Chapter 8: Capitulo 7

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |Words: 16320

Dos almas colisionadas

Dicen que en el vasto universo, algunas estrellas están destinadas a encontrarse. Durante años, siglos, incluso milenios, viajan en direcciones opuestas sin saber que, en algún punto, sus trayectorias se cruzarán. Y cuando lo hacen, el impacto es inevitable. Puede ser caótico, puede ser hermoso, pero jamás pasa desapercibido.

¿Pero qué sucede cuando no son estrellas, sino dos almas las que colisionan?

A veces, la vida pone en órbita a dos personas que, sin saberlo, han estado girando alrededor de la misma verdad. Se atraen, se alejan, se buscan sin querer, se encuentran sin esperarlo. Y cuando finalmente colisionan, algo cambia para siempre. Algo que no puede explicarse con la lógica, porque nace en lo más profundo del ser.

Pero las colisiones no siempre son suaves. Algunas dejan cicatrices, otras dejan preguntas sin respuesta. Porque cuando dos almas se encuentran, no solo chocan entre sí, también lo hacen sus pasados, sus heridas, sus miedos. Y en ese impacto, se redefine el futuro.

Sonic y Shadow ya habían colisionado antes.

Se encontraron en medio del caos, unidos por una guerra que no habían pedido, forjaron un lazo en la tormenta y luego se separaron. Pero el universo no estaba listo para dejarlos ir por caminos distintos.

Porque hay conexiones que, sin importar la distancia, sin importar el tiempo, son inevitables.

La pregunta ahora es... ¿qué sucederá después del impacto?.

...

Habían pasado días desde aquel suceso en el pueblo. Días que parecían extenderse como una eternidad, llenos de un vacío insoportable que se aferraba a Sonic como una sombra, imparable e inquebrantable.

Desde entonces, volvía al bosque una y otra vez, sin importar cuántas veces lo hiciera. Siempre al mismo lugar, en el mismo instante, con la misma esperanza, ya casi absurda, de que Shadow apareciera entre los árboles. Como si, por alguna razón inexplicable, pudiera volver a aquel momento en que sus caminos se cruzaron. Pero el resultado era el mismo: un espacio desolado, el murmullo de las hojas al viento, el eco de su propio corazón roto.

No quería pensar que Shadow se había ido de nuevo. No quería creer que, después de todo lo que habían pasado, después de las batalla, el tiempo compartido, juegos, risas, la mentira fuese suficiente para arrancarlo de su vida. Pero en el fondo, en ese rincón oscuro de su mente al que había tratado de negar, sabía que así era. El silencio de Shadow le decía lo que él no se atrevía a pronunciar.

Sabía que lo había lastimado. Lo sentía en cada rincón de su ser, como una herida que nunca sanaría. Sabía que lo había traicionado de una forma que no se podía deshacer. Y con cada día que pasaba sin verlo, con cada tarde en que volvía al bosque en vano, la culpa se hacía más pesada, más insoportable, como una cadena de la que no podía liberarse.

Sonic había querido creer que Shadow, con el tiempo, encontraría su lugar en este mundo. Que el dolor del pasado, esa carga insoportable que siempre lo había acompañado, se aliviaría algún día. Pensó que su optimismo, su esperanza, serían suficientes para que ambos pudieran seguir adelante. Pero nunca consideró las consecuencias de ese mismo optimismo.

Días antes del suceso en el pueblo, las noticias nacionales llegaron como un golpe mortal.

Una filtración de GUN. Un reportaje filtrado, envenenado, que hablaba de Gerald Robotnik y su "obra maestra": Shadow, la forma de vida definitiva. Las palabras retumbaban en su mente como un eco lejano, hiriente y cruel.

"El arma que casi destruye el planeta."

"Una amenaza que sigue suelta."

"Un ser demasiado peligroso para confiar en él."

Sonic había preferido no darle importancia. Pensó que Shadow no lo notaría, que la gente de Green Hill seguiría ignorando el pasado. Que todo quedaría como un susurro pasajero. Pero se equivocó. Y ahora, al ver las consecuencias de ese error, el peso de la realidad le caía con toda su fuerza.

