Los soplidos en mi nuca son mi punto débil.
â ¡Niño desgraciado! âgrité y tú sólo te fuiste alejando mientras reÃas.
â ¿No vas a cobrar venganza? âalzaste las cejas.
â No estoy para tus estupideces, J-
No sé en qué momento me distraje para no percatarme que retrocedÃas y te entrometÃas entre el espacio de mi cuello y hombro, sujetándome en tus brazos por la espalda. Tu aroma se volvió un factor que pudo alterarme y relajarme al mismo tiempo.
Como un capuchino de emociones, amargamente dulce.
â Es suficiente, J-
â Sh, un rato más...
« Latidos tontos. Latidos insoportables. Latidos antiguos. Latidos renovables.
Latidos que son capaces que recorrer un prado lleno de flores regadas por la misma lluvia. Latidos que son capaces que abrigarse a causa de un suéter. Espero que usted no sea lluvia, ni mucho menos volver a ser suéter »