Chapter 22: Capítulo 21

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |Words: 26077

Caminos separados, destino entrelazados

"Te quiero contar algo...

El destino no es solo un camino recto para ellos, querido lector. Es una serie de encuentros y desencuentros, de luces y sombras que se cruzan, se tocan y luego se separan. Cada estrella en el cielo tiene su papel que jugar, empujando a Sonic y Shadow hacia una verdad que aún no comprenden. Cuando se encuentran por primera vez, las estrellas parecen guiarlos hacia un choque de emociones, de miradas que dicen mucho sin palabras. Es un momento de tensión, una explosión de energía, como dos estrellas que colisionan, causando destellos que podrían iluminar todo el universo. Pero ese choque también deja una herida, un vacío, una brecha entre ellos que el destino les ha colocado para que lo sanen, si se atreven a hacerlo.

A lo largo de su viaje, las estrellas no dejan de jugar con ellos. A veces los acercan, como si empujaran a Sonic hacia un Shadow más vulnerable, más dispuesto a abrirse. Otras veces, las estrellas los separan, permitiendo que el dolor, los malentendidos y los miedos oscurezcan su conexión. Pero siempre están ahí, las estrellas, observando, guiando, y esperando el momento en que ambos, por fin, se den cuenta de lo que realmente significa estar bajo el mismo cielo, de lo que significa compartir la luz y la oscuridad, el dolor y la esperanza, sin huir de ello.

El destino juega con ellos, pero lo hace para que encuentren algo más profundo que solo sus propios caminos. Les muestra que sus destinos no son independientes, que su viaje juntos, aunque incierto, es lo que les permitirá sanar, crecer y, tal vez, entender el verdadero significado de lo que la luz de las estrellas les ha estado susurrando todo este tiempo: que, en el cruce de sus destinos, siempre hay un lugar donde el dolor puede ser transformado en algo nuevo, algo que ambos necesitan para seguir adelante.

Así, bajo el mismo cielo estrellado, Sonic y Shadow descubren que no son solo dos almas que, aunque marcadas por el tiempo y las sombras del pasado, tienen el poder de transformarse mutuamente. Las estrellas, con su luz constante, les recuerdan que, en cada paso, no están solos. El destino, aunque incierto, siempre tiene una razón, y en su cruce, se encuentra la posibilidad de un nuevo comienzo. Al final, lo que importa no es cuántas veces el camino los separe, sino cuántas veces el universo, con su infinita paciencia, los reúne para seguir adelante.

Así, querido lector, el viaje de Sonic y Shadow se convierte en el tuyo, en un recordatorio de que, a pesar de las distancias y los desencuentros, siempre hay algo más grande que los une, guiándolos hacia lo que realmente importa."

...

¿Alguna vez has sentido ese peso aplastante en el pecho, ese nudo en el estómago que no desaparece, no importa cuántas veces lo intentes?

Esa sensación de saber que has hecho algo irreversible, de que has roto algo que nunca debería haberse tocado. Eso es lo que Shadow siente en este momento. Pero lo que nadie ve, cómo le quema el alma por dentro, cómo esas palabras, esas decisiones que tomaron solo segundos en su mente, lo siguen atormentando como un eco constante.

El arrepentimiento... esa palabra tan pequeña pero de un poder tan destructivo, era el veneno que lo consumía, haciéndolo preguntarse, una y otra vez, cómo pudo ser tan ciego. ¿Cómo había arruinado algo tan importante para alguien que siempre había estado allí? ¿Cómo había herido a la única persona que lo había tratado como algo más que una sombra del pasado?

Las palabras de Sonic volvieron a su mente con la misma intensidad de aquel día, el día en que, sin previo aviso, tuvo que irse.

-"Acabas de destruir el único recuerdo que me importaba... Ojalá, nunca hubieras aparecido en mi vida."- Cuando vio en esos ojos, llenos de un dolor que lo atravesaba, algo en su interior se quebró irremediablemente. Pero lo peor no fue el golpe en sí; lo peor fue la comprensión, la certeza de que había cruzado una línea sin retorno.

Desde entonces, ese eco no lo ha dejado en paz.

Es como si una parte de él estuviera gritando en silencio, pidiendo perdón, rogando por una segunda oportunidad. Pero sabe que no la tiene. El daño ya está hecho. ¿Cómo puedes pedir perdón por algo tan grande, por algo que no se puede deshacer?

El arrepentimiento es una cadena que lo mantiene prisionero, una que se enrolla alrededor de su corazón y lo aprieta con cada pensamiento. Cada vez que cierra los ojos, ve la cara de Sonic, la tristeza reflejada en sus ojos, y la culpa se vuelve más insoportable.

¿Sabes qué es lo peor del arrepentimiento?

Es que, aunque te consume, no te da respuestas. No hay consuelo. No hay forma de volver atrás. Solo queda vivir con el peso de lo que hiciste, con la certeza de que algo valioso se ha ido. Pero, al mismo tiempo, esa culpa se convierte en un impulso. Un deseo, casi desesperado, de arreglar las cosas, aunque no tengas idea de cómo.

Shadow, al igual que cualquiera que se arrepiente profundamente, no sabe cómo puede volver a ganarse la confianza, cómo puede recuperar lo que una vez tuvo. Pero, a pesar de todo, hay algo en su interior que lo mantiene de pie. Tal vez sea la esperanza de que, incluso después de haberlo roto todo, aún queda algo por salvar. Pero esa esperanza... es pequeña. Y el camino hacia la redención, es largo y oscuro.

