Chapter 11: XI. Perdido

Mi alfa es un lobo [Katsudeku] [Omegaverse]Words: 8804

Desde la ventanilla del avión se podía ya ver Viena, la vista era hermosa desde las nubes que dejaban asomar al sol en el cielo, el avión se preparaba para descender luego de casi doce horas de vuelo que había atravesado 9176.41 kilómetros.

El joven pecoso de chaqueta gris había quedado dormido en el viaje, no pudo resistir más cayendo en un sueño profundo; en eso se da el anunció de aterrizaje logrando despertarlo.

La diferencia de 7 horas eran confusas, al llegar a tierra firme el pequeño tomó su violín para bajar del avión, el clima era extraño siendo las dos y media de la tarde ahora todo parecía nublarse, observó como todas las personas se movían cada una con distintas motivaciones, algunos llegaban a casa, otros estaban allí por viaje de trabajo.

Recogió sus maletas luego presentó sus papeles, permaneció perdido en las letras, como si le recordaran que estaba en Austria, era demasiado lejos; una ansiedad se presentaba en su corazón, con sus documentos completos trataba de convencerse que no había vuelta atrás.

Camino por el aeropuerto, se sentía solo entre tanta gente; de su bolsillo sacó algunas pastillas con nerviosismo y las tomó, creyendo que podría sentirse mejor con ellas, decidió sentarse en una banca con vista al gran vidrio que dejaba ver los despegues de los aviones con destinos distintos.

Lágrimas cayeron mojando sus documentos; sentía intranquilidad, se sintió tan solo, tan perdido en un país totalmente desconocido, con personas nunca antes vistas, con lugares jamás visitados y un idioma que aún le costaba entender.

Lo que más le pesaba en el corazón era todo que en su cabeza rodeaba una y otra vez todo lo que recordara a su alfa, lo efímero que fue todo y como ahora le destrozaba el corazón de una forma despiadada como si perdiera lo eterno que pareció.

No sabía si realmente todo se trató de un engaño, sentía como todo era mentira trataba de buscar algo tangible, por lo menos lo que dijo sentir - ¿era real? - cada palabra que lograba recordar eran tan profundas que no podía olvidar aunque se suplicara a sí mismo olvidarlas.

Sintió como su garganta dolía porque él si pudo sentir por primera vez amor de verdad aquel de que ya no podía librarse, estaba seguro que era su destinado pero no lograba entender todo lo que ocurrió, sabía que había entregado todo a alguien que probablemente nunca existió.

Creía odiarse por torturarse con cada pensamiento que llegara a la misma conclusión.

Sabía que estaba completamente perdido en aquel país, sin él, sin nadie; tomó su nebulizador y nuevamente lo presionó, suspiró buscando recuperar aire tratando de apagar todo el fuego que había dentro de él extinguiendo sus esperanzas, limpio sus lágrimas con discreción tratando de reunir todas las fuerzas para salir del aeropuerto, sabía que debía continuar su camino sabiendo que en algún momento volvería a quebrarse una y otra vez.

Tomó un taxi que lo dirigiera al gran Conservatorio de Viena donde pasaría los siguientes años de su vida siguiendo su sueño, su mirada traspasaba las ventanas y el parabrisas, a través de ellas descubrió un nuevo mundo fuera; la arquitectura y todo era completamente nuevo para él, abrió la ventana presionando el botón de la puerta, el estilo contemporáneo y más moderno se presentaba en lo cercano al aeropuerto, era emocionante, tal y como lo había soñado alguna vez, el como sería llegar a Viena.

Mientras más se acercaba al centro de la ciudad se mostraban a lo lejos distintas estructuras quizá de épocas barrocas algunas de estilo gótico captaron su total atención causando que su corazón se acelerara inexplicablemente.

Pudo tener una sensación extraña en él, tuvo una despersonalización en forma de impulso a ir allí, era la primera vez que sentía aquello, pero el taxi fue a un óvalo desviando su camino del centro de la ciudad, las calles contenían más de esas épocas antiguas, se sintió aturdido por lo que veía y sentía, el silencio fue interrumpido por la parada.

- Hemos llegado jovencito - dice el taxista un poco mayor - ¿Joven? - vuelve a preguntar mientras mira el espejo retrovisor encontrando al pequeño pecoso que lloraba sin ninguna razón mirando al vacío de sus manos buscando explicación a lo que sentía.