Cada tarde volvía al mismo sitio, aferrándose a la esperanza de encontrarlo, de ver aunque fuera una señal de que no lo había dejado atrás. Salía a correr por los senderos del bosque, buscando alguna pista, algún vestigio de su presencia, como si eso pudiera traerlo de vuelta. Pero todo lo que encontraba era el mismo vacío: un bosque que lo abrazaba en su soledad, y un dolor que se arrastraba en cada paso. Cada respiración era más profunda, más agitada, como si el aire ya no fuera suficiente para llenar su pecho. Su cuerpo le pedía descanso, pero su mente lo empujaba, lo obligaba a seguir. La culpa lo mantenía en movimiento, como una corriente imparable que no lo dejaba detenerse.

Al final, lo único que encontraba era el peso de su propio dolor, como si su piel misma estuviera cargada de esa culpa, esa falta que no podía llenar. Los hombros caían, la espalda se curvaba, y el esfuerzo de seguir caminando se volvía cada vez más una lucha en solitario. Porque lo único que Sonic quería... lo único que realmente deseaba, era corregir su error. Arreglar lo que había roto, sanar la herida que él mismo había provocado, y tal vez, solo tal vez, recuperar lo que había perdido.

Pero en su corazón, sabía que no podía.

El frío de la tarde se aferraba a su piel, pero Sonic apenas lo sentía. Todo su cuerpo estaba atrapado en una sensación más profunda, más sofocante, como si un peso invisible le aplastara el pecho. Se pasó una mano por la cara, frotándose los ojos con frustración, pero el ardor en su garganta seguía ahí, como si las palabras que no podía decir estuvieran clavándose en su interior.

Se dejó caer de golpe sobre la hierba húmeda, con los brazos apoyados en sus rodillas y la mirada clavada en el suelo. Su respiración era entrecortada, más agitada de lo que debería después de correr sin descanso. No por el esfuerzo físico, sino por el torbellino de emociones que lo consumía por dentro.

Ya no podía seguir así.

La fatiga emocional lo estaba desgastando más que cualquier batalla que hubiera peleado antes. Cada día volvía al mismo lugar, cada día se iba con las manos vacías, y cada día sentía que una parte de él se rompía un poco más.

Suspiró pesadamente, dejando que su cuerpo se hundiera en el peso de la decepción. Shadow no estaba aquí. Shadow no iba a aparecer.

Se obligó a ponerse de pie, sintiendo sus músculos tensos y su paso más lento de lo habitual. No tenía sentido quedarse más tiempo. Lo único que quería era llegar a casa.

Esa tarde regresó antes de lo usual.

Cuando entró, el cálido aroma a té y galletas flotaba en el aire, envolviendo el ambiente con una sensación de hogar que, en ese momento, solo hacía que la soledad dentro de él se sintiera más pesada.

En la cocina, Maddie estaba sacando las últimas galletas del horno cuando lo vio entrar.

—Sonic, ¿cómo te fue en tu paseo? —preguntó con una sonrisa amable, como solía hacer.

Sonic apenas levantó la vista. Sus hombros caídos y el arrastre de sus pasos hablaban por sí solos.

—Pésimo —murmuró, su voz ronca y apagada.

Sin más, siguió caminando hacia las escaleras, con la cabeza gacha y el corazón aún más hundido que cuando salió.

Maddie lo observó en silencio, con una preocupación que no dijo en voz alta. Lo dejó ir, sabiendo que, cuando Sonic estaba así, las palabras no bastaban.

Sonic subió a su habitación y cerró la puerta tras de sí.

No encendió la luz. No tenía ganas de pensar. No tenía ganas de nada.

Se dejó caer sobre la cama, sintiendo cómo su propio cuerpo cedía ante el agotamiento.

Y, por primera vez en mucho tiempo, se permitió quedarse allí, sin fuerzas para fingir que estaba bien.

La noche se extendió como si el mundo entero hubiera caído en una oscuridad eterna. Las horas transcurrieron pesadas, lentas, arrastrando con ellas un silencio sofocante. Sonic, después de luchar contra el insomnio y los pensamientos que lo atormentaban, finalmente sucumbió al agotamiento, cayendo en un sueño profundo. Sin embargo, su descanso no era reparador; últimamente, cada noche se sentía igual. Como si su propia mente y cuerpo se negaran a permitirle un respiro, como si el descanso fuera un lujo que no merecía.

