Chapter Capítulo 153
La Novia Equivocada Novela de Day Torres
ATRACCION PELIGROSA. CAPÃTULO 2. ¿Crees que ella es estúpida?
Comencemos por lo que de verdad nos interesa: ese pedazo de cosa sexy que era Aaron Orlenko. 1 Gemelo, protector hasta el infinito, adoptado junto a su hermano a los doce años por la familia más hermosa y más dura que habÃa en Ucrania. Adoraba a sus padres y a sus cuatro hermanos, y ellos lo habÃan comprendido desde que habÃan llegado a su vida. Aaron tenÃa un exceso de energÃa que canalizar y lo habÃa hecho en las jaulas clandestinas.
Era un peleador nato, habÃa empezado siendo entrenado por uno de sus tÃos, luego habÃa pasado a las manos de entrenadores más sangrientos, pero excepcionales. Su vida no se resumÃa a pelear, pero lo disfrutaba.
Fuera de eso, la adultez lo habÃa recibido siendo un muchacho maduro, entrenado y nervios de acero. Entonces su abuela, Katerina Orlenko, le habÃa dicho lo mismo que a todos sus hijos, que debÃa salir a buscar su lugar en el mundo. 1 con Para Aaron eso era simple, porque la acción era lo suyo, asà que con el dinero de las apuestas de las peleas más cierto patrimonio que sus padres habÃan hecho para él, habÃa fundado Aztra Security, una compañÃa élite de seguridad que su hermano gemelo le ayudaba a dirigir desde casa para que él no tuviera que encerrarse en una oficina, porque eso sà lo odiaba.
Sin embargo cuando se tropezaba con clientes como Austin Carter, su primer instinto era patearlos, y eso era malo para el negocio. HabÃa pensado mandarlo al diablo apenas regresaran, pero eso habÃa cambiado en el mismo segundo en que Nahia King habÃa devuelto aquel cuchillo a la funda de su pecho.
Su primer instinto le decÃa que era una loca, pero eso no era cierto. Ella no habÃa hecho una escena ni se habÃa puesto desquiciada, solo habÃa sido muy amable y cuidadosa con un anciano... antes de acuchillar salvajemente un auto de doscientos mil dólares. Entonces no era una loca, solo era una chica explosiva. 2 Después de eso Aaron habÃa metido al señorito Carter en un taxi y lo habÃa llevado a su casa.
-No puedes decir que no te lo buscaste. Tu padre no va a estar nada feliz -le advirtió. -¡Ah! Ella no va a hacer nada. Nahia tiene dinero de sobra, los King son la familia más poderosa de esta ciudad, comprar uno exactamente igual no será un problema para ella bufó Austin con molestia, pero tres horas después los gritos de su padre desmintieron esa ilusa.creencia.
Jeff Carter tiró aquella factura frente a él y lo increpó incluso antes de saludarlo.
-i¿Qué demonios es esto, Austin?! -le gritó-. ¿Por qué tengo una factura por un Maserati de doscientos veinte mil dólares de parte de la familia King? ¿¡Tuviste un accidente!?
Aaron se aguantó la risa al ver cómo Austin se ponÃa colorado de la rabia.
-¡Claro que no! ¡Yo no le hice nada al coche! ¡Ella misma lo rompió y está tratando de cargármelo! -gritó Austin furioso.
Jeff lo miró como si no pudiera confiar en su palabra y miró a Aaron, que estaba en la puerta con las manos a la espalda.
-Señor Orlenko, ¿puede decirme qué pasó? -preguntó y a su hijo casi le salió humo por las orejas.
-¡Maldita sea, papá! ¡Ya te lo dije! -exclamó- ¿Por qué tienes que preguntarle a él, le crees más que a m�
El silencio de Jeff Carter era respuesta más que suficiente, pero Aaron sabÃa que lo hacÃa porque no querÃa opiniones sino hechos.
-Austin venÃa conduciendo el Maserati desde el aeropuerto, yo iba a su lado, la señorita King detrás. La señorita King y yo le pedimos varias veces que bajara la velocidad porque iba demasiado rápido pero no quiso escucharnos -dijo sin una sola gota de emoción en la voz-. Tuve que accionar el freno de mano para evitar que atropellara a un anciano, y luego de eso la señorita King insistió en que se bajara del auto. Austin amenazó con dejarla tirada allÃ, ya que él tenÃa las llaves del coche, y entonces la señorita King acuchillo el panel frontal hasta dejarlo inservible. No soy de presuponer, pero imagino que lo hizo para evitar que Austin realmente llegara a atropellar a una persona con su auto.
