CapÃtulo 6
Bajó de la planta superior y vio a asistente Pablo Santos en la sala, con el móvil en la mano, sin saber con quién estaba charlando.
Se acercó y echó un vistazo preguntando: â¿Santos, Estás tan ocupado?â Pablo detuvo inmediatamente lo que estaba haciendo y preguntó con preocupación: âPresidente Castro, ¿la secretaria de la Vega está muy enferma? ¿DeberÃamos ir al hospital a verla?â Enzo, desconcertado, preguntó: â¿Ella te lo dijo?â
âSÃ, justo ahora me pidió una semana de vacaciones. Estaba pensando, ¿por qué no se lo dice directamente a usted? ¿Para qué pasar por mà y seguir el procedimiento normal?â
Enzo, con una mirada grave, preguntó: â¿Ya lo aprobaste?â
âAcabo de aprobarlo. Usted le dijo a la secretaria de la Vega que se tomara un buen descanso en casa, yo me encargaré de los asuntos de trabajo.â
Pablo pensó que su presidente seguramente elogiarÃa su eficiencia en el trabajo. Pero lo que no esperaba era escuchar una voz frÃa diciendo: âTe descontaré el bono trimestral.â
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Ainhoa, debido a una gran pérdida de sangre durante una operación, se tomó una semana de vacaciones antes de volver al trabajo. Al llegar a la oficina, escuchó a sus compañeros decir que habÃan tenido una semana muy dura. Trabajaban hasta tarde todos los dÃas. Al asistente Pablo se le descontó un bono trimestral de varios miles de euros por haberle aprobado una semana de vacaciones. Ainhoa sabÃa que ese dinero era el ahorro de la esposa de Pablo, que se habÃa esfumado por ella. Después de hablar brevemente con sus colegas sobre asuntos de trabajo, tocó la puerta de la oficina del presidente. Al entrar vio a Enzo sentado frente a su escritorio, vestido con un traje negro elegante. El hombre tenÃa un semblante frÃo y cansado, con facciones distinguidas y ojos profundos que desprendÃan una indiferencia desinteresada. Su aura era frÃa y distante. Su expresión era neutra y su mirada se posó en Ainhoa por unos segundos y luego volvió a bajar la cabeza para seguir trabajando. Volver a verlo y negar que le dolÃa serÃa mentir.
HacÃa siete años, fue precisamente un hombre frÃo y apuesto como él quien la atrajo, lo que la hizo llegar a su lado sin pensar en las consecuencias. Pero ella no esperaba que su afecto de tantos años fuera tratado por Enzo como un juego sin sentimientos.
Ainhoa hizo todo lo posible por ocultar las emociones en sus ojos y se acercó a Enzo con un tono puramente profesional: âPresidente Castro, según el reglamento de
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Capitulo 6
solicitud de vacaciones del grupo, para ausencias de menos de diez dÃas, la aprobación del supervisor directo es suficiente. Pablo es mi supervisor y no hay problema en que él apruebe mi solicitud de vacaciones. ¿Por qué se le descuenta su bono?â
Enzo levanto ligeramente los párpados, mientras sus hermosos ojos de melocotón la miraban fijamente. Luego, como si pudiera ver a través de sus pensamientos le dijo: â¿Y tú que dices?â
Su tono de voz subió llevaba ligeramente un toque de burla.
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El corazón de Ainhoa se apretó y le preguntó: â¿Es porque te molesta que te haya dejado? Si tienes problemas conmigo, enfocate en mi, no perjudiques a los demás.
Enzo se rio con desden y le dijo: âSi quieres que no perjudique a los demás, también se puede. Vuelve a casa y vivimos juntos de nuevo, y te perdonaré todo.â
En la cara de Ainhoa apareció una amargura indescriptible y le entregó a Enzo la carta de renuncia que ya habÃa preparado diciendo: âPresidente Castro, no solo no volveré a vivir contigo, sino que también voy a solicitar mi renuncia inmediata. Aquà tienes mi carta de renuncia, espero que encuentres a alguien para que tome mi lugar lo antes posible.â
Enzo miró la carta de renuncia que Ainhoa le extendÃa, con las yemas de los dedos sujetando un boligrafo pálido y frÃo. Esos profundos ojos seguÃan fijos en Ainhoal mientras la retaba y preguntaba: â¿Y si no lo apruebo?â
Ainhoa esbozó una sonrisa atractiva en sus labios y dijo: âPresidente Castro, fuiste tú quien dijo que cuando te cansaras, nos separarÃamos. Si no me dejas ir, podrÃa pensar que no te lo tomas bien.â
Al oir eso, Enzo se levantó inmediatamente de la silla y se acercó a Ainhoa. Agarró su barbilla con una mano, mientras sus dedos rozaban suave y continuamente su rostro pálido. Su voz llevaba un tono de presión poderoso: âAinhoa, no es que no pueda soportarlo, es que aún no, he, tenido, suficiente!â
CapÃtulo 7
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