La bella loba heredera del Clan Fenrir habÃa logrado manipular a su padre que siempre cederÃa a darle todo lo que quisiera, aunque las palabras que dijo su hija en la junta habÃa hecho cambiar su parecer él no querÃa que su hija sufriera más.
â No llores mi niña â le dice el padre con dulzura mientras acaricia su cabello y ella descansa en su pecho en un abrazo.
â No lo entiendo papá... ¿Acaso no soy suficiente? â dice la joven entre lágrimas cansada de todo.
â Eres la más hermosa y fuerte loba que he conocido â remarca el padre al balancear a su pequeña con él.
â Lo amo y harÃa todo por él â apoyándose aún más del lÃder del Clan Fenrir
â Lo sé pequeña, pero yo no puedo resistir ver que te hagan más daño y mucho menos tú â trata de convencer el padre que desistiera de la idea.
â No pienso irme padre... no ahora que estoy tan cerca. â el tono de voz cambió totalmente en la última frase, un tono frÃo haciendo que el padre pensara que aquella respuesta lanzada con palabras de profundo suplicio no era de su propia hija, siendo tan distante y oscura.
Al fin y al cabo la joven de cabellos beiges sabÃa que su padre siempre la complacerÃa, lo tenÃa a su disposición por siempre, el padre era completamente ciego.
La joven no habÃa dejado de pensar en cómo deshacerse del recuerdo de ese omega, no querÃa ni el más mÃnimo rastro de su asquerosa existencia, no lo querÃa cerca, sólo pensaba en cómo se hubiera sentido desgarrar aquella piel y extraerle la vida para que nunca más volviese a interferir en su sueño de estar al lado de Bakugo por siempre, los pensamientos no desaparecÃan, no se saciaban.
Hasta que aquella noche observaba cómo la flama consumÃa la leña con una danza esmerada.
La misma noche en la que ella quemarÃa todo; el recuerdo de aquel omega, su mente sólo tenÃa un objetivo, jamás podrÃa encontrarlo, ni en sus recuerdos.
Si tan sólo él la viera y le diera la oportunidad de ofrecerle todo el amor que ella le entregarÃa incondicionalmente, él se quedarÃa con ella, "yo soy su destina", lo sabe, "¡¡Yo lo soy!!".
HarÃa lo que fuera para obtener su deseo desenfrenado y...
Claro que nunca pensó... involucrar a... inocentes
Lo juraba.
Pero... sà tenÃa que hacerlo...
Era necesario para completar el plan.
¿Verdad?
No tenÃa opción.
¡Al final todo lo hacÃa por amor!
¿No?
La nieve cubrÃa el camino que pasaba entre los árboles, el lobo corrÃa con todas sus fuerzas al acercarse a la salida del bosque se tornó en su forma humana y corrió aturdido entre las calles tratando de recordar el lugar que estaba cubierto de luces por la época navideña.
Cada vez se volvÃan más confusas por la desesperación, las encrucijadas junto a las subidas y bajadas logró reconocer la vÃa que llevarÃa al hogar del omega de su mejor amigo, tenÃa un mal presentimiento de todo esto, en ello ve pasar patrullas que guiaron su paso.
â No... â querÃa pensar que se trataba de un error, no podÃa ser cierto.
Dio pasos lentos al notar la casa a lo lejos, aunque tratara de convencerse sabÃa que esa era la casa, su corazón latió con fuerza siento lo único que escuchaba, paró de palpitar por un instante, su respiración entrecortada mientras la culpa lo consumÃa con rapidez, siguió con pasos suficientes a lo que quedaba de la entrada.
Sólo quedaban cenizas, la casa habÃa sido destruida por un voraz incendio quedando en ruinas con carteles de prohibido el paso, bomberos recogiendo sus implementos que usaron para apagar el incendio, estaban también policÃas afuera tratando de investigar la causa del incendio, el joven alfa tomó su cabeza con sus manos tratando de callar todo lo que se decÃa dentro.
Si no hubiera ido a buscarlo, si no hubiera lo hubiera llevado con él, ahora su amigo estarÃa a salvo y su omega igual; el remordimiento lo carcomÃa internamente, si sólo se hubiera dado cuenta antes.
En ello un oficial de policÃa se percató del estado del joven desconocido que yacÃa frente a las ruinas del incendio que era recientemente apagado, pena se dejaba ver en su rostro pues podÃa predecir lo que en realidad.
â ¿Joven? ¿Se encuentra bien? â pregunta el policÃa que se apartó de los investigadores, Eijiro se quedo en silencio.
â Usted... sabe... que... que es... ¡¿Qué es lo que ocurrió?! â preguntó con la voz quebrada y desesperada reaccionando tomando con puños por el chaleco del oficial, buscando una respuesta.
