Chapter 3: Capitulo 2

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |Words: 12429

Entre el pasado y el presente

El viento soplaba suavemente entre los árboles del bosque, moviendo las hojas con un susurro tranquilo. El sol, filtrándose a través de las copas, pintaba sombras danzantes sobre la hierba. Era un día como cualquier otro en Green Hill, pero para Shadow, aquel día significaba algo más.

Desde lo alto de una de las ramas gruesas, observaba el sendero donde, muchas veces antes, había visto a Sonic correr. Sabía que tarde o temprano él aparecería. Sonic amaba la velocidad, amaba la libertad del viento contra su rostro, y el bosque era su escape favorito.

Shadow había esperado pacientemente ese momento. No porque temiera acercarse, sino porque quería hacerlo bien. No sabía qué esperar de Sonic, ni siquiera sabía qué esperaba de sí mismo. Solo sabía que debía hacerlo.

El sonido de unas hojas removiéndose lo sacó de sus pensamientos. Entonces, lo vio.

Sonic atravesaba el sendero con su velocidad característica, apenas dejando que sus pies tocaran el suelo. Su expresión reflejaba esa emoción pura que sentía al correr. Era un reflejo de la misma energía que Shadow recordaba haber visto en María cuando hablaba de sus sueños.

Shadow apretó los puños. No, no debía pensar en eso ahora.

Saltó de la rama con agilidad y aterrizó en el suelo sin esfuerzo. Dio un par de pasos adelante, situándose en el camino, justo cuando Sonic pasó cerca.

Fue cuestión de segundos.

Sonic frenó de golpe, dejando una marca en la tierra por la inercia. Su respiración acelerada por la carrera se detuvo de golpe, y un nudo se le formó en la garganta al ver la figura frente a él. Sus ojos se abrieron de par en par, incapaz de creer lo que estaba viendo.

—¿Sh-Shadow?.

La voz de Sonic se rompió por la sorpresa, pero rápidamente se transformó en una explosión de emoción. Estaba frente a él, a centímetros de su rostro, tan real como siempre. No podía creerlo.

Sonic parpadeó varias veces, tratando de procesar lo que veía. Recordaba el momento en que todo terminó, cuando la explosión del Cañón Eclipse iluminó el cielo. No lo había visto con sus propios ojos, pero Tails se lo había contado: Shadow se había quedado atrás, alejando la nave de la Tierra, sacrificándose en el proceso.

Era imposible, pero aquí estaba. Era él, tan vivo como el viento que movía las hojas a su alrededor.

Un sinfín de emociones invadió a Sonic. Su corazón latía con fuerza, casi al ritmo del viento que se colaba entre los árboles. La alegría se apoderó de él de inmediato, la incomodidad de la incertidumbre desvanecida por el simple hecho de ver a su amigo de vuelta.

—¡Shadow!— exclamó, su voz llena de incredulidad y alivio. No pudo evitar dar un paso adelante, una sonrisa amplia y brillante cubriendo su rostro. Estaba tan feliz que no podía dejar de reír levemente, como si temiera que todo fuera un sueño y, si lo decía en voz alta, desaparecería.

—¡No puede ser... Pero sí lo es! ¡Eres tú!— dijo, con una mezcla de asombro y alivio, mientras su cola se movía de un lado a otro, reflejando la felicidad pura que sentía. El erizo azul no podía contener el torrente de emoción que lo invadía al ver a su amigo ahí, de pie, frente a él.

Después de que la humanidad literalmente casi se extinga, nunca existió la posibilidad que Shadow haya sobrevivido a tal magnitud, ahora sabía que estaba totalmente equivocado.

Sin embargo, Shadow no respondió de inmediato. Su postura seguía rígida, su mirada fija en Sonic, como si estuviera evaluando cada movimiento, cada palabra. La alegría que Sonic sentía no parecía llegar a él.

—Pero... ¿cómo? ¿Cuándo? ¿Dónde has estado todo este tiempo?— preguntó Sonic, su voz temblando ligeramente, pero no por miedo, sino por la mezcla de emociones que sentía al mismo tiempo. La pregunta estaba en sus labios, pero las palabras no eran suficientes para expresar todo lo que sentía.

