CapÃtulo 188
-¡Pum!
En el 3002, Nerea entró corriendo a su casa, tropezando y chocando antes de cerrar la puerta con fuerza detrás de ella.
Estaba roja como un tomate, jadeando como si hubiera corrido un maratón, con las manos temblorosas sujetando una bolsa de papas fritas, como si acabara de recibir una descarga eléctrica.
Lo que habÃa hechoâ¦
¡Queria matarse!
¿Cómo iba a enfrentarse a él después de esto, especialmente después de haber huido sin saber qué hacer ni qué decir?
¿Deberia volver y explicarse?
Pero, ¿no serÃa aún más incómodo volver ahora? Además, ¿cómo explicar que sus papas fritas se habÃan caldo sobre sus pantalones y que al intentar recogerlas habia parecido otra cosa? ¿Le creeria?
¡Ay, ay, ay! ¡Estaba acabada!
Nerea se lanzó sobre su cama, mordiendo el borde de la manta en un gesto de total desolación. Sus manos estaban âsuciasâ, su reputación estaba âsucia. ¡Roman la marcaria para siempre como una rufiana sin escapatoria!
En el set de Llega La Reina en los suburbios,
-Dafne, después de todo esto, ¿todavÃa niegas que has traicionado a la organización? ¿Necesito marcarte con este hierro caliente para que hables?
-Yoâ¦
Su coprotagonista se acercaba con unas tenazas sujetando un hierro rojo vivo, amenazándola. Nereal estaba a punto de responder su linea cuando la vista del hierro caliente, chisporroteando, le trajo recuerdos de un sueño que habÃa tenido la noche anterior.
Soño que estaba atada en una herreria sin razón aparente, y el secuestrador le señalaba un hierro ardiente en el fuego, diciéndole que lo puliera con las manos. ¿Cómo iba a hacerlo sin quemarse? Se nego, pero el secuestrador la urgÃa con gritos malévoles, burlándose de ella, -¿No te gusta? Entonces te dejaré sentirloâ¦.
De repente, se dio cuenta de que el secuestrador en su sueño era⦠¡Roman!
-Yoâ¦
-¡Corte!- grito Tomás, señalando a un miembro del equipo que habÃa entrado accidentalmente en la toma. ¡Demasiado cerca, se ve en cámara!
-Lo siento, directorâ¦
-Está bien, por hoy dejémoslo aqui, ¡todos a descansar!
Nerea suspiro aliviada, pero justo entonces se enfrentó a otro dilema: ¿debÃa ir a ver a Roman o no?
Si no iba, no sabrÃa si su fiebre habÃa bajado o si tomará la medicación a tiempo,
HabÃa prometido cuidar de él hasta que se recuperara Si se iba ahora, ¿parecerÃa que tiene algo de qué avergonzarse? ¿Confirmaria eso la acusación de haber actuado indebidamente la noche anterior?
Pero, ¿cómo podria enfrentarlo después de lo que habÃa pasado?
Mientras debatia qué hacer, una voz familiar la llamó desde fuera del set, -¡Nere!
Levantó la vista, -TÃo, ¿qué haces aquÃ?
-¿Qué crees?
Gerard se acercó y le dio un golpecito en la cabeza,-Tú y tus distracciones. ¿Ni siquiera recuerdas que hoy es el cumpleaños de Miguel?
-¡Ah cierto!
Nerea palideció, -¡Estoy en problemas! ¡No tengo un regalo para él, me va a matar!
-No te preocupes, tu tÃo ya se encargó de eso.- Gerard levantó una caja de regalo, -Una Dreamcast, la última consola de juegos que Miguel ha estado pidiendo. Es tan nueva que ni siquiera ha salido al mercado.
-¡Eres el mejor, tio! Gracias.
-Ya, basta de charlas, sube al auto que la fiesta está a punto de empezar.
Nerea se metió en el auto, pensando frenéticamente en su próximo movimiento.
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