Chapter 8: VIII. Sólo duerme

Mi alfa es un lobo [Katsudeku] [Omegaverse]Words: 10381

La tormenta había terminado; se fue como vino, rápido y sin aviso aunque quedaron estragos de nieve en la aldea que se encontraba a salvo; los vampiros fueron por otro camino probablemente hacia a la ciudad por donde irían a por víctimas, para llenar sus venas vacías.

Los niños y los omegas estaban a salvo; sin embargo, los alfas que regresaron ya en forma humana llevaron malas noticias, el gran alfa había muerto a manos del líder de los vampiros, aquel albino que hizo perder los sentidos a toda la manada; sintieron la impotencia de no haber podido hacer absolutamente nada.

Los heridos estaban siendo tratados con medicinas naturales y rituales que solían manejar los lobos; el más grave fue el joven de cabellos cenizos, había perdido mucha sangre y también recibió un golpe muy fuerte en la cabeza, por lo que tardaría en despertar.

Los corazones de los lobos estaban devastados - ¿Qué haremos ahora?... Masuru... ya no está... - se lamenta en su tristeza uno de los alfas mayores que no obtiene respuesta, todos estaban de luto; la jefa de su clan estaba en un profundo sueño lleno sufrimiento, todos pensaron en su Diosa Luna, la que unía a los amados bajo su manto.

La muerte del líder de su manada, dejaba a Mitsuki al borde de la muerte; para los lobos, al separase de su verdadero y único amor los hacía caer en la agonía, destruyéndose a sí mismos buscando hasta en la muerte recuperar a su destinado al cual estaban enlazados hasta en la vida eterna.

En hogar donde estaban varios heridos, el joven de cabellos rojos despertó bruscamente - ¿Dónde está Katsuki? - mira a todos lados buscando a su mejor amigo.

No debes moverte - dice Jirou una alfa joven de la manada - ¿Cómo está? - la joven de cabellos violetas oscuros desvió la mirada.

Aún no despierta - al escuchar esto el alfa trata de levantarse insistentemente- ¡¡Déjame ir!! - pide - ¡¡Qué no!! - su pierna estaba rota y podría empeorar si la forzaba.

Al final pareció rendirse recostándose en la cama para luego voltearse e ignorarla, estaba enojado. - Iré por más vendas... hay muchos heridos... - comenta la joven cabizbaja, había perdido a su padre pero no se permitiría demostrar debilidad, se marcha de la habitación sin más palabras.

Era su oportunidad, observó a todos lados, se puso de pie y apoyó su pierna, el dolor era muy intenso pero no lo detuvo - Kiri... - trata de detenerlo su amigo de cabello negro que tenía algunas costillas rotas, suspira desecho por que sabe que no podrá hacerlo.

Caminó lento pero con todas sus fuerzas hacia la casa de su amigo donde probablemente se encontraba; sabía que Katsuki era fuerte y el hecho que no despertara antes que él le hizo preocupar demasiado.

Al caminar notó cómo habían otros lobos que no eran de la manada, los miró con extrañeza a pesar de ello no se detuvo, con dificultad subió las escaleras de piedra y siguió a abrir la puerta de la cabaña, hogar de Bakugo.

Una bella joven de cabellos beiges preparaba algo en la cocina - ¿Quién eres? - extrañado con una mirada muy fría - Oh, hola - saluda con presunta inocencia - Tú debes ser Eijiro Kirishima ¿verdad? - se acerca de una forma incómoda - Yo soy Camie Utsushimi; la prometida de Katsuki - sonríe alegremente, en sus palabras notaban su falsa amabilidad.

¿Dónde está? - ignora lo que la omega fastidiosa decía, la joven de ojos marrón oscuro dirige la mirada a la habitación para luego resoplar, sabía que no sería fácil pero debía agradar a todos en la aldea para ser bien aceptada, pero no soportaba el trato del mejor amigo de su "prometido".

Al entrar en la habitación vio las vendas en la frente que rodeaban la cabeza del cenizo que dormía recuperándose - Ba... ku... go - susurró con pena, ahora toda la responsabilidad de su clan recaía en su amigo que ahora se hallaba inconsciente, la muerte de su padre había dejado devastada a gran madre.

No recuerdo... que se haya golpeado la cabeza... - murmura con intranquilidad - Mi clan vino en su ayuda, pero no llegamos a tiempo... - con falsa lamentación - encontramos a muchos en grave estado, él no fue la excepción - comenta la joven fingiendo tristeza.

Lamentamos su pérdida... - finaliza, sabiendo que ahora más que nunca necesitaban que Bakugo fuera el que dirigiera a todo su clan como sucesor, para ello debía comprometerse con ella y más ahora que necesitaban aliados.

Eijiro tensa su mandíbula apretando sus dientes, no eran fuertes, no estuvieron preparados para esto - Lo lamento... - susurra mientras toma su mano; lágrimas agrias caen discretas.

Perdieron a diez de ellos y los heridos aún no se recuperaban, por el momento no podrían hacer nada, necesitaban hacer tantas cosas, la muerte de Masuru fue como la de un padre para todos, dejó un gran vacío en todos los lobos.

Los crueles vampiros destrozaron el orgullo y la paz de la aldea; arrebataron vidas sin costo alguno.

