Chapter 9 of 22

Capitulo 8

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |3,410 words~18 min read

Nueva oportunidad

El tiempo ya le indicaba que hoy no sería un buen día para él. Las nubes cubrían el cielo de Green Hill con un manto gris y pesado, anunciando la tormenta que pronto se desataría. El viento frío silbaba entre los árboles, doblando las ramas y removiendo las hojas secas del suelo, pero Sonic no se inmutó. Permanecía arrodillado, inmóvil, frente a la solitaria rosa azul que Shadow había encontrado.

Era solo una flor, un detalle insignificante para cualquiera, pero para él… se había convertido en un vínculo silencioso. De que no todo había sido un sueño.

Desde el día en que desapareció, Sonic había cuidado aquella pequeña flor con un esmero casi obsesivo, como si al mantenerla viva, pudiera aferrarse a la esperanza de que él aparecería. Se aseguraba de que la tierra estuviera siempre húmeda, de arrancar las malas hierbas que intentaban invadir su espacio, de que recibiera la cantidad justa de luz. No quería que se marchitara. No podía permitirlo.

A veces, cuando cerraba los ojos, volvía a ese día.

Podía sentir el aire fresco del bosque golpeando su rostro, el crujir de las hojas secas bajo sus zapatillas mientras corría sin rumbo. Recordaba el aroma a tierra y el sonido del viento deslizándose entre las copas de los árboles. Era un día como cualquier otro… o al menos, así lo había creído.

Pero entonces, lo sintió.

Fue un escalofrío recorriendo su espalda, una sensación tan intensa y extraña que lo obligó a reducir la velocidad. No estaba solo. No sabía cómo lo supo, pero lo sintió con cada fibra de su cuerpo.

Antes de que pudiera reaccionar, alguien aterrizó frente a él con la agilidad de un depredador, bloqueándole el paso en seco. Sonic apenas tuvo tiempo de frenar, su corazón golpeando con fuerza en su pecho. Y entonces lo vio.

Ojos rojos brillando, fijos en él con una intensidad que le erizó la piel.

El mundo pareció detenerse entre ellos dos.

Por un instante, su mente se negó a aceptar lo que veía. No podía ser real. No después de lo que había visto con sus propios ojos, aquella explosión, no después de todo ese tiempo. Su respiración se volvió errática, y la incredulidad lo golpeó con fuerza, como si su cerebro estuviera tratando de aferrarse a la lógica, buscando una explicación.

"No... no puede ser..."

Tal vez era un truco de su mente, un espejismo cruel creado por sus propios deseos. Tal vez lo estaba imaginando. Pero entonces, el viento sopló con más fuerza, revolviendo las hojas entre ellos, y Shadow seguía ahí. Tan real como el suelo bajo sus pies.

Y en medio del torbellino de emociones que lo atravesaban, la duda dio paso a otra sensación aún más fuerte: felicidad.

Imposible, impensable… pero estaba ahí. Vivo.

Y en Green Hill.

Parpadeó varias veces, esperando que la imagen se desvaneciera como un espejismo. Su mente le decía que era imposible, que solo era un truco cruel de su propia esperanza. Pero su corazón... su corazón latía con fuerza, como si ya supiera la verdad antes que él.

Por un momento, Sonic sintió que el peso en su pecho se disipaba. Contra toda razón, contra toda expectativa, Shadow estaba frente a él. Y aunque su expresión era indescifrable, aunque su mirada era la misma de siempre, fría y calculadora, eso no importaba.

Lo único que importaba era que había regresado.

Desde ese día, Sonic comenzó a buscarlo cada tarde.

Al principio, lo hacía con una excusa sencilla: pasar por ahí, asegurarse de que Shadow seguía allí. Pero con el tiempo, se convirtió en una costumbre. Se acercaba sin prisas, con su paso despreocupado de siempre, y se quedaba un rato, ya fuera para hablarle, acompañarlo en silencio o simplemente dejarle algo de comida.

El erizo negro nunca decía nada cuando Sonic aparecía. Solo se quedaba ahí, con los brazos cruzados, fingiendo que su llegada no le importaba. Pero notó algo: nunca se iba.

Sabía que Shadow nunca lo admitiría, pero él podía verlo. Podía notar la sombra de soledad que lo rodeaba, la forma en que su mirada se perdía en el horizonte cuando pensaba que nadie lo observaba. Estaba solo en el mundo. Más que nunca.

