CapÃtulo 62
Después de cenar, Isidoro se puso a pensar en lo que Soraya tenÃa en el corazón. Originalmente, querÃa llevarse a su esposa lejos de allÃ. Pero temÃa que, una vez se fueran, Jovita se ensañarÃa con su hijo. Con el corazón inquieto, llamó a Cristián a su estudio, de inmediato le dijo: âCristián, has escuchado lo que dice el corazón de tu esposa, ¿verdad?â.
Cristián asintió: âSÃ, esa es precisamente la razón por la que vine a la casa hoyâ.
Isidoro se impacientó internamente: â¿Podemos confiar en lo que dice su corazón?â.
âSe puede confiar. Desde que los secretos de su corazón salieron a la luz, todo se ha cumplidoâ.
Isidoro sabÃa que su sobrino nunca era de los que mentÃan: â¿Esa es la razón por la que no te has divorciado?â.
Cristián parpadeó ligeramente: âSupongo que sÃâ.
Isidoro se levantó y empezó a caminar de un lado a otro en el estudio. Angustiado, dijo: âSi esa mujer realmente es un problema, ¿qué hacemos con Alex? Acabo de hablar con él, y él no cree en nada de lo que ha revelado el corazón de tu esposa. Con la situación actual, sin una razón válida, no es
correcto simplemente cortar el contacto entre ellos. Pero si no hacemos nada, tu primo estará en peligroâ.
No culpaba a la abuela por querer hacer el bien y terminar haciendo un desastre. Pero con esa situación, realmente no sabÃa qué hacer. Después de todo, estaban lidiando con un fantasma, no con una persona.
Cristián tamborileó con los dedos en la mesa, pensando por un momento antes de hablar: âNo te apures. Si Soraya sabe que es un fantasma, entonces debe tener una manera de lidiar con él. De lo contrario, ella, que tanto valora su vida, no vendrÃa aquà a buscar la muerte. Tú e Iris hagan como que no saben nada, esta noche asegúrense de cerrar bien las puertas; no importa si Jovita hace algo o no, vendré puntualmente a tu habitación a buscarte a medianocheâ.
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Capitulo 62
Isidoro tomó una profunda respiración: âPor ahora, solo podemos hacer
esoâ.
âSi pueden salir de esta noche ilesos, dependerá de tiâ.
Cristián salió del estudio y se dirigió al dormitorio que compartÃa con Soraya en la casa antigua. Al entrar al dormitorio, no la vio, pero escuchó el sonido del agua corriendo en el baño. Justo cuando pensaba en salir, la puerta del baño se abrió, y al levantar la vista, la vio envuelta en una toalla, con el cabello húmedo y esparcido detrás de su cabeza, y la piel de su cuello y clavÃcula aún retenÃa un brillo húmedo. Debido a la reciente ducha, el calor
habÃa hecho que su cara y piel se vieran rosadas y tiernas.
Al verlo, Soraya giró sus ojos y caminó hacia él de manera despreocupada, agachándose frente a él: âAmor, ¿huelo bien? Siento que el gel de baño que usamos aquà es mejor que el de nuestra casa. El aroma no es fuerte, pero huele increÃble. Cuando volvamos, tengo que cambiar nuestro gel de baño por esta marcaâ.
Cristián la miró de reojo, y la vista de sus prominentes curvas capturó su atención, era una visión impresionante; intentó parecer indiferente y desvió la mirada, empujándola lejos: âSi ya terminaste de bañarte, vÃstete. No estamos en casa, compórtateâ.
Soraya agarró su mano, sonriendo con los ojos como dos lunas crecientes: â¿Quieres decir que solo cuando estemos aquà puedo desinhibirme? ¿Hacer lo que me plazca?â.
Cristián la miró frÃamente: âSi tienes problemas de audición, podrÃas considerar ver a un doctor. No distorsiones mis palabrasâ.
Soraya se levantó: âAy, amor, ¿en qué estás pensando? Aunque ahoral mismo quisiera desvestirte, la situación no lo permite, tengo mi periodo, asà que, aunque quiera, no puedo. Amor, cuando se me pase, tenemos que explorar cuál posición es más cómoda, hemos estado casados tanto tiempo y siento que no te he tratado como mereces. Pero tranquilo, en cuanto se me pase, voy a quererte todos los dÃasâ.
Aprovechando que él no estaba preparado, de repente se inclinó y le dio un beso rápido.
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â¡Guau, ese aspecto frÃo e indiferente de mi esposo es tan atractivo, no
puedo evitar querer acercarme a él! Oh, sus labios son tan suaves, como gelatinaâ.
Cristián, con el rostro tenso, intentó empujarla, pero con un rápido movimiento de su mano, ella lo congeló en su lugar una vez más.
â¡Soraya, estás buscando problemas!â, al ser congelado por ella una vez más, él no podÃa estar más furioso. Mirando a la mujer, radiante de orgullo, él deseaba poder estrangularla.
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