Chapter 16 of 20

Ave nocturna y zorro de las nieves

Cuatro versos - ESPAÑOL1,116 words~6 min read

Saru

El príncipe apareció entre suspiros y algún que otro escarceo entre abanicos, con un caminar algo tenso, como si tuviese algo metido dónde uno no querría estando en público.

Era guapo, pensaba Saru, quien, por un momento, se había olvidado de la absurdez del plan de Firans, aunque se hubiese dejado llevar por su determinación.

Los pómulos del apuesto príncipe, cuyos rumores apuntaban hacia una vida de niño malcriado, enmarcaban una sonrisa falsa.

Una sonrisa tirante en ojos muertos. Saru había visto eso. Salvo que en cadáveres y en locos.

¿Qué le sucedería a su alteza?

El efecto desapareció en cuanto el muchacho de buenas piernas llegó al piano que se hallaba de espaldas a los asientos de los espectadores. Ahora sonreía de verdad, o al menos, la sonrisa que mostraba, se reflejaba en su mirada. Había cierta fiereza en este.

Una especie de desafío en la manera en que brillaban sus ojos.

Quizá era verdad lo que Firans le había dicho la noche anterior, con ambos sentados ante un fuego de leños ofrecidos por el muy hospitalario señor Aret. Saru también pensaba que debía vigilar esa sensación de constante alerta con la que convivía.

Relajarse un poco. Disfrutar de la situación.

Pensando en eso, y en los ojos azules del príncipe que se disponía a hablar a su público, Saru le sonrió a la señora que llevaba un buen rato mirando la fractura en su escudo, posado a sus pies.

Esta le devolvió una rápida sonrisa y pasó a cuchichear con la que tenía al lado, las dos con los sombreros alarmantemente juntos.

Gorath

Estúpida gente de las ciudades.

De estar todas aquellas cabecitas en el bosque y no entre muros y luces, morirían como los animales indefensos que eran. Tanta tela, tanto color, tanto ruido. Desde arriba y para un depredador, parecían trozos de pollo asado, cada uno coronado por una bandera muy colorida.

Gorath observaba desde un alto palco en la esquina de aquella gran sala de audiencias.

La sangre del cadáver a sus pies manchaba sus zapatos y las patas del recargado asiento, pero no le importaba. No eran suyos. Cuando terminase con ese caballero al finalizar lo que fuese que iba a comenzar en poco, se quedaría con sus botas.

The narrative has been taken without authorization; if you see it on Amazon, report the incident.

Y con sus pies.

Ahí estaba el chico que le había dado caza de un continente a otro. Era un simple muchacho que no llegaba ni a los treinta años. Ahora llevaba una capa azul a la espalda, como si se creyese el caballero de un cuento de hadas para niños tontos.

Iba acompañado de alguien a quien Gorath no reconoció a primera vista. Lo había hecho gracias al Sello de Sans, que recordaba su interacción con ella. La niña era realmente atractiva. De haberse dado cuenta en las montañas, antes de que apareciese el niñato, podría haber disfrutado de ella.

Pero tocaba esperar. Como un ave nocturna, Gorath esperaría a su presa, y cuando esta se separase del rebaño principal para realizar lo que fuese que había llevado a una paleta de las montañas y a un engreído con escudo hasta allí, los mataría.

Primero a la chica, tras hacerle todo lo que quisiese; así le enseñaría a ese chico como funcionaba un hombre de verdad. Y después sí, lo mataría.

— Buenas noches, apreciados visitantes de todo el continente— el estirado príncipe daba vueltas alrededor del piano mientras hablaba, moviendo las manos entre frase y frase— Os ofrezco mis condolencias por los daños de lo sucedido hace…

Había algo raro en el príncipe. Una débil conexión que Gorath sentía partir de este. Igual que la conexión que sentía entre su sello y el falso caballero, ese muchacho estaba vinculado a otro Sello de Sans.

¿Quién sería?

Sus dos hombres habían muerto, siendo él lo único que quedaba de la fuerza de ataque enviada a Amún. ¿Sería la Lancera de Sens que por algún estúpido y caprichoso deseo del destino, dormía en el mismo lugar que sus dos objetivos? Se rumoreaba que sabía usarlos.

Al fin y al cabo, tenía Sens.

Como esa muchacha inexperta que había manejado flácidos flujos de agua con mucho esfuerzo. ¿Sabría esta siquiera que lo había conseguido porque era afín a la armonía del mismísimo Sens? Se llamaban tejedores a sí mismos. Gorath lo dudaba.

Una armonía para todo. Un todo para uno.

Zundine

Una intrincada máscara de zorro de las nieves cubría el rostro de Zundine.

Se hallaba sentada cerca del gran escenario, vestida de negro y con su extraña lanza metida dentro de una funda que podía llevar en la cintura. Zahn llevaba sin hablar desde que había entrado en el castillo de Amún, y Zundine se sentía mal por él, pero cundiría el pánico si se despistaban.

Amún era un lugar extraño.

Zundine, tras sus años de entrenamiento, en completa sinfonía con la escala de Sens y tras un uso diario, había desarrollado la habilidad de sentir cuando alguien cercano a ella, era afín al propio Sens.

— Hoy voy a entreteneros con Yo corazón y tu alma, obra de un compositor con mucha alma llamado Onard.

En ese momento, sin contar a la propia Zundine, había cinco personas con una afinidad total o parcial en esa gran sala de gruesas columnas y abovedado techo.

A una ya la había sentido con anterioridad. La chica del tocado estrafalario con forma de pájaro. Y el chico que iba siempre con ella, como si fuese su guardaespaldas, aunque los había escuchado discutir a través de las finas paredes de aquella cochambrosa posada.

Sentía otro más arriba, a la derecha, y otro tras el príncipe, entre bastidores.

Y también lo sentía del propio príncipe, aunque este sonaba apagado. Como si no fuese suyo.

Todos vibraban al mismo tiempo, con el Sens, con el mundo mismo.

— …espero que os guste.

Los ojos de zorro tras la máscara lanzaron una rápida mirada hacia arriba, pero no pudo ver a nadie en dirección hacia dónde sentía esa conexión. El palco parecía estar vacío, aunque ella lo sentía.

Al igual que sentía la conexión que el príncipe tenía con quien estuviese tras los bastidores de aquella función. Un Sello de Sans. Alguien controlaba al príncipe. Pero, ¿quién?

Gorath, a quien Zundine había visto rodear la posada durante la noche anterior, debía ser el que estaba en el palco superior. Zahn la había confirmado que Garth y Gir habían muerto. Como lo sabía este, Zundine lo ignoraba, pero confiaba en él.

Entonces, ¿quién era la persona que estaba controlando al príncipe de Amún?

— Y terminadas las presentaciones, que comience esta función.

Contents
Contents

Comments(0)

Join the discussion — sign in to leave a comment

Sign In to Comment

No comments yet. Be the first to share your thoughts!