A la mañana siguiente, en la sala de estar, una conversación preocupada se desarrollaba entre la familia Wachowski. Maddie y Tom intercambiaban miradas inquietas, mientras Tails y Knuckles permanecían en silencio, observando con el ceño fruncido.

—No puede seguir así —dijo Maddie en voz baja, con los brazos cruzados.

—Ha estado más apagado de lo normal —agregó Tom, con un suspiro.

Desde hacía días, Sonic salía desde temprano y regresaba tarde, agotado y sin ánimo de hablar con nadie. Apenas comía, su energía característica se desvanecía poco a poco, y lo peor era que ni siquiera intentaba disimularlo.

—No ha comido bien en días —murmuró Tails, su expresión reflejando una mezcla de tristeza y frustración. — Apenas habla, y cuando lo hace, es como si ni siquiera estuviera ahí.

Knuckles apretó los puños, incómodo con la sensación de impotencia que lo invadía.

—Si sigue así, su cuerpo no lo soportará —dijo con seriedad. —No es normal que esté tan... derrotado.

Todos se quedaron en silencio por un momento. La preocupación pesaba en el aire como una sombra densa. Finalmente, Tails, con el corazón apretado y la determinación en sus ojos, se ofreció a hablar con él primero.

—Déjenmelo a mí —dijo, poniéndose de pie. —Intentaré hacer que hable.

Los demás asintieron, confiando en que, si alguien podía llegar a Sonic, era Tails. Con un último suspiro de preocupación, el joven zorro subió las escaleras con paso firme, decidido a encontrar la manera de ayudar a su mejor amigo.

Tails subió las escaleras con cautela, sintiendo cómo la preocupación pesaba en su pecho. Sonic no era alguien que se desanimara fácilmente, pero en los últimos días, algo en él había cambiado. Salía temprano, volvía tarde, apenas comía y siempre parecía agotado. Maddie, Tom y Knuckles estaban igual de preocupados, pero él había decidido hablar con su amigo primero.

Frente a la trampilla que conducía al ático de Sonic, tomó aire profundamente antes de levantar la mano y dar un par de golpes suaves.

—Sonic… ¿puedo pasar?.

No hubo respuesta.

Esperó unos segundos y, al no recibir señal alguna, entro a la habitación.

La habitación estaba en penumbras. Las cortinas cerradas apenas dejaban filtrar un poco de luz. Sobre la cama, Sonic yacía boca abajo, inmóvil, con el rostro hundido en la almohada y una postura que hablaba por sí sola: agotamiento, derrota… vacío.

Tails se acercó con cuidado y se sentó en el borde de la cama.

—Oye… —su voz fue suave, casi como un susurro—. Todos estamos preocupados por ti.

Sonic no se movió.

Tails bajó la mirada, frunciendo el ceño. No era la primera vez que lo veía cansado después de un largo día de correr por el mundo, pero esto era diferente. No era fatiga física… era algo más profundo.

—Sonic, mírame —pidió con un tono más firme.

Pasaron varios segundos antes de que su amigo hiciera el más mínimo gesto. Con una lentitud desganada, Sonic giró la cabeza lo justo para mirarlo de reojo. Sus ojos, normalmente llenos de vida y determinación, estaban apagados, opacos, con ojeras marcadas bajo ellos.

—No quiero hablar, Tails —murmuró con voz ronca, volviendo a esconder el rostro en la almohada.

Pero Tails no se rindió.

—Está bien… pero al menos dime qué está pasando.

Sonic suspiró pesadamente y cerró los ojos.

—No es nada.

Tails no le creyó ni por un segundo.

—Si no fuera nada, no estarías así. Apenas comes, apenas duermes… Sonic, dime la verdad.

Sonic tragó saliva. Una parte de él quería contarle todo, soltar el peso que lo estaba aplastando. Pero la otra… la otra se aferraba al silencio.

Entonces, sin pensarlo mucho, murmuró en voz baja:

—Yo… lo arruiné.

Tails parpadeó.

—¿Arruinaste qué?

Sonic apretó los labios, dándose cuenta de que había dicho más de lo que quería.

—Nada… olvídalo.

Pero ya era tarde.

Tails lo conocía demasiado bien como para ignorar algo así. Sonic nunca hablaba de esa manera, nunca sonaba tan… roto. Algo había pasado. Algo grande.