Shadow no respondió de inmediato. Su mirada permaneció fija en él, pero había algo en su postura que indicaba que no estaba listo para abrirse. En lugar de contestar, desvió brevemente la vista, mirando al suelo como si buscara las palabras correctas, pero no las encontraba.

—Estuve viajando.

—¿Viajando?— Sonic repitió, casi sin creerlo. Parpadeó varias veces, como si pensara que tal vez se había perdido algún detalle crucial. —¿Eso es todo? ¿Sin llamadas? ¿Sin señales de vida?

—No tenía razones para regresar— contestó Shadow, su tono seco, tan distante que Sonic sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

En realidad, el sí tenía una razón para estar ahí, pero no podía decirla. No podía explicarle que había venido a Green Hill porque, después de que lo haya vuelto a ver aquella vez, aún no entendía por qué Sonic despertaba en él una sensación tan similar a la que sentía con María. Sonic era todo lo opuesto a ella: impulsivo, temerario, a veces irritante. Y aun así... en su presencia, había algo que lo hacía sentir igual que cuando estaba con María. Shadow necesitaba respuestas, pero no podía compartir esa búsqueda con él.

Sonic entrecerró los ojos, un sentimiento de confusión mezclándose con la frustración que empezaba a surgir. ¿Cómo podía Shadow decir eso tan fríamente? Después de todo lo que habían vivido, después de lo que pasó...

—¿Qué clase de respuesta es esa?— preguntó, cruzándose de brazos, el calor de la frustración comenzando a hacerle hervir la sangre. Miró a Shadow, buscando en sus ojos algo, cualquier cosa que explicara esa frialdad. —¿Sabes lo que todos pensamos? ¿Lo que yo pensé? Que habías... Muerto...— tragó saliva, y por un segundo la rabia y la tristeza se mezclaron en su rostro, suavizándose de repente. —Pensé que te habías ido para siempre.

Al escuchar esas palabras, frunció el ceño. Se habría imaginado que Shadow no era el tipo de persona que hablara de sus sentimientos, pero no podía evitar preguntarse qué tanto había estado lidiando en ese tiempo.

Shadow lo miró fijamente por un momento, pero no dijo nada. En su mirada había una mezcla de agotamiento y una cierta apatía, como si lo que Sonic preguntaba no tuviera respuesta. Su cuerpo seguía erguido, pero el peso de sus palabras estaba claramente presente.

Pero no respondió. Su mirada fija en el horizonte, sus labios apretados en una línea recta. A Sonic le pareció que algo en él había cambiado. El reencuentro no era lo que esperaba. La calidez que sentía al saber que Shadow estaba de vuelta se mezclaba con un dolor que no lograba comprender.

Por un momento, el erizo negro cerró los ojos y habló, con una voz que era difícil de leer.

—Cuando desperté, estaba solo. No sabía dónde estaba ni cómo había sobrevivido. Así que caminé. Fui de un lugar a otro, buscando respuestas. Pero lo único que encontré fueron más preguntas.

Sonic, al escuchar esas palabras, sintió que el mundo se volvía más denso a su alrededor. No era solo un regreso físico. Shadow había estado sufriendo, solo, sin saber qué hacer con todo lo que había pasado. Sonic podía escuchar el peso de cada palabra, el dolor que se escondía detrás de su frialdad.

El silencio entre ellos se alargó, solo interrumpido por el susurro del viento entre los árboles. Sonic seguía observando a Shadow con la esperanza de obtener más respuestas, pero el erizo negro no parecía dispuesto a darlas.

De pronto, un sonido agudo rompió la tensión.

Sonic parpadeó, sacudido por la repentina vibración. Rápidamente sacó su celular, un pequeño dispositivo que llevaba en un bolso marrón atado a su costado. Al ver el nombre en la pantalla, contestó de inmediato.

—¡Hey, Tom!— saludó, intentando sonar normal a pesar de la sorpresa y el torbellino de emociones que sentía.

La voz de Tom resonó al otro lado de la línea.

—Sonic, la cena está casi lista. Maddie preparó tu comida favorita. No tardes mucho, ¿de acuerdo?

Sonic miró de reojo a Shadow, quien permanecía impasible, con los brazos cruzados. Durante un breve segundo, Sonic consideró la idea de contarle a Tom lo que acababa de ocurrir, pero decidió guardárselo por ahora.

—¡Voy en un rato!— respondió con rapidez.