María, Gerald... lo más cercano a una familia que había tenido ya no existía. Y Sonic lo sabía.

Por eso iba. Porque aunque él intentara ocultarlo con su actitud distante, Sonic entendía que el dolor no desaparece solo porque uno se niegue a sentirlo. Y si Shadow no iba a pedir ayuda, entonces él simplemente estaría ahí, hasta que algún día se diera cuenta de que no tenía que cargar con todo solo.

Así que lo retaba a carreras, aunque sabía que Shadow fingía indiferencia al principio. Hacía chistes, aunque solo recibiera miradas de fastidio como respuesta. Se aseguraba de que por unos minutos, Shadow dejara de pelear contra su propia mente. Porque Sonic lo entendía mejor de lo que el creía. A veces, el mayor enemigo no es el mundo exterior, sino los pensamientos que nos encierran en una jaula invisible.

Y si podía hacer que, aunque fuera por un instante, Shadow se olvidara de ese peso… entonces seguiría apareciendo, día tras día.

Aquel día, la noticia estalló como una bomba en los medios: Habían filtrado información de GUN sobre Shadow, presentándolo como una amenaza para la humanidad. Lo llamaban peligroso, lo acusaban de haber robado la nave y casi provocar la extinción del mundo entero.

Sonic sintió un ardor recorrer su pecho, sus manos se cerraron en puños mientras escuchaba cada palabra con una mezcla de rabia e impotencia. Hablaban de Shadow como si fuera el único culpable, como si todo lo que había sucedido fuera responsabilidad suya. Pero ellos no sabían la verdad. No sabían lo que le habían hecho.

No sabían que GUN había sido quien irrumpió en el laboratorio donde Shadow vivía, quienes destruyeron su mundo sin piedad, asesinando a la única persona en la que confiaba. No sabían cómo lo habían encerrado en un letargo forzado por cincuenta años, dejándolo solo en la oscuridad, atrapado en un pasado al que nunca pudo darle un cierre.

Y ahora lo pintaban como un monstruo.

Sonic sintió que la rabia se enredaba en su garganta, apretándole el pecho como si intentara ahogarlo. Eran ellos quienes habían destruido su vida. Eran ellos quienes lo convirtieron en lo que era ahora. Y aún así, tenían el descaro de señalarlo, de condenarlo sin siquiera intentar comprender.

Los verdaderos monstruos eran ellos.

Por eso, Sonic tomó una decisión.

No iba a quedarse de brazos cruzados mientras el mundo veía a Shadow como un peligro. No cuando él sabía la verdad.

Quería demostrarle a la gente que no había nada que temer, que Shadow no era el monstruo en el que lo habían convertido. Que, como él, también podía adaptarse a vivir entre los humanos, que no tenía por qué estar solo. Que podía tener una familia, personas cercanas en quienes confiar, alguien que le recordara que su existencia no se reducía a la guerra y la venganza.

Pero más que eso, Sonic quería mostrárselo a él.

Porque, aunque Shadow nunca lo admitiera, Sonic sabía que llevaba tiempo escondiéndose, no solo del mundo, sino de sí mismo. Se aferraba a la sombra de lo que había sido, como si su destino estuviera escrito en piedra, como si no tuviera derecho a buscar algo más. Pero Sonic creía lo contrario.

Shadow no tenía que vivir en la oscuridad. No tenía que cargar con un peso que no le correspondía.

El quería que lo entendiera, que viera que podía ser quien él quisiera ser, sin importar lo que ocurrió en el pasado. Porque el pasado no define lo que serás en el futuro.

Y si nadie más se lo decía, él lo haría. Una y otra vez, hasta que Shadow pudiera verlo por sí mismo.

El crujir de algunas ramas lo sacó de sus pensamientos, una sacudida repentina que lo arrancó de su tormenta interior. Sus orejas se movieron con agudeza, afinando el oído, y su cuerpo se tensó al instante. No estaba solo.

La ansiedad le dio un vuelco al estómago. Avanzó con cautela hacia el origen del ruido, pero esta vez no era solo la intriga lo que lo impulsaba. Cada paso hacia adelante, su corazón latía con más fuerza, cargado de una mezcla de emoción y desesperación. ¿Y si finalmente lo veía? La posibilidad de encontrarse con Shadow, después de días buscándolo... lo hizo sentir más vivo que nunca, pero también vulnerable, como si estuviera a punto de caer en algo de lo que no podría salir.