El zorro no insistió más en ese momento, pero mientras se levantaba y se dirigía a la puerta, su mente trabajaba a toda velocidad.

Cuando bajó las escaleras y se encontró con los demás, su expresión hablaba por sí sola.

—¿Y bien? —preguntó Knuckles, cruzado de brazos.

Tails exhaló lentamente.

—Algo pasó —dijo, mirando a todos con seriedad—. No sé qué, pero está cargando con algo… algo que lo está destrozando.

...

Los días siguientes, la casa de los Wachowski se llenó de una silenciosa preocupación. Todos a su manera, intentaban descubrir que le pasaba a Sonic o, al menos, animarlo un poco. Pero cada intento pareciera chocar con una pared invisible que Sonic había levantado a su alrededor.

Maddie fue la primera en intentarlo. Con sus instintos maternos, sabía que algo andaba mal, aunque Sonic no lo admitiera, así que hizo lo mejor que sabía hacer: cuidarlo.

Se aseguró que siempre hubiera comida caliente esperandolo cuando regresara, incluso cuando apenas tocaba el plato. Preparaba sus platillos favoritos, dejaba fruta lista en la mesa, y a veces entraba a su habitación con una taza de té caliente solo para sentarse en silencia a su lado. No le insistía en hablar, solo queria que supiera que estaba ahí para el.

—Sonic, cariño, al menos prueba un poco. Te sentirás mejor— dijo con suavidad dejando el plato cerca de el.

Pero la mayoría de veces, Sonic solo la miraba con una pequeña sonrisa cansada, murmuraba un "gracias" y luego volvía a perderse en sus pensamientos.

Tom, por su parte, intentó acercarse a él de una manera más sutil. No era alguien que presionará demaciado, pero tampoco podía quedarse de brazos cruzados viendo a Sonic apagarse de poco a poco.

Intento invitarlo a salir, a dar un paseo en la patrulla o en bote.

—Sonic, ven a darme una mano en el garaje, podríamos poner en marcha la vieja moto.

Pero Sonic solo respondía con un encogimiento de hombros y un "luego" que nunca llegaba.

Incluso probó con sus típicas bromas para sacarle una sonrisa, pero Sonic apenas reaccionaba. No era normal.

Tom sabía que sonic nesecitaba hablar, pero también sabía que no lo haría hasta que tuviera listo. Así que decidió hacer lo mismo que cuando lo encontró por primera vez: estar ahí, sin importar cuanto tiempo le tomará.

Knuckles, con su personalidad mas directa, no tenía tanta paciencia para rodeos.

—Muy bien, ¿qué te pasa?— le soltó un día mientras entrenaban en el patio trasero.

Sonic apenas esquivo un golpe y se alejo con pereza, sin la energía de siempre.

—Nada knux. Solo estoy cansado.

Knuckles frunció el ceño. Sonic nunca estaba solo cansado.

Intento provocarlo en la pelea, hacer que reaccionara, que se molestará, algo... Pero Sonic ni siquiera se molestó en responder con su típica arrogancia

—No es normal en ti— gruño Knuckles, cruzándose los brazos. —Si alguien te hizo algo, dime y le romperé la cara.

El de nudillos lo observó en silencio por un momento. No entendia del todo lo que pasaba, pero algo dentro de el, le decía que Sonic estaba peleando contra algo que no podía golpear con los puños.

Y eso lo frustraba.

Tails, por su parte, intentaba analizar la situación desde otro ángulo.

Se dedicó a observar a Sonic con más atención, buscando patrones en su comportamiento, algo que pudiera darle una pista.

Noto que, cada tarde, Sonic desaparecía por horas, siempre volviendo con la misma expresión vacia. Que cuando creía que nadie lo veía, miraba por la ventana con la mirada perdida.

Decidió seguirlo una mañana, manteniéndose a una distancia segura.

Lo vió dentranse al bosque. Al rato se detuvo en un árbol mirando alrededor, cómo si esperaba encontrar algo... o a alguien.

Y cuando se quedó allí, en absoluto silencio, con los hombros caídos y con la respiración pesada... Tails sintió que algo se encongia en su pecho.

Sonic no estaba perdido.

Estaba esperando a alguien.

Y quién fuera no había venido.