Jeff Carter se puso pálido como la cera al oÃr esas palabras y se sentó pesadamente en su silla ejecutiva mirando a su hijo.
-¿¡Casi atropellas a una persona!? -gritó furioso-. ¿Y dices que ella está tratando de cargártelo? ¡Como si no alcanzara quiénes son, ahora tengo que besar el suelo por donde pisan por salvar al inútil de mi hijo de la cárcel! -Jeff Carter se mesó los cabellos con impotencia-. ¡Ya me hartaste la paciencia, Austin! Cuando estabas aquà no rompÃas un plato, pero tampoco movÃas un dedo. Te mandé a conocer las sucursales a ver si te despabilabas y resulta que te despabilaste para todo menos para los negocios!
-¡Eso no es cierto! -bufó Austin y miró a Aaron con odio al creer que él le habÃa ido con el chisme a su padre.
-¡No lo mires que él no me dijo nada! -exclamó Jeff-. ¡Fueron los mismos gerentes de los hoteles los que me lo dijeron!
Llegaban borracho a las reuniones, te quedaste dormido en la mitad de ellas y no resolviste ni un solo problema en los hoteles!
-Tú me mandaste a conocerlos, no sabÃa que también tenÃa que resolver lo que tus gerentes no pueden manejar. Si es asà por qué contratas gerentes tan inútiles.
-¡Porque si no lo fueran serÃan los malditos dueños, imbécil! -le gritó su padre rojo de ira ¡Ya fue suficiente! ¡No voy a pasarte la dirección del conglomerado! ¡Haz lo que te dé la gana con tu vida, pero mi imperio lo va a dirigir tu hermano! -sentenció.
Aaron se quedó petrificado al ver la cara de espanto y de rabia de Austin.
-¡Mi hermano es diez años menor que yo!
-¡Pues tendrá que aprender rápido, porque todo lo que tengo será para él! -gruñó Jeff.
Lo que siguió fueron gritos, improperios, maldiciones, cosas rotas y Austin encerrándose en su habitación con un berrinche, pero no podÃa reclamar nada más. SabÃa por experiencia que cuando su padre se ponÃa asÃ, no habÃa forma de hacerlo dar un paso atrás.
Desde afuera Aaron escuchó la forma en que destrozaba su habitación, quizás por eso le sorprendió tanto que una hora después saliera y le entregara una de sus tarjetas.
-Necesito un regalo de disculpa para Nahia. Ve a comprar cualquier cosa que te parezca tierna -dijo Austin y Aaron entrecerró los ojos.
-¿Te parece que soy tu mandadero?
-¡Pues alguien tiene que ir y yo no puedo! ¡Manda a Sibar entonces! ¡Y luego que se lo lleve a su casa! -espetó el chiquillo y Aaron apretó los dientes, pero las dos palabras â Nahiaâ y âcasaâ lo habÃan convencido.
Tomó la tarjeta y se largó de allà fingiendo todo el mal humor que no sentÃa. Por suerte para él, Aaron era un experto en ayudar a su padre en comprar regalos para su madre, asà que tenÃa experiencia en una chica con temperamento explosivo. 2 Pasó por una joyerÃa en el centro de la ciudad y no tardó mucho en encontrar lo que querÃa: una pulsera de oro blanco a la que fue engarzándole dijes poco a poco.
Se la pusieron en una cajita rosa y no usó la tarjeta de Austin para comprarla sino que la pagó él mismo.
Salió de allà para dirigirse a la mansión King, y en la puerta solo tuvo que dar su nombre y preguntar por Nahia. Enseguida lo dejaron pasar y lo trataron con mucha amabilidad.
Aaron sintió un pequeño salto en el estómago cuando la vio en el jardÃn, jugando con un perro y una niña. Nahia corrió hacia él y le extendió la mano hasta que se dio cuenta de que estaba sucia de tierra.
-¡Ay, lo siento...! -murmuró retirándola pero Aaron la tomó de prisa.
-¡No importa! -dijo él con una sonrisa-. La tierra jamás ha matado a nadie. ¡Debiste cómo me ponÃa yo de chico!
Nahia le sonrió con sinceridad y de repente vio un brillo extraño en aquellos ojos, uno que la hizo pasar saliva con nerviosismo.
-Este... ¿qué haces aqu� ¿Tuviste algún problema por mi causa? -preguntó preocupada.
-¡No!... No, solo vine a traerte esto. Es... una disculpa -dijo Aaron y a Nahia se le fue una mueca.
