Chapter 24: Capítulo XXIV

A Step Forward (Juliantina)Words: 13447

"Siento que me pierdo, lo que antes me hacía  feliz ahora lo detesto. Puede que eso tenga un poco que ver con lo que siento, tan doloroso que me quema por dentro"

— ella

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Nueva York.

Cord Villyn, actualmente en quiebra.

Las seis de la mañana para nadie era una hora de felicidad, mucho menos para aquellas personas que tenían que cumplir una obligación. Sea cual sea, era realmente agotador, si todas las personas amaran su trabajo dejaría de ser este llamado trabajo a algo menos formal, todo aquello que te ata a algo es agotador, Juliana amaba lo agotador.

—...por qué te vas tan temprano cielo?—preguntó una recién levantada Valentina que veía como Juliana arreglaba su pelo—Ven, un ratito más...sí?

La morena la miró a los hermosos y profundos ojos azules que la volvían loca y sonrió un poco.

—Tengo una reunión, lo siento—se acercó a Valentina que esperaba un tierno beso en los labios como despedida, pero, solo recibió un beso en la mejilla—Vendré en la noche, no podremos almorzar juntas Val, lo siento—La ojiazul sonrió y le lanzó un beso mientras iba saliendo de la habitación.

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Juliana Villyn era un mujer de palabra y si decía llegar temprano siempre lo haría, sin importar qué, justo en ese momento se encontraba caminando por los pasillos de su grande compañía, decir que se sentía bien era ser un completo mentiroso, porque no, no era así. Las presiones en su pecho se hacían más difíciles de aguantar y el nudo en su garganta no había parado, estaba descuidando su salud mental y la de su ahora familia, Valentina y el bebé que tendrían.

—Pensé que había sido muy clara Lanwer—dijo con desprecio al ver como su co-presidenta la esperaba en su oficina, su aspecto era incluso peor que el de Juliana, eran dos mujeres con problemas tan grandes.

—No empieces por favor Juliana, vine porque Cord Villyn debe empezar de nuevo, si una vez caemos la segunda nos levantamos y esta vez será igual solo que ahora solo seremos tu y yo—Juliana la miró sin ninguna expresión para luego fijar la vista en su reloj, en una hora el jefe de Eric Lonson estaría acá.

—Lauren, crees que tu y yo podremos con toda una empresa? Fue tu culpa y lo sabes—estaba enfocando toda su ira en la ojiverde que no se quedaría atrás—¿Empezar desde cero? Tengo tantas cuentas e inversionistas que pagar y crees que todo eso puede esperar?—Lauren iba a hablar pero al ver como los ojos café de la morena se volvían totalmente oscuro decidió dejarla hablar—Deseo con tantas ganas despedirte, pero eres la única responsable de esto y hacer eso sería darte la puerta abierta para irse como si nada, quiero que salgas de mi maldita oficina y empieces a hacer tu trabajo como se debe—escupió todas esas palabras con frialdad y crueldad.

—¿Ahora sacas las garras de gatita que tienes?—Juliana apretó la madera de su escritorio—No seas cínica, tu no eres nada a comparacion de mi, eres una veinteañera que solo tiene en mente cosas estúpidas, crees que me da miedo tu frialdad?—la morena se quedó casi sin palabras—Intentas darme órdenes para que tu ira calme, te das cuenta de lo tonta que te comportas? Me doy cuenta de tu armadura de frialdad para que nadie sepa lo que realmente sientes, deberías hablar con alguien sobre esto. Tu mente se está ahogando en tu cuerpo y haces que todos se alejen de ti por tu inmadurez—dicho esto dejó el documento que tenía en sus manos en el escritorio de la morena para después abrir la puerta e irse.

La voz de un hombre la tomó por sorpresa, había entrado al mismo tiempo que Lauren se había ido.

—Buenos días Srta. Villyn—se sentó en una de las sillas y recargó sus manos en el escritorio de la morena que lo veía inquietantemente—Oh...lo lamento, no me presenté correctamente, mi nombre es Jacob Mullter y soy quien comprará Cord Villyn—estiró su mano para que la morena la tomara, cosa que hizo de inmediato.

—Señor Mullter, un gusto tenerlo acá—el hombre sonrió de lado a lado—¿Es usted el superior de Eric Lonson?—Jacob asintió.

—Ese soy yo, lamento si Eric no le dijo desde un principio. ¿Por qué quiere vender su empresa?—preguntó sabiendo que ya tenía la respuesta.

—Los negocios no han ido bien. Es solo eso, además no me siento capacitada para mantener todo esto—Jacob la miró notando la mentira, agarró su maletín negro y sacó unos documentos que pedían algunas firmas y se lo entregó—¿Qué es esto?