—Bien, pero no te distraigas demasiado— advirtió Tom con tono paternal.

—Sí, sí, lo prometo— rio Sonic, antes de colgar.

Guardó el celular de vuelta en el bolso y se giró hacia Shadow con una sonrisa fácil y natural, como si la llamada hubiera disipado un poco la tensión.

—Oye, ¿qué te parece si vienes conmigo?— preguntó con entusiasmo. —Podríamos ponernos al día, Tom y Maddie son geniales, y además...— hizo una pausa, mirándolo con expectativa. —Vamos, Shadow, es una buena oportunidad para que descanses un poco—.

Shadow negó con la cabeza casi de inmediato.

—No— respondió con firmeza.

—Oh, vamos— insistió Sonic, sin desanimarse. —No tienes que quedarte mucho tiempo, pero al menos podrías cenar algo. Seguro que...

—No— repitió Shadow, esta vez con un tono más seco.

Sonic suspiró suavemente, rindiéndose por el momento. No quería forzarlo, pero tampoco quería dejarlo así, con tantas cosas sin decirse.

—Bien... entonces, ¿te veré mañana?— preguntó con un tono más tranquilo, mirándolo con una expresión sincera. —Aquí, a la misma hora.

Shadow no respondió de inmediato. Algo en esa sonrisa de Sonic, en la ligereza con la que lo decía, hizo que su pecho se sintiera extraño por un instante. Era una sensación que conocía bien, una que no esperaba volver a experimentar.

Se parecía demasiado a la sonrisa de María.

No supo por qué, pero en ese momento no pudo negarse.

—Haz lo que quieras— murmuró finalmente, desviando la mirada.

Sonic sonrió con más amplitud.

—¡Entonces es un trato!

Se quedó un momento más, observando a Shadow como si quisiera asegurarse de que realmente estaba ahí, de que no era solo una ilusión creada por su mente. Luego, con un último gesto de despedida, giró sobre sus talones y comenzó a correr de vuelta a casa, dejando atrás una ráfaga de viento y hojas sueltas.

Shadow permaneció en el mismo sitio, observando la silueta de Sonic alejarse hasta que desapareció entre los árboles.

No entendía por qué, pero la sensación en su pecho no desapareció.

Y tampoco la imagen de aquella sonrisa.

Shadow se quedó quieto, su mirada perdida en el sendero vacío por donde Sonic había desaparecido. La brisa seguía moviendo las hojas con suavidad, pero en su interior, el eco de esa sonrisa aún persistía.

No entendía por qué le afectaba tanto. No entendía por qué, después de tantos años, algo tan simple como una sonrisa podía hacer que su mente viajara de regreso a un tiempo que ya no existía.

"Haz lo que quieras."

Sus propias palabras resonaban en su cabeza. No había sido una aceptación real, ni una promesa, pero de algún modo sabía que estaría ahí mañana.

Exhaló lentamente, como si intentara deshacerse de esa sensación incómoda en su pecho. Luego, sin más, giró sobre sus talones y comenzó a caminar entre los árboles. Sus pasos eran silenciosos, precisos, casi como una sombra deslizándose en la oscuridad.

No tenía un destino fijo, solo quería moverse. Mantenerse en movimiento era lo único que evitaba que su mente divagara demasiado.

El cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados, la tarde dando paso al crepúsculo. Mientras avanzaba entre los árboles, escuchaba el sonido de los grillos y el suave murmullo del viento. Había pasado meses viajando, observando el mundo sin ser visto, sin interactuar realmente con nadie.

Y sin embargo, hoy había dado un paso en una dirección diferente.

"¿Por qué Sonic?"

Se lo había preguntado muchas veces. Desde aquella primera vez que lo vio en París, hasta el momento en que decidió seguirlo hasta Green Hill. Sonic era lo opuesto a todo lo que él representaba: ruidoso, impulsivo, siempre avanzando sin mirar atrás.

Pero... en su presencia, había algo familiar. Algo que lo hacía sentir como cuando estaba con María.

Shadow se detuvo por un momento y miró hacia el cielo. La primera estrella comenzaba a brillar entre los últimos rastros de luz.

No tenía todas las respuestas, y quizás no las encontraría nunca. Pero había una certeza que no podía negar.

Mañana, volvería a verlo.

Y tal vez, poco a poco, entendería el por qué.