La figura apareció de entre los árboles, desdibujada al principio, pero a medida que se acercaba, la figura fue tomando forma. Los ojos de Sonic brillaron con una chispa de esperanza, su respiración se volvió irregular y sentía el pulso acelerado.

—¿Quién está ahí? —preguntó, casi sin darse cuenta de lo impaciente que sonaba su voz.

El silencio pareció extenderse, pesado, hasta que, finalmente, una pequeña figura emergió tímidamente de su escondite.

Un zorro de dos colas.

Sonic parpadeó, como si todo el aire hubiera sido arrancado de sus pulmones. Su esperanza se desmoronó en un instante, y un peso inexplicable se asentó sobre su pecho. Sus músculos se relajaron, pero una sensación de desconcierto lo invadió, como si la escena fuera algo irreal. Tails, allí, en lugar de quien había estado esperando.

—Tails… —murmuró, intentando procesar la aparición del pequeño zorro—. ¿Qué haces aquí?

Tails avanzó con cautela, sus orejas gachas y las colas agitándose, como si él también estuviera dudando sobre cómo abordar la situación.

—Estamos preocupados por ti, Sonic… —dijo en voz baja, casi como si temiera que sus palabras lo alejaran más—. No nos has querido decir qué te sucede, así que… decidimos seguirte.

Las palabras de Tails calaron hondo en Sonic. No era la primera vez que sus amigos mostraban su preocupación, pero escucharlo decirlo de esa manera lo golpeó en un lugar profundo. No se había detenido a pensar en ellos. Había estado tan centrado en su propia búsqueda, que no había visto lo que estaba causando a quienes siempre estuvieron a su lado.

Antes de que pudiera responder, otro sonido lo hizo reaccionar.

Una presencia más fuerte.

Sonic se tensó instintivamente, su cuerpo preparado para cualquier cosa. Giró la cabeza rápidamente y vio una sombra moverse entre los árboles, imponente y segura, acercándose con paso firme.

Era Knuckles.

El equidna avanzó con su porte decidido, una fuerza visible en su postura, y se detuvo junto a Tails, cruzando los brazos con una seriedad que no dejaba lugar a dudas.

—No eres fácil de seguir, pero tampoco estabas corriendo tan rápido como para perderte —comentó, con su tono seco y directo.

Sonic dejó escapar un suspiro pesado. No sabía que sus amigos llegarían hasta este punto, que habrían notado tan profundamente lo que le pasaba. El nudo en su pecho se apretó aún más. Se pasó una mano por el rostro, como si eso pudiera despejar el peso que sentía.

No se había detenido a pensar en lo que su actitud había causado en ellos. No había considerado que, mientras él se perdía en su dolor, Tails y Knuckles se perdían en su preocupación.

Sonic sintió una punzada de culpa recorrerle el pecho. Estaba tan enfocado en encontrar a Shadow, que no se dio cuenta de que, mientras él buscaba a alguien, otros dos lo estaban buscando a él.

—No quería preocuparlos... —dijo finalmente, su voz mucho más suave de lo que había esperado.

Tails lo miró con los ojos llenos de comprensión, y Knuckles, aunque no lo mostraba abiertamente, asintió levemente, dándole a entender que no estaba solo en esto.

—Lo sé, Sonic —respondió Tails, su tono suave pero firme—. Pero estamos contigo, aunque no quieras hablar. Solo... no queremos verte perdido en todo esto.

Sonic, con los hombros caídos y la mirada fija en el suelo, confesó con una voz baja y entrecortada:

—No estoy listo para hablar de lo que está pasando… Quiero tratar de hacerlo solo.

Tails y Knuckles lo escuchaban atentamente, cada uno con su propio pesar reflejado en el rostro. Sabían que no era fácil para el, Sonic siempre había sido el líder, el que enfrentaba todo con una sonrisa, el que se encargaba de las situaciones difíciles sin pedir ayuda. Pero ahora, su silencio estaba cargado de algo mucho más profundo, algo que no podía ocultar por mucho tiempo.

