Ella se mordÃa el labio con fuerza, sus dedos apretaban el móvil, y con todas sus fuerzas soltó: â¡Enzo, eres cretino!â
Ainhoa estaba sudando frÃo del dolor. QuerÃa hacer una llamada de emergencia, pero sus dedos estaban demasiado débiles. Finalmente, todo se volvió oscuro y se desmayó. Cuando despertó de nuevo, ya estaba acostada en una cama de hospital. A su lado estaba sentada su mejor amiga, Leonor López. Al verla despertar, Leonor se levantó de inmediato y la miró con preocupación mientras le preguntaba: âAinhoa, ¿cómo estás? ¿TodavÃa te duele?â
Ainhoa la miró atónita y le respondió con una pregunta: â¿Qué me pasó?â
Leonor vaciló un momento antes de decir: âEstabas embarazada. Los médicos dijeron que ya tenÃas la pared del útero muy fina, y con las brusquedades de ese perro de Enzo, terminaste con una hemorragia por el aborto espontáneo.â
Ainhoa abrió los ojos, incrédula. Todo lo que podÃa pensar era âestaba embarazada, pero perdà al niñoâ. Ese era el hijo de ella y Enzo. Aunque no sabÃa a dónde llegarÃa con Enzo, ese habrÃa sido su primer hijo. Involuntariamente, Ainhoa apretó sus dedos y las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. Leonor, al ver su dolor, no pudo evitar abrazarla y consolarla suavemente mientras le decÃa: âAcabas de salir de la cirugÃa, no puedes llorar, escúchame, cuando te recuperes, te presentaré a un montón de chavales guapos para que le den su merecido a ese canallaâ.
âEse desgraciado de Enzo, casi te cuesta la vida y encima te pone los cuernos delante de tus narices, ¡qué mierda de persona!â
El corazón de Ainhoa dolÃa más que si mil flechas lo atravesaran. Con las manos frÃas, se abrazó a Leonor, siendo incapaz de hablar por el nudo en su garganta. Pensando en el niño que apenas habÃa llegado al mundo y en el hombre que habÃa amado durante siete años, no podÃa calmarse.
Después de un rato, Ainhoa finalmente habló: âLo visteâ.
Leonor asintió: âEstá en el cuarto piso con Irene. Cuando estabas en cirugÃa, intenté llamarlo con tu móvil para que viniera a firmar, pero ese canalla ni siquiera cogió el teléfonoâ.
Ainhoa cerró los ojos con dolor, pero aun asà le dijo: âDéjame verloâ. âAcabas de ser operada, no debes alterarteâ. Le recomendó su amiga. âHay cosas que necesito ver con mis propios ojos para poder decidirâ.
Leonor no pudo disuadirla y la llevó al cuarto piso. Ainhoa se quedó fuera de la puerta, viendo a Enzo hablar dulcemente para que Irene tomara su medicina. Esa mirada tiema y esa voz encantadora, hacÃa que Ainhoa le doliera en lo más profundo de su corazón. Pero cuando Ainhoa vio claramente la cara de Irene, que se parecÃa un poco a la suya, pareció entenderlo todo al instante. Ainhoa sonrió con tristeza. Se volvió hacia Leonor y dijo: âLlévame de vueltaâ.
La próxima vez que Ainhoa vio a Enzo fue dos dÃas después. Estaba acostada en la cama mirando a ese hombre que habÃa amado profundamente. Cuando finalmente llegó el momento de decidir, su corazón todavÃa dolla terriblemente.
Enzo, al ver que su rostro estaba pálido, preguntó con voz grave: â¿TodavÃa te duele después de dos dÃas?â
Pensaba que era su perÃodo, aunque siempre se le pasaba en un dia. Ainhoa, con los ojos calientes, reprimÃa sus emociones internas. Sin decir una palabra. Enzo se sentó al lado de la cama, con un semblante distante y atractivo. Tocó su frente con la palma de su mano, que se sentÃa cálida, y su voz se volvió un poco más ronca para luego decirle: âEl bolso que te gustaba la última vez, conseguà que alguien lo comprara. Está en el sofá afuera, levántate y mÃraloâ.
Ainhoa miraba a Enzo con una expresión impasible y luego lo despreció diciendo: âYa no me gustaâ.
â¿Qué tal si te cambio el auto, quieres un Ferrari o un Porsche?â
Al ver que Ainhoa no respondÃa, Enzo frunció ligeramente el ceño.
âEntonces, ¿qué quieres?â Dijo él quedándose impaciente. Probablemente en su mente, no habÃa nada que el dinero no pudiera resolver. Ainhoa apretaba fuertemente su pijama con las manos. Sus claros y brillantes ojos miraban fijamente a Enzo, mientras sus labios pálidos se abrÃan ligeramente.
â¡Quiero casarme contigo!â
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