pero Valentina la empujó para que fuera más rápido y así lo hizo la morena, los vaivén se volvieron bruscos y agitados al mismo tiempo en que los gemidos salían de ambas haciendo el ambiente más sexual. Sus cuerpos chocando creaban un sonido de choque contra sus pieles y esto era mucho más excitante para la morena que sentía su miembro apretado dentro de Valentina, bastaron dos entrada por salida para que las dos juntas alcanzaran aquel deseoso orgasmo, pero se había hecho una costumbre que la morena se viniera dentro de ella, claramente Valentina usaba anticonceptivos.

—...vamos a la cama—ordenó la castaña a la morena que la alzó y caminó con ella hasta su cama.

Esa mañana como muchas terminaban las cosas igual, Jeana yendo al colegio con Howe y las dos esposas haciéndose el amor mutuamente como siempre lo hacían.

Decir que ninguna de las dos estaba enamorada desde el principio era mentira, las dos se habían hecho daño, una más que otra pero el sentimiento seguía igual de fuerte o más como nunca.

"En tiempos de desdicha y sufrimiento, te abrazaré, te acunaré y haré de tu dolor el mío. Cuando tú lloras, yo lloro, cuando tú sufres, yo sufro. Juntos intentaremos contener el torrente de lágrimas y desesperación, y superar los misteriosos baches de la vida."

por siempre suya.

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