—Quiero hacer esto rápido, compraré Cord Villyn por cinco mil millones, un precio muy estable para mantener su familia por dos generaciones completas—Juliana lo miró y luego rió, leyó el documento un poco y luego cogió su bolígrafo dorado.

Su familia, cómo un hombre que acababa de conocer podría saber que tenía una familia, cuando justo su abuelo había muerto? Esa fue la pieza que armó el rompecabezas que tenía la morena en su mente, había sido estafada por segunda vez y ahora era mucho peor que la primera, esta vez no tenía el control, no lo había esperado y mucho menos sabía como reaccionar, sintió ganas de reír, cosa que aguantó.

La sonrisa de Jacob era tal que la morena le dió mucha más risa, que por educación reprimió.

—Jacob, tienes hijos?—le preguntó de repente Juliana con el bolígrafo en la mano.

—No, no tengo y tampoco hay planes de uno—respondió mirándola fijamente a los ojos.

—¿Entonces hay alguna mujer en tu vida?—le volvió a preguntar de la misma manera, solo que esta vez el bolígrafo había caído de sus manos.

—¿A qué quiere llegar Srta. Villyn?—Juliana se encogió de hombros y exclamó.

—Quisiera saber un poco más del hombre que se hará cargo de el negocio—Jacob suspiró un poco irritado.

—No hay ninguna mujer, solo soy yo y los negocios—le dijo cruzándose de brazos y volver a agarrar el bolígrafo para dárselo a la morena.

—¿Cómo conoció a Eric Lonson?—esa fue la pregunta que hizo que Jacob sospechara, justo lo que no tenía que pasar, algo estaba fallando.

—Él se fue del país hace mucho, cuando volvió yo acababa de contratar a su ahora socio en Vans Company, vi su potencial, nos hicimos buenos amigos, me contó su pasado y desde ese momento supe que teníamos mucho en común—había un poco de verdad en su mentira cosa que Juliana notó.

Su mente estaba atando cabos para acabar en solo uno...

—¿Cómo es que sabes que tengo una familia?—el rostro de Jacob  se volvió pálido y sintió lo que hace mucho no sentía, miedo—¿Quién eres realmente?—le volvió a preguntar.

—No sé de qué hablas...Juliana—la morena sonrió y supo que lo había desestabilizado.

—¿Qué planeabas? ¿Qué te vendiera lo que mi abuelo con esfuerzo hizo por mi?—la morena reclamó con odio, se levantó de su silla y caminó de un lado al otro mientras hablaba—¿¡Crees que sería capaz de mandar toda una vida de esfuerzo a la borda por un robo!? No soy estúpida Jacob...—la mirada del hombre era el fuego el persona.

—¡Deja de hablar!—gritó el hombre fuera de sus casillas al mismo tiempo que se levantaba de su lugar y tomaba a Juliana por las muñecas—¡Tu no sabes lo que es sufrir! ¡No sabes nada, todo lo que me pasa es tu maldita culpa!—apretó más su agarre y la puso contra el escritorio fuertemente—¡NO DEBISTE HABER NACIDO! ¡NO DEBÍ ACOSTARME CON ESA PUTA!—le gritó a la cara para luego estrellar su puño a su rostro, al mismo tiempo en que una voz le gritaba.

—¡Jacob sueltala!—le gritó Howe que acababa de entrar a la oficina, se acercó al hombre que apretaba cada vez más fuerte a Juliana y luego la golpeaba tan fuertemente que Howe  empezó a sentir lágrimas salir de sus ojos—No es la forma Jacob...—le dijo—Juliana es tu hija...no la trates así por favor...—replicó sollozando tan fuerte que Jacob se detuvo por un momento, para luego volver a golpearla pero esta vez en el abdomen—No hagas lo que un día Julianno Villyn se hizo...—Howe estaba sollozando al mismo tiempo en que hablaba, sin saber que Juliana había escuchado todo.

Dicen que lo primero que vemos al estar muriendo es nuestra vida pasar en frente de nuestras narices, sientes los momentos que una vez te hicieron feliz, otros que simplemente no debieron pasar pero que al final son parte de tu vida, Juliana veía a Valentina, vió sus ojos azules, el primer beso, la primera cita, su primera vez juntas. Pero luego se vió a sí misma, vió todos los abusos de su infancia, golpes, gritos, llantos y hasta los pequeños detalles que la hacían ser una mujer sin suerte en su vida.

Ahora era claro todo, sabía todo y supo que hacer. Jamás lo sospechó y nunca lo soñó, todo ocurrió tan rápido como el último golpe que la hizo reaccionar.

