CapÃtulo 241
Natalie frunció el ceño confundida, No, mi casa está en BahÃa de los Olmos. ¡Voy a volver a
BahÃa de los Olmos!
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-¡Es la casa de Bryan, y no tiene nada que ver contigo!
Leonardo se enteró de que Bryan habÃa estado filmando últimamente y no estaba en el chalet, de lo contrario no la habrÃa dejado quedarse ahÃ.
-No⦠¡Es mi casa! No quiero volver a El Palomar, jese lugar frÃo no es mi casa!
Mientras decÃa esto, parecÃa resignada y sus ojos se enrojecÃan.
Leonardo nunca la vio tan vulnerable y le susurró persuasivo: -¿Por qué dices que El Palomar no es tu casa? Viviste allà tres años.
-Tres años ¿Y qué? No será mi casa auqnue vivo treinta años, y Leonardo y yo estamos divorciados.
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Leonardo apretó los dientes y dijo con voz frÃa: ¡No lo pienses! ¡No me divorciaré de ti en la vida!
Después de que dijo él, Natalie le dio una bofetada en la cara.
-¿De dónde viene un mosquito que habla tan detestablemente? ¡Aléjate de mÃ!
Leonardo: -â¦
Natalie se acurrucó junto a la puerta del coche, lo miró con los ojos entrecerrados y dijo: â Tengo que
decir que eres un mosquito muy guapo, pero un poco pesado.
-¡Natalie!
¿Cómo se atreve a decir esto?>>
El rostro de Leonardo era adusto, y un aura gélida irradiaba a su alrededor.
Natalie se sobresaltó, -¿Qué está pasando? ¿El gran mosquito ha mutado? ¿Por qué puede hablar? ¡Y sabe mi nombre! Tú⦠No te acerques más. ¡Sé Taekwondo!
Viendo a Natalie agitando las manos, Leonardo se arrepintió de haberla traÃdo por impulso, deberÃa haber dejado que Emiliano la mandara a casa.
La cabeza de Natalie chocó la ventana de cristal con un ruido sordo.
-¡Qué dolor!
Al ver que se le contráÃa toda la cara, Leonardo la estrechó entre sus brazos y se acercó a ella para acariciarle la frente.
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Natalie intentó forcejear, pero al final no pudo hacerlo y se quedó tumbada.
Se sentÃa como si hubiera tenido un sueño en el que un mosquito mutado no dejaba de picarla, y intentaba escapar, pero no podÃa huir del gran mosquito.
Al final, la cara del mosquito se transformó en la de Leonardo, y la miró con desprecio, diciendo: -¡Voy a hacer que des a luz a un montón de mosquitos pequeños para mÃ!
Natalie se despertó sobresaltada.
¡Ah!
Se levantó bruscamente y se encontró en el chalet de El Palomar, se quedó paralizada un momento y poco a poco recuperó el conocimiento.
Recordó a Tina y a ella bebiendo en la tienda de hotpot y a las dos borrachas después de dos copas. No recordaba cómo habÃa llegado hasta aquÃ.
Mientras rememoraba, oyó un chorro de agua procedente del cuarto de baño, frunció el ceño y, al intentar mover el edredón y salir de la cama, se dio cuenta de que estaba desnuda.
La ropa y el traje del hombre estaban esparcidos por el suelo, e incluso vio su braga y la ropa interior negra del hombre.
Estaba sorprendida e incrédula por haber tenido una aventura de borracha con un desconocido.
En el momento en que se esforzaba por admitir este hecho, la puerta del baño se abrió de repente.
Ella se giró apresuradamente y le dio la espalda a la persona que salió del baño, fingiendo estar tranquila y dijo: -Vete tú. Ahora voy a descansar, quedamos otro dÃa.
La mano de Leonardo frotándose el pelo se detuvo, su gélida mirada se clavó inconscientemente en la figura de Natalie, que estaba de espaldas a él.
-¡Natalie, repite eso!
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