Una mano se posa en su hombro - Creo que deberías ir a descansar... - recomienda con otras intenciones - Yo cuidaré de él... para que se recupere pronto y esté con nosotros - dice con un tono afable tratando de convencer al alfa que los dejara solos.

Gracias... - contesta con una voz ronca, volvería a penas se recuperara por completo, sus heridas sanarían más rápido que las de un humano pero más lentas que los malditos inertes.

Al fin estamos solos... amor - susurra dulcemente con demencia, una sonrisa en su rostro mientras de su bolsillo sacaba una pócima, agitó la botella para que el contenido fuera lo más efectivo posible - Debes descansar bien - con una voz acaramelada y convencida comienza a disolver las gotas que caían en la medicina que le daría, tarareaba una canción que le hacía recordar a lo que creía era amor.

Yo haré todo por nosotros - acaricia los cabellos cenizos del alfa - No te preocupes - con un tono risueño le da un beso en los labios suavemente - Nada podrá interponerse a nuestro gran amor.

Ahora bébela toda ¿sí? - pide al joven inconsciente, no se sabría cuando volvería a abrir sus ojos, aquella pócima impediría su despertar el tiempo que ella deseara, se encargaría de dársela todos los días que fueran necesarios, hasta que el detestable omega se fuera y él no pudiera encontrarlo jamás.

En el pensar de la loba, Katsuki se enamoraría de ella inevitablemente, al fin y al cabo ella era hermosa, joven y fuerte.

Nada podría interponerse en el fabuloso destino que imaginaba, ahora podía verlo todos los días, y hablarle aunque él no la escuchara, si hay algo que no podría hacer es... manipular su mente, no podía hacerlo aunque quisiera, Bakugo era muy fuerte para que funcionara, sería inútil...

12 de diciembre de 1875

Las nubes cubrían la luz del sol, y en vez de los rayos cálidos caían gotas frías de lluvia, que se entrelazaban con las palabras del sacerdote que rezaba en el triste velorio.

No... por favor... - lloraba desconsoladamente la madre de cabellos verdes al ver el ataúd de su esposo bajar a las profundidades de la tierra - Señora... debe ser fuerte... - trataba de consolar lo inevitable - Sea fuerte por su hijo - pedía una de las criadas de la duquesa.

Comenzaron a echar tierra sobre el ataúd, cada segundo fueron horas eternas, enterraban a su gran amor, sentía el mundo acabarse, en un cajón frío y solitario se iba a quién más había amado, un asesinato devastador acabó con la vida de su alfa, no hubieron pruebas ni mucho menos culpables, la lluvia humedecía la tierra que se volvía más pesada ocasionando que sonara al caer.

La joven madre era empapada por la lluvia, sentía como toda su felicidad se consumía con cada grano de tierra caer, el niño peliverde sólo tenía seis años, estaba muy asustado y no podía dejar de llorar; su amado padre había muerto, no comprendía muy bien lo que significaba, pero lo que pudo haber entendido es que su padre no volvería jamás y eso destrozaba su frágil corazón, veía a su madre llorar como nunca antes lo había visto.

Sus manos pequeñas apretaban su saco que lo abrigaba de la lluvia, no pudo resistirlo más y huyó, no podía seguir allí ni un segundo más, en ello el niño de cabellos cenizos que sujetaba el paraguas que cubría a los dos lo siguió sin que nadie se diera cuenta de su falta.

El niño pequeño de piel pecosa se refugió bajo un árbol a las orillas del bosque y lloró a gritos al cielo llamando a su padre, suplicando que no lo dejara solo, ni a él ni a su madre.

El niño ojirubí nunca había visto sufrir tanto a Izuku, soltó el paraguas por inercia y corrió a abrazar al niño que se ahogaba en lágrimas, el pequeño trató de protegerse en él - Kacchan... - su voz temblorosa entre el llanto - Prométeme... que tú no me dejarás solo... - llora incesante entre palabras entre cortadas, sólo tenía a Katsuki, sólo a él - Yo... nunca te dejaré solo Deku... ¡¡lo juro!! - esas palabras hicieron calmar un poco el llanto, que extrañamente se fue apagando, el pequeño había quedado inconsciente.

¿Deku? - pregunta al separarse - ¿Oye nerd? - notó que el pequeño de cabellos mojados gimoteaba, estaba ardiendo en fiebre - !!Deku respóndeme!! - comenzó a preocuparse - ¡¡Tú debes prometerme que no te irás de mi lado!! - grito desesperado tratando de despertarlo con ojos acuosos - ¡¡Despierta!! - con voz quebrada estaba demasiado asustado.

Los gritos del niño cenizo lograron ser escuchados por los criados que los llevaban buscando durante un tiempo, de inmediato los llevaron a la mansión donde Izuku fue tratado con los mejores doctores de la ciudad.

Diagnosticaron neumonía temprana que pudieron controlar; sin embargo debía tomar medicación por el resto de su vida; su madre estuvo muy preocupada y no dejaba de sentirse culpable, pudo haber perdido a su hijo y ella no estuvo ahí para él, prometiéndose a si misma no volver a descuidar a su pequeño nunca más.

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Hola a todxs espero que esten bien, justo el día de ayer llovió y me he inspirado, tengo muchas ideas para lo que se aproxima ✨✨✨

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¿Cómo les pareció el capítuo de hoy?

Creo que poco a poco resolveremos este gran enigma del pasado, me iré a llorar 😭💔

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