Chapter 13: XIII. Quedan cenizas

Mi alfa es un lobo [Katsudeku] [Omegaverse]Words: 9361

La bella loba heredera del Clan Fenrir había logrado manipular a su padre que siempre cedería a darle todo lo que quisiera, aunque las palabras que dijo su hija en la junta había hecho cambiar su parecer él no quería que su hija sufriera más.

— No llores mi niña — le dice el padre con dulzura mientras acaricia su cabello y ella descansa en su pecho en un abrazo.

— No lo entiendo papá... ¿Acaso no soy suficiente? — dice la joven entre lágrimas cansada de todo.

— Eres la más hermosa y fuerte loba que he conocido — remarca el padre al balancear a su pequeña con él.

— Lo amo y haría todo por él — apoyándose aún más del líder del Clan Fenrir

— Lo sé pequeña, pero yo no puedo resistir ver que te hagan más daño y mucho menos tú — trata de convencer el padre que desistiera de la idea.

— No pienso irme padre... no ahora que estoy tan cerca. — el tono de voz cambió totalmente en la última frase, un tono frío haciendo que el padre pensara que aquella respuesta lanzada con palabras de profundo suplicio no era de su propia hija, siendo tan distante y oscura.

Al fin y al cabo la joven de cabellos beiges sabía que su padre siempre la complacería, lo tenía a su disposición por siempre, el padre era completamente ciego.

La joven no había dejado de pensar en cómo deshacerse del recuerdo de ese omega, no quería ni el más mínimo rastro de su asquerosa existencia, no lo quería cerca, sólo pensaba en cómo se hubiera sentido desgarrar aquella piel y extraerle la vida para que nunca más volviese a interferir en su sueño de estar al lado de Bakugo por siempre, los pensamientos no desaparecían, no se saciaban.

Hasta que aquella noche observaba cómo la flama consumía la leña con una danza esmerada.

La misma noche en la que ella quemaría todo; el recuerdo de aquel omega, su mente sólo tenía un objetivo, jamás podría encontrarlo, ni en sus recuerdos.

Si tan sólo él la viera y le diera la oportunidad de ofrecerle todo el amor que ella le entregaría incondicionalmente, él se quedaría con ella, "yo soy su destina", lo sabe, "¡¡Yo lo soy!!".

Haría lo que fuera para obtener su deseo desenfrenado y...

Claro que nunca pensó... involucrar a... inocentes

Lo juraba.

Pero... sí tenía que hacerlo...

Era necesario para completar el plan.

¿Verdad?

No tenía opción.

¡Al final todo lo hacía por amor!

¿No?

La nieve cubría el camino que pasaba entre los árboles, el lobo corría con todas sus fuerzas al acercarse a la salida del bosque se tornó en su forma humana y corrió aturdido entre las calles tratando de recordar el lugar que estaba cubierto de luces por la época navideña.

Cada vez se volvían más confusas por la desesperación, las encrucijadas junto a las subidas y bajadas logró reconocer la vía que llevaría al hogar del omega de su mejor amigo, tenía un mal presentimiento de todo esto, en ello ve pasar patrullas que guiaron su paso.

— No... — quería pensar que se trataba de un error, no podía ser cierto.

Dio pasos lentos al notar la casa a lo lejos, aunque tratara de convencerse sabía que esa era la casa, su corazón latió con fuerza siento lo único que escuchaba, paró de palpitar por un instante, su respiración entrecortada mientras la culpa lo consumía con rapidez, siguió con pasos suficientes a lo que quedaba de la entrada.

Sólo quedaban cenizas, la casa había sido destruida por un voraz incendio quedando en ruinas con carteles de prohibido el paso, bomberos recogiendo sus implementos que usaron para apagar el incendio, estaban también policías afuera tratando de investigar la causa del incendio, el joven alfa tomó su cabeza con sus manos tratando de callar todo lo que se decía dentro.

Si no hubiera ido a buscarlo, si no hubiera lo hubiera llevado con él, ahora su amigo estaría a salvo y su omega igual; el remordimiento lo carcomía internamente, si sólo se hubiera dado cuenta antes.

En ello un oficial de policía se percató del estado del joven desconocido que yacía frente a las ruinas del incendio que era recientemente apagado, pena se dejaba ver en su rostro pues podía predecir lo que en realidad.

— ¿Joven? ¿Se encuentra bien? — pregunta el policía que se apartó de los investigadores, Eijiro se quedo en silencio.

— Usted... sabe... que... que es... ¡¿Qué es lo que ocurrió?! — preguntó con la voz quebrada y desesperada reaccionando tomando con puños por el chaleco del oficial, buscando una respuesta.