20 de septiembre de 1876

La mansión estaba remodelándose por la temporada de otoño, el niño de suaves cabellos verdes sólo vestía atuendos grises de luto, en un salón de la casa como todos los días estaba sentado recibiendo las lecciones matutinas de Álgebra, Ciencias naturales, Literatura, Música, Artes, Idiomas y muchísimas más a sus cortos siete años.

Pasaba la mayor parte del día encerrado en aquel salón donde lo visitaban sus profesores particulares que eran los mejores de la ciudad, el olor a pintura y a cera llenaban la casa.

Cuando por fin acabaron sus clases matutinas, se despidió respetuosamente de su profesor para luego salir del salón a toda velocidad hacia donde su mejor amigo.

Pasó por los pasillos pero no pudo encontrar a nadie, sus pies caminaron algo confundidos, sólo estaban sus sirvientes cambiando tapices de las paredes por unos un poco más serios que los anteriores.

El pequeño sólo pasaba con curiosidad hasta chocar accidentalmente con la puerta del despacho de su padre, aquella puerta siempre permanecía cerrada y no tenía permitido entrar, miró a todas partes para percatarse si alguien lo vería; dudoso continuó a entrar, estuvo rodeado de muchísimos más libros.

Caminó despacio tratando de ver todo con sus ojitos verdes, pasó el tacto de sus manos por los estantes llenos de libros lo dirigieron al gran escritorio cubierto de papeles entre ellos un retrato de su familia, aquello lo hizo sonreír y suspirar al mismo tiempo, extrañaba mucho a su padre y odiaba oír llorar a su madre todas las noches; pequeñas lágrimas se asomaban es sus hermosos ojos.

Fue cuando escuchó algo afuera de la casa secó sus lágrimas para luego inclinarse a la ventana asomándose observó al niño cenizo correr hacia la puerta de entrada, retrocedió para ir con prisa alegremente y por un descuido hizo que cayera la lámpara al piso rompiéndose en mil pedazos, trato de inmediato recogerla pero obtuvo un corte en las yemas de sus dedos - Ouch - gimió bajo mientras la sangre se presentaba con lentitud, debajo del escritorio notó como en una rendija estratégica una carta de cubierta roja, se trataba de una carta del Imperio Austriaco hacia su padre, no pudo con su curiosidad optando abrirla y comenzó a leerla.

"Es grato dirigirme a usted señor Midoriya, tengo la intención de informarle que nos encontramos muy preocupados, nos estamos enfrentando con algo totalmente desconocido, los asesinatos siguen incrementando y las muertes se han vuelto algo incontrolable en la capital, no sabremos hasta cuando podremos ocultar esta situación. De urgencia requerimos su presencia en el Palacio de Schönbrunn para lograr obtener la mayor información posible que posea sobre..."

Escuchó cómo su corazón se aceleraba en sí mismo, todo esto tenía que tener algún tipo de relación con la muerte de su padre, su sangre comenzó a escurrir y una gota de su sangre cayó en la última palabra "ellos" entre comillas impregnándose junto a la tinta.

Al desenfocar su vista logró ver los papeles del escritorio con muestras específicas de los asesinatos y los estudios de su padre sobre criaturas demoniacas, sintió como el miedo recorrió su espalda, sus manos comenzaron a temblar y a su mente llegaron terribles escenarios cada palabra era específica, en ello empieza a oír pasos.

- ¿Oyeron algo? - pregunta la ama de llaves a los sirvientes, había parecido oír caer algo del segundo piso.

El pequeño niño de nerviosismo salió corriendo del despacho de su padre con la carta en manos, no miró por dónde iba tropezándose al final en una encrucijada.

- ¿Dónde rayos estabas nerd? te... est... - dice el niño de ojos color rojo que de inmediato ve a Izuku completamente asustado temblando de miedo con los ojos húmedos.

- ¿Qué pasó Izuku? - preguntó con suma preocupación pero sólo fue respondido con un abrazo, el pequeño pecoso buscaba apoyo en el cenizo mientras caía en llanto, el niño que acababa de llegar notó cómo los dedos del peliverde estaban ensangrentados junto a una carta.

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Hola a todxs aquí el capítulo 11 con mucho entusiasmo y estudio del lugar y los cambios de horarios de los países.

Espero que les haya gustado el capitulo de hoy agradezco todo su apoyo de todo corazón ❤

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