El maestro Azai se echó a reir: â¿Qué pasa, me estás diciendo que ya estoy viejo?â
es eso, es solo que no estoy acostumbrada a verlo asÃ, en mi mente usted sigue siendo joven y guapo.â Contestó Ainhoa.
El maestro jaraneando le dijo: âCon más de sesenta años, ya no hay de dónde sacar lo guapo, pero tú, qué te veo tar afligida? Iker me contó que has tenido dificultades, asi que decidi venir a verte.â
Las lágrimas que Ainhoa tenÃa en los ojos finalmente se desbordaron. HacÃa tres años que no visitaba al maestro, pero en cuanto él se enteró de que ella tenÃa problemas, vino en persona a verla. No sabÃa cómo podrÃa devolverle tal favor.
Ainhoa, avergonzada, bajó la cabeza y dijo: âHe sido yo quien ha fallado, preocupando al maestro.â
Los tres disfrutaron de una larga y alegre charla después de tanto tiempo sin verse. De momento, el móvil del maestro Azai comenzó a sonar, y él, con una sonrisa, respondió a la llamada diciendo:
âPequeño travieso.â
El hombre del otro lado bromeó: âViejo, vienes Madrid y no me avisas, ¿qué, quieres hacerme quedar mal?â
El maestro Azai dio un sorbo de vino y contestó con una sonrisa: âSi ni siquiera me llamas tio abuelo y empiezas a discutir en cuanto nos vemos, ¿para que iba a decirte? ¿Acaso no es mejor ver a mi querida discipula?â
â¿Dónde están? Voy para allá.â Dijo la otra voz por el teléfono.
El anciano le contestó: âEn El Palacio de Cibeles, habitación 808, y recuerda traerme una caja de pastel de mousse de la pasteleria La Duquesita.
Después de colgar, el maestro Azal le hizo un gesto encanta, ya le pedi a alguien que te lo comprara.â
a Ainhoa señalando su barbilla; âEse pastel que te
Ainhoa no le prestó mucha atención; solo lo consideró un gesto amable del maestro Azai. Media hora más tarde, la puerta del salón privado se abrió. Enzo entró con una caja de pastel de mousse en la mano. El hombre tenÃa un semblante indiferente y solo se detuvo en Ainhoa por un instante antes de apartar la vista, sin rastro de emoción en sus ojos.
Camino con largas piernas hacia el maestro Azai y dijo con voz grave: âA tu edad todavÃa te gustan los dulces, ¿no temes la diabetes?â
El maestro Azai tomó caja de pastel de sus manos y le lanzó una mirada severa diciendo: â¿Acaso no puedo ofrecer un regalo?â
Puso el pastel frente a Ainhoa y le dijo sonriendo: âCome, niña, es tu favorito.â
Enzo miró a Ainhoa con indiferencia, Ella parecÃa no reconocerlo en absoluto. Desde que él entró, ella solo le habia dirigido una mirada distante.
Enzo no pudo evitar sonreir ligeramente y pregunto: â¿Y estos dos sonâ¦?â
Azai contestó: âSon mis dos discipulos más cercanos, esta ha estado en Australia durante tres años y se ha convertido en una abogada de oro, y esta fue la Reina de belleza reconocida de nuestra universidad cuando era estudiante. Si ella entrara en el mundo juridico, seguro que dominaria.â
Enzo asintió levemente, su voz tan serena como siempre: La Complutense realmente produce talentos, mi secretaria también se graduó de allÃ, ¿cómo se llamabaâ¦?â
Hizo pausa a propósito, lanzando una mirada casual hacia Ainhoa, querÃa ver su reacción; justo cuando estaba a punto de decir el nombre de Ainhoa, alguien le pellizcó el muslo. Una sonrisa fugaz aparecio en las de los labios de Enzo. Agarró la mano inquieta en la suya y jugueteó con ella
despreocupadamente.
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LUC 44
Su voz volvió un poco más ronca: âMe olvidé del nombre, pero en general también es bastante buena.â
El maestro Azai se rio orgulloso: âClaro que sÃ, nuestros estudiantes de Derecho, no importa dónde trabajen, siempre son de primera. Es una lástima por mi niña aquà presente, que eligió mal.â
Al oir eso, Ainhoa se tenso. Justo cuando estaba a punto de hablar, Enzo le agarró la muñeca con fuerza. El hombre escribió una palabra suavemente palma de su mano.
âTranquilaâ.
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