El aire se volvió denso, como si la quietud del bosque lo envolviera todo. Sonic sentía que la presión aumentaba, esa sensación de estar atrapado entre lo que quería ocultar y la comprensión de que, esta vez, sus amigos no lo dejarían ir tan fácilmente. No podían seguir mirando desde las sombras; necesitaban una respuesta, aunque él no estuviera preparado para darla.

—Sabemos que eres capaz de hacer muchas cosas, Sonic... —dijo Tails, su tono cargado de sinceridad, sus ojos mirando fijamente al erizo azul, sin juicio, solo comprensión—. Pero... ten la confianza de pedirnos ayuda. No tienes que cargar con todo lo que sea que estés atravesando. Somos familia, Sonic, nos ayudamos entre nosotros. ¿Acaso no harías lo mismo si estuviéramos en tu lugar?

Las palabras de Tails se clavaron en Sonic como una flecha en el centro de su pecho, dejándolo sin palabras, sin una respuesta inmediata. Su respiración se volvió más irregular y su pecho se apretó. Aquella sencilla verdad, dicha con tanta calma y amor, lo dejó pensando profundamente. La imagen de sus amigos, los que siempre habían estado a su lado, se hizo más real, más palpable, como una promesa de que no estaba solo, aunque su corazón se hubiera sentido tan vacío últimamente.

La pregunta de Tails resonó en su mente, una corriente de pensamientos y sentimientos que lo zarandeaban por dentro. ¿Realmente lo haría? ¿Les ofrecería su apoyo si estuvieran en su lugar? Claro que sí, lo había hecho siempre, pero ahora… él mismo necesitaba esa ayuda, y no sabía cómo aceptarla.

Sonic dejó escapar un suspiro largo y tembloroso. Sus manos, que hasta ahora habían estado cerradas en puños, se relajaron levemente. No era fácil, pero si había un momento para hablar, era este.

—Hay algo que no les he dicho —confesó, su voz sonaba más baja de lo normal, pero cada palabra pesaba—. Shadow… está vivo y está aqui.

El silencio fue inmediato.

Tails abrió los ojos de par en par, mientras que Knuckles se quedó completamente inmóvil, su expresión endurecida en incredulidad.

—¿Qué? —Tails fue el primero en reaccionar, su voz casi un susurro—. ¿Shadow… aquí?

Knuckles frunció el ceño, analizando a Sonic con atención.

—Eso no tiene sentido. Lo vimos sacrificarse con el Doctor Robotnic… —

—Lo sé —Sonic pasó una mano por su cabeza, sintiendo la presión aumentar en su pecho—. Yo también lo creí, pero lo vi con mis propios ojos. Shadow está en Green Hill… o al menos, lo estaba.

—¡¿Desde cuándo lo sabías?!

—Desde hace un tiempo… —Sonic bajó la mirada, sintiendo una punzada de culpa punzante en el pecho—. No se los dije porque… pensé que era algo entre él y yo.

Hizo una pausa, tomando aire antes de continuar.

—Venía aquí a verlo. Parecía estar ocultándose en este bosque… siempre manteniéndose a la sombra, lejos de los demás. —Su voz se volvió más baja, más cargada de sentimiento—. Creí que si le mostraba que no tenía que esconderse, que podía tener un lugar en este mundo… eso lo ayudaría.

Knuckles apretó la mandíbula, cruzando los brazos.

—¿Ayudarlo con qué?

Sonic exhaló con fuerza y miró a sus amigos. No había más razones para ocultarlo.

—Quería demostrarle que podía encontrar un lugar aquí, que no tenía que vivir en el pasado… que no tenía que esconderse más.

El silencio se hizo más pesado. Tails y Knuckles seguían procesando cada palabra, pero Sonic apenas les dio tiempo antes de continuar.

—Pero cometí un error. Uno grande.

Su mirada se endureció, la culpa marcando cada rasgo de su rostro.

—Despues que filtraran la noticia de que Shadow estaba vivo. Yo no el dije nada al respecto… yo pensé que si él veía que podía caminar por este mundo sin tener que ocultarse. —continuo —Y en cuanto la gente empezó a hablar de él, a reconocerlo… desapareció.

Los ojos de Tails se llenaron de preocupación.

—¿Entonces… crees que se fue por eso?

Sonic asintió lentamente.

—No lo he visto desde entonces. Y ahora… no sé si sigue aquí.