—¿Qué mierda pasó?—dijo Lauren de rodillas mientras miraba los hematomas con sangre por todo el rostro de la morena, luego miró a Howe que lloraba tanto como el otro hombre que desconocía con los nudillos llenos de sangre, también de rodillas—Juliana...mírame, mírame—le ordenó, pero la morena no hizo caso, sacó fuerzas de donde no tenía y se levantó, al mismo tiempo en que corrió con solo un rumbo fijo en su mente.

—¡Juliana!—le gritaba Lauren a lo lejos.

No tenía tiempo para pensar en lo que pasaría si se iba, solo corrió hasta el estacionamiento y se montó en su auto, vió que Lauren y Howe la seguían desde lejos y arrancó dejando humo a su paso, hasta perderlos de vista. Sabía que cometía un error, pero también sentía que era la mejor opción, debía irse lejos y sanarse a sí misma.

Lo último que vió en su celular fueron las ocho llamadas perdidas de Lauren y Howe, no sabía donde ir, tampoco tenía dinero, solo diez dólares en monedas que tenía en su auto.

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Bienvenido a Pensilvania.

Paró un momento el auto para tanquear en una gasolinería con solo cinco dólares, no sabía a dónde iba y era muy tarde para regresar. Miró su celular que sonaba, se recostó de espaldas a su auto mientras el tanque se llenaba, y contestó.

—Juls...qué quieres de cenar?—dijo Valentina al otro lado de la línea, para ese punto la morena se encontraba llorando.

—Perdóname por favor, mi amor—le rogó perdón a la mayor.

—Juls, qué pasa? No tienes que disculparte, a veces tenemos días pesados, ya ven a casa y cenamos juntas—Juliana supo que la ojiazul sonreía aunque no pudiera verla y esto le partió el alma.

—Lo siento, Val. Perdóname por todo...—le dijo mientras lloraba , daba gracias a que a esa hora nadie estuviera tanqueando.

—Juls, me estás preocupando. ¿Quieres que vaya a la oficina? ¿Qué sucede amor?—pidió una explicación que jamás le llegaría o al menos no muy pronto.

—Te amo—colgó la llamada para luego eliminar cualquier tipo de red social que tenía en ese momento, borró los contactos, borró su propio número para así tener un celular completamente libre del pasado.

Se montó nuevamente al auto y siguió su camino.

Ahora sabía que su padre nunca murió, que Howe lo supo todo desde el principio, que Lauren también sabía y que todo lo que una vez pensó real era más que otra mentira, otra falacia de la cual sólo Valentina era verdad, pero sabía que si se quedaba con ella se perdería a sí misma y a ella. Juliana era una flor marchita al lado de una hermosa rosa roja que poco a poco iba a marchitar también.

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Bienvenido a Chicago

Bienvenido a Nebraska

Bienvenido a Idaho

Bienvenido a Oregón, Portland.

Había conducido por 41 horas, sentía que sus heridas y la sangre en su rostro se habían secado hasta el punto de ser asqueroso. Le dolía el cuerpo y las ganas de comer algo eran inmensas, solo disponía de cinco dólares, no sabía a dónde iba a ir y mucho menos dónde comer, había elegido Portland porque era su ciudad favorita, además de ser fría, justo lo que ahora necesitaba.

Visualizó una cafetería un poco escondida de la ciudad y se estacionó en el lugar, luego sacó de la guantera unos lentes de sol negro aunque no hiciera sol, entró en esta y vió que estaba un poco vacía, fue directo al baño y cerró con seguro, sacó los lentes y vió sus ojeras tan marcadas como nunca, no se había dado cuenta del sueño que tenía, había dormido unas horas. Luego estaba la sangre que salía de su labio, su nariz y de la ceja que ahora se encontraba seca, se puso debajo del chorro de agua y lavó cada parte con sangre para así tener el resultado de un rostro con moretones muy marcados aún, colocó sus gafas nuevamente y salió del baño.

—Buenos días, qué desea de tomar?—le dijo una voz  un poco conocida para Juliana, pero siguió sin mirarla, su mirada estaba fija en unas donas que había en el mostrador.

—Me podría dar un café simple y una dona de esas?—le preguntó a la mujer que asintió sin ninguna de las dos verse a la cara.

—Dos dólares con cuarenta—dijo la mujer y Juliana sacó las monedas para luego entregarlas.

—¿Final o con datos?—le preguntó la mujer mirándola a Juliana fijamente—¿Te conozco?—le preguntó a Juliana que la miró y se dió cuenta que no era una mujer cualquiera.

—¿Melissa?—

—¿Juliana?—

Dijeron al mismo tiempo.

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Los leo.

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