â Lo siento mucho... â reaccionó comprendiendo el sentimiento del joven de ojos ya húmedos que esperaba en silencio una explicación mientras destensaba su agarre, hasta soltarlo completamente para seguido escuchar.
â Nadie pudo salvarse â finalizó, el incendio comenzó de noche, la nueva familia que se habÃa mudado hace unos dÃas murió por un incendio voraz que consumió todo, tanto que no se pudo encontrar ninguna pista sobre lo que lo hubiera provocado.
â El incendio devoró todo a su paso, lo lamento tanto, no pudimos hacer absolutamente nada â aquellas palabras se escuchaban como si estuvieran en un profundo océano.
â No puede... ser...  â tartamudeo con un nudo en la garganta pensando en todo lo ocurrido, la culpa le clavaba un puñal en el corazón.
El oficial se despidió discretamente para luego retirarse con pesar a proseguir con el protocolo; el joven que evitaba llorar haciéndolo en silencio; habÃa fallado en proteger a su mejor amigo, y ahora se enteraba de esto, sabÃa que el cenizo el sólo saberlo lo destruirÃa, lo sabÃa porque Bakugo se habÃa imprimado inevitablemente de su omega y el único camino que seguirÃa serÃa la muerte.
El miedo comenzó a ahogarlo, los humanos eran tan frágiles, cómo todo podÃa cambiar en cuestión de segundos; comenzó a correr, no querÃa perder a nadie más, sus pies lo guiaban como si contuvieran memoria por sà solos, debÃa encontrarlo, suplicaba que estuviera bien pasó su antebrazo para secar su rostro, corrÃa con fuerza, debÃa llegar al hospital a toda costa, debÃa encontrar al pequeño de cabellos rubios y de ojos curiosos que tanto... amaba ver.
Al llegar observó desde lejos al hospital que estaba decorado de adornos navideños tiernos y de colores rojos y dorados, cuando pasó por la puerta su mirar lo buscaba por todas partes no lo encuentraba, se dirige al módulo de atención.
â Por favor dÃgame ¿Dónde esta Denki Kaminari? â pregunta tratando de lucir tranquilo fallando en el intento, la enfermera de turno lo miró con extrañeza.
â Denki... uhm... está en el auditorio del ala este... â dijo tartamudeando porque involuntariamente el alfa activó sus feromonas de protección causando a la enfermera sólo responder.
De inmediato se adentró ignorando las peticiones que primero debÃa identificarse, busca percibir el aroma pero no podÃa ya que todo estaba con el olor a medicinas y desinfectantes ahogando el lugar.
El pequeño omega llevaba un suéter navideño con guantes tejidos por su abuelita, repartiendo chocolate caliente con galletas navideñas a las personas mayores del hospital que se hallaban allà sin nadie en una fecha tan importante, la dulzura y amabilidad del pequeño resaltaba en el lugar, todos los ancianos se encontraban muy felices de la presencia del pequeño que al notar que se acabaron las galletas salió del auditorio a buscar más afuera.
Fue por el camino que atravesaba un jardÃn, tarareando un villancico que sonaba en el auditorio, la nieve caÃa lenta a seis horas de la media noche, iba feliz con frÃo, en ello escucha cómo si las hojas de los arbustos se movieran, dio media vuelta para observar, al no encontrar nada sintió algo de miedo, suspiro para seguir su camino, al dar tres pasos escuchó un suspiro a lo lejos haciendo que un escalofrÃo en toda su médula espinal, sus latidos fueron fuertes, cerró sus ojos con fuerza.
Nada pasó, el pequeño abrió los ojos lentamente, prontamente comenzó a sentir tranquilidad "sólo fue el viento" pensó.
Levantó su mirar al cielo y cómo caÃan pequeños copos de nieve, rio cuando uno se posó en su nariz y jugó un poco con su caminar dando vueltas cuando caÃa la nieve de alguna forma llegó a pensar en el alfa de aquel dÃa, esperaba volver a verlo con ansias, ese sentimiento especial crecÃa en el corazón del joven de cabellos rubios cubiertos ya de nieve.
A unos metros oculto el alfa de cabellos pelirrojos dudó en dar un paso más quedándose de lejos observando al pequeño que se alejaba por el pasillo exterior que era adornado con plantas que eran completamente cubiertas de nieve al igual que los árboles.
No podÃa acercarse a él, no podÃa hablarle, no podÃa abrazarlo, no podÃa estar junto a su omega, él... no merecÃa tal felicidad, ¡No la merecÃa!.
Se derrumbó apoyándose en la pared y no pudo contener el llanto en su soledad.
"Estás a salvo"
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Hola a todxs espero que estén bien, en este capÃtulo lo que más me duele es que le dolerá tanto su culpabilidad en los capÃtulos posteriores, espero que les haya gustado este capÃtulo.
No se olviden de votar ð para los próximos capÃtulos, aquà la autora con una taza de chocolate caliente se despide hasta el próximo capÃtulo â¤
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