Realmente no estaba para disculpas, estaba muy molesta con Austin, no lo habÃa visto en seis meses y el primer dÃa, la primera hora que se veÃan pasaba aquello. No estaba muy animada a perdonarlo, pero en cuanto abrió la caja y vio aquella pulsera sintió que se enternecÃa. Era la única cosa que su novio le habÃa comprado que no era absurdamente costosa.
-Esto es realmente lindo... -murmuró mirando los dijes de autos, avioncitos, trenes, barcos-. A mà me encanta viajar. -Nahia exhaló un suspiro cansado y se apoyó en la baranda de la terraza-. Te confieso que estaba lista para mandarlo a volar, pero este es un lindo detalle. Se nota que me conoce mucho.
Aaron frunció el ceño involuntariamente.
â¡Joder! ¿Le acabo de salvar la relación al imbécil? ¿No le podÃa haber comprado algo feo?
â, rezongó mentalmente, pero cuando levantó la vista ella lo estaba observando con curiosidad.
Sin embargo antes de que pudiera decir cualquier cosa, el teléfono de la muchachal empezó a sonar.
-Disculpame. Es Austin, tengo que responderle -dijo Nahia.
-¡SÃ...! ¡Sà claro! De cualquier forma ya me iba... este... me alegro de que te haya gustado la pulsera.
Aaron estrechó de nuevo su mano y sintió aquella perfecta corriente eléctrica que lo recorrÃa.
Ella se despidió con un gesto suave y caminó hasta el centro del jardÃn mientras hablaba con Austin.
âDe verdad lo siento, nena. Vengo muy presionado por todo lo que está pasando en los negocios familiares pero te juro que tú eres lo primero para mÃ, solo quiero que me perdonesâ, le dijo su novio.
Nahia se quedó en silencio por un momento.
-Está bien. La verdad es que tu regalo fue un muy lindo detalle. Me encantó el collar y ese diamante rosa es muy lindo -
murmuró. 1 â¡SabÃa que te encantarÃa!â, exclamó Austin con alivio. â¡Es perfecto para til ¿Verdad?â
-SÃ, es perfecto -replicó Nahia mientras observaba la pulsera en su muñeca. 2 âBueno, solo quiero invitarte a cenar esta noche, Nahia. Podemos cenar en mi departamento, yo cocinaré para ti y... podemos tener un lindo momento juntosâ.
Nahia respiró profundamente y luego asintió. Nunca habÃa querido ir al departamento de Jeff, pero ahora por una vez, iba a ceder.
-Está bienâdijo-. Te veo ahà a las ocho.
Por su parte Aaron casi habÃa salido corriendo de la mansión King mientras se preguntaba una y otra vez qué le pasaba con la chiquilla. Era hermosa, sÃ. Era temperamental, también. Pero habÃa algo más en ella que lo hacÃa sonreÃr sin saber por qué.
Por desgracia esa sonrisa desapareció en cuanto estuvo de regreso en la residencia Carter y vio a Austin ordenando a diestra y siniestra en la cocina.
-¿Qué es lo que pasa? -preguntó.
-Necesito que me hagan una cena completa y urgente y que la lleven a mi departamento -dijo sin mirar a su guardaespaldas.
Esta noche tengo una cita importante.
Aaron se tensó apenas escuchó aquello.
-¿Una cita...? ¿Con tu novia? -preguntó y Austin se giró hacia él con el rencor retratado en los ojos.
-Déjame ponértelo en palabras simples que un hombre simple como tú pueda entender â siseó-. Por su culpa y la tuya estoy desheredado. Contigo no puedo desquitarme, al menos no todavÃa...
-¿Y vas a hacerlo con ella? -gruñó Aaron con visible molestia.
-Nooooooo... no, porque gracias a mi padre, o mejor dicho, a la falta de dinero de mi padre, Nahia King es mi último recurso.
¿Sabes qué quiere decir eso?
Aaron frunció el ceño porque la verdad era que no, no sabÃa porque él jamás habÃa usado a ninguna mujer como último recurso.
-No, no lo sé -siseó.
-Significa que si quiero mantener cierto estatus necesito que siga siendo mi novia y un poco más. 1 -Quieres que te mantenga -entendió Aaron-. ¿Crees que ella es estúpida?
-Bueno... te diré qué creo que es â sonrió Austin con malicia-. Creo que es tierna, dulce, amable y... virgen. -Aaron sintió que sus nudillos reventarÃan de tanto apretar los puños mientras Austin le revelaba la parte más macabra de su plan-. Y las vÃrgenes, amigo mÃo, tienen una forma extraña de aferrarse a su primer hombre.