— Lo siento mucho... — reaccionó comprendiendo el sentimiento del joven de ojos ya húmedos que esperaba en silencio una explicación mientras destensaba su agarre, hasta soltarlo completamente para seguido escuchar.

— Nadie pudo salvarse — finalizó, el incendio comenzó de noche, la nueva familia que se había mudado hace unos días murió por un incendio voraz que consumió todo, tanto que no se pudo encontrar ninguna pista sobre lo que lo hubiera provocado.

— El incendio devoró todo a su paso, lo lamento tanto, no pudimos hacer absolutamente nada — aquellas palabras se escuchaban como si estuvieran en un profundo océano.

— No puede... ser...  — tartamudeo con un nudo en la garganta pensando en todo lo ocurrido, la culpa le clavaba un puñal en el corazón.

El oficial se despidió discretamente  para luego retirarse con pesar a proseguir con el protocolo; el joven que evitaba llorar haciéndolo en silencio; había fallado en proteger a su mejor amigo, y ahora se enteraba de esto, sabía que el cenizo el sólo saberlo lo destruiría, lo sabía porque Bakugo se había imprimado inevitablemente de su omega y el único camino que seguiría sería la muerte.

El miedo comenzó a ahogarlo, los humanos eran tan frágiles, cómo todo podía cambiar en cuestión de segundos; comenzó a correr, no quería perder a nadie más, sus pies lo guiaban como si contuvieran memoria por sí solos, debía encontrarlo, suplicaba que estuviera bien pasó su antebrazo para secar su rostro, corría con fuerza, debía llegar al hospital a toda costa, debía encontrar al pequeño de cabellos rubios y de ojos curiosos que tanto... amaba ver.

Al llegar observó desde lejos al hospital que estaba decorado de adornos navideños tiernos y de colores rojos y dorados, cuando pasó por la puerta su mirar lo buscaba por todas partes no lo encuentraba, se dirige al módulo de atención.

— Por favor dígame ¿Dónde esta Denki Kaminari? — pregunta tratando de lucir tranquilo fallando en el intento, la enfermera de turno lo miró con extrañeza.

— Denki... uhm... está en el auditorio del ala este... — dijo tartamudeando porque involuntariamente el alfa activó sus feromonas de protección causando a la enfermera sólo responder.

De inmediato se adentró ignorando las peticiones que primero debía identificarse, busca percibir el aroma pero no podía ya que todo estaba con el olor a medicinas y desinfectantes ahogando el lugar.

El pequeño omega llevaba un suéter navideño con guantes tejidos por su abuelita, repartiendo chocolate caliente con galletas navideñas a las personas mayores del hospital que se hallaban allí sin nadie en una fecha tan importante, la dulzura y amabilidad del pequeño resaltaba en el lugar, todos los ancianos se encontraban muy felices de la presencia del pequeño que al notar que se acabaron las galletas salió del auditorio a buscar más afuera.

Fue por el camino que atravesaba un jardín, tarareando un villancico que sonaba en el auditorio, la nieve caía lenta a seis horas de la media noche, iba feliz con frío, en ello escucha cómo si las hojas de los arbustos se movieran, dio media vuelta para observar, al no encontrar nada sintió algo de miedo, suspiro para seguir su camino, al dar tres pasos escuchó un suspiro a lo lejos haciendo que un escalofrío en toda su médula espinal, sus latidos fueron fuertes, cerró sus ojos con fuerza.

Nada pasó, el pequeño abrió los ojos lentamente, prontamente comenzó a sentir tranquilidad "sólo fue el viento" pensó.

Levantó su mirar al cielo y cómo caían pequeños copos de nieve, rio cuando uno se posó en su nariz y jugó un poco con su caminar dando vueltas cuando caía la nieve de alguna forma llegó a pensar en el alfa de aquel día, esperaba volver a verlo con ansias, ese sentimiento especial crecía en el corazón del joven de cabellos rubios cubiertos ya de nieve.

A unos metros oculto el alfa de cabellos pelirrojos dudó en dar un paso más quedándose de lejos observando al pequeño que se alejaba  por el pasillo exterior que era adornado con plantas que eran completamente cubiertas de nieve al igual que los árboles.

No podía acercarse a él, no podía hablarle, no podía abrazarlo, no podía estar junto a su omega, él... no merecía tal felicidad, ¡No la merecía!.

Se derrumbó apoyándose en la pared y no pudo contener el llanto en su soledad.

"Estás a salvo"

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Hola a todxs espero que estén bien, en este capítulo lo que más me duele es que le dolerá tanto su culpabilidad en los capítulos posteriores, espero que les haya gustado este capítulo.

No se olviden de votar 🌟 para los próximos capítulos, aquí la autora con una taza de chocolate caliente se despide hasta el próximo capítulo ❤

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