Knuckles y Tails se quedó en silencio por un momento, con expresión seria, procesando la información.

—Sí, por eso vengo todos los días aqui—Sonic tragó saliva, sintiendo que decirlo en voz alta lo hacía más real, más doloroso—. Necesito disculparme con él.

El silencio que siguió después de la confesión de Sonic fue distinto al anterior. Ya no era pesado por la sorpresa, sino por la comprensión que se formaba entre los tres.

Tails y Knuckles se miraron un instante, luego volvieron la vista a Sonic. Sin decir una palabra, lo rodearon en un abrazo firme y sincero.

Sonic se quedó inmóvil al principio, sorprendido por el gesto, pero luego cerró los ojos y permitió que el calor de sus hermanos lo envolviera. No se había dado cuenta de cuánto lo necesitaba hasta ahora. Ese abrazo significaba más de lo que podía expresar con palabras.

—No estás solo en esto, Sonic —murmuró Tails con suavidad.

—Lo encontraremos juntos —añadió Knuckles con determinación.

Sonic tragó saliva y asintió, la opresión en su pecho cedió, aunque fuera solo un poco. Soltó un suspiro, apenas audible, como si en ese instante se permitiera respirar de verdad. Sentía el calor de sus hermanos aún cerca, el peso de sus manos en sus hombros, y por primera vez en mucho tiempo, la sensación de no estar solo.

Fue entonces cuando Tails pareció tener una idea. Sus orejas se alzaron y sus ojos brillaron con determinación.

—¡Esperen! Creo que sé cómo encontrarlo.

Los tres se miraron, sus ojos brillando con una mezcla de esperanza y emoción. Sin perder tiempo, se dirigieron rápidamente al garaje de la casa. Tails corrió hacia una esquina donde guardaba sus proyectos en cajas cuidadosamente etiquetadas, revolviendo entre ellas con rapidez hasta sacar una pequeña caja metálica.

—Hace tiempo estuve trabajando en esto —explicó, abriendo la caja con movimientos ágiles y sacando varios dispositivos del tamaño de una nuez—. Son mini cámaras de vigilancia con sensores de movimiento. Pensaba usarlas para aumentar la seguridad del pueblo, pero podemos adaptarlas para cubrir todo el bosque.

Sonic tomó una de las cámaras, ansioso. Las cámaras eran diminutas, del tamaño de una canica, pero se sentían sólidas y resistentes al tacto. En el centro, una pequeña lente negra, mientras que en la parte superior sobresalía una diminuta antena metálica, como una chispa lista para capturar cualquier señal a su alrededor.

Sonic las examinó, el peso de la responsabilidad y la urgencia apretando su pecho. Miró la cámara como si fuera la última esperanza que quedaba.

—¿Funcionan? —preguntó, su voz cargada de algo más que duda, algo más cercano a la desesperación.

—Proyectarán una señal en mi computadora en tiempo real —asintió Tails, y su tono de voz mostraba que no había espacio para errores—. Si Shadow sigue aquí, lo veremos.

Knuckles cruzó los brazos, su mirada fija en los dispositivos, pero también reflejando una tensión creciente.

—Entonces, ¿cómo los instalamos?

Tails ajustó rápidamente unas configuraciones en uno de los dispositivos y asintió con firmeza.

—Si nos dividimos, podremos colocar las cámaras en puntos estratégicos del bosque antes del anochecer. No tenemos mucho tiempo.

Sonic, sintiendo la presión en su pecho, cerró la mano alrededor de una de las cámaras. Su cuerpo se tensó, los músculos llenos de ansiedad. Cada segundo contaba.

—Hagámoslo —dijo con firmeza, aunque su voz traicionaba un ligero temblor. No dejaría que Shadow se escapara de nuevo. Esta vez, no lo perdería.

Hola, buenas tardes o noche, día?

Está es primera nota que pongo desde que publique el libro.

Les cuento, he dudado si publicar está historia, de solo saber que podría haber gente que lee lo que yo escribo, me pone nerviosa jsjsjs

Y quisiera saber que tal está llendo la historia para usted mi lector, que opinan al respecto... si les está gustando o alguna duda quizás.

Da igual si a paso tiempo de este libro, quisiera leer sus comentarios, me motivaria mucho.

Hasta pronto 😘

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