Este es el peso que Shadow lleva ahora. Un peso que lo hace dudar de sí mismo, que lo hace desear no haber dejado que la rabia lo cegara, no haber permitido que el orgullo y el dolor hablaran por él antes de que pudiera detenerse. No fue una decisión premeditada, no fue algo que pensara con claridad. Fue un instante, un momento en el que el enojo nubló su juicio y sus palabras se convirtieron en cuchillas antes de que pudiera darse cuenta del daño que causarían.

Porque cuando Sonic le dijo que la próxima vez no se molestara en rescatarlo, que nadie le había pedido que lo hiciera, fue como un golpe directo al ego, un desafío que no podía ignorar.

No entendió por qué esas palabras le dolieron tanto. No entendió por qué sentio que su ayuda no significaba nada le dejó un vacío tan punzante en el pecho. Solo supo que le importaba. Porque la verdad era que sí quería salvarlo. No por obligación, no porque fuera su deber... sino porque simplemente quería hacerlo. Y no entendía por qué.

Desde entonces, el silencio lo persigue.

Shadow no lo notó al principio. En los primeros días, su propia ira disfrazada de orgullo lo mantuvo ocupado. Trató de convencerse de que tenía razón, de que lo que hizo no había sido tan grave, de que Sonic lo entendería con el tiempo. Pero ahora, sentado en lo alto del viejo árbol, ese donde tantas veces lo había visto correr desde la distancia, el vacío se siente insoportable.

No es solo culpa. Es un vacío punzante, como si le hubieran arrancado algo sin previo aviso. Shadow no sabe qué lo causa, pero algo le falta. La soledad nunca lo asustó, pero esta vez es diferente. Algo en su pecho duele cada vez que piensa en él. La ausencia de él se siente de una manera que no puede entender.

En cada sombra, en cada ráfaga de viento, su mente regresa a Sonic: sus palabras, su risa, esa luz que siempre irradiaba. Ahora, al darse cuenta de que todo eso podría no volver a estar, el vacío se hace más grande.

No quiere aceptar lo que siente, no quiere darle nombre a este dolor. Porque si lo hace, significaría que ha perdido algo más que un compañero o rival. Y eso lo aterra. Si acepta lo que su corazón le dice, tendrá que enfrentarse a algo que no sabe cómo manejar.

Han pasado dos semanas desde aquella conversación, y el invierno ha cubierto el bosque con su manto helado. Las ramas desnudas del árbol se alzan como huesos petrificados contra el cielo gris. La nieve cruje bajo su peso, el viento gélido corta su piel... pero nada de eso se compara con el frío que siente dentro.

Sonic no ha vuelto.

No lo ha visto correr por el bosque, no ha escuchado su risa resonar entre los árboles, no ha sentido su energía vibrar en el aire. No hay pasos veloces, ni bromas lanzadas sin pensar, ni esa molesta y reconfortante voz llamándolo sin invitación. Solo hay un silencio hueco, opresivo.

Y el silencio pesa más que cualquier palabra de enojo.

Shadow clava la vista en el horizonte. El sol se arrastra hacia el ocaso, tiñendo el cielo de rojo, como si el día también estuviera desangrándose. Hay algo trágico en esa imagen, algo que lo hace sentir más pequeño. Más solo.

¿Qué está esperando?

¿Que Sonic aparezca de repente y le hable como si nada hubiera pasado? ¿Que el tiempo borre lo que hizo, que la herida sane por sí sola?

Qué ingenuo.

No es así como funcionan las cosas.

El daño está hecho.

Cierra los ojos y respira hondo, pero solo consigue llenarse de más vacío. Lo que había entre ellos, esa conexión que alguna vez pareció inquebrantable, ahora es un hilo frágil al borde de romperse. Y la única persona que podría sostenerlo, la única persona que podría darle la oportunidad de arreglarlo... está demasiado lejos.

O peor aún.

Tal vez ya ni siquiera quiera estar cerca.

Shadow no sabe qué duele más: la posibilidad de que Sonic nunca lo perdone o la certeza de que, al final, tal vez lo perdió para siempre.

Ahora aqui de nuevo bajo las estrellas las únicas que lo han acompañado en esta vida le preguntaba a ellas que debía hacer ahora, la culpa lo estaba como ahogando. Las únicas testigos de su soledad, Shadow cerró los ojos y dejó que el frío viento de la noche le susurrara al oído. No buscaba respuestas, pero el peso en su pecho exigía una.

¿Qué debía hacer ahora?

Por primera vez en mucho tiempo, no tenía un camino claro frente a él. Se sentía atrapado en un punto muerto, dividido entre el orgullo y el arrepentimiento, entre la necesidad de quedarse y el impulso de huir. Miró hacia el cielo, donde incontables estrellas parpadeaban con indiferencia, como si sus dilemas no significaran nada en el vasto universo. Pero en el fondo, Shadow quería creer que al menos una de ellas le estaba prestando atención.

-María... -susurró en voz baja, sin darse cuenta.

El sonido de su propio aliento se perdió en la brisa helada. Hacía tanto que no pronunciaba su nombre en voz alta, tanto que casi temía que el viento lo llevara lejos y lo deshiciera como si nunca hubiera existido.

¿Qué harías tú en mi lugar?

Su mente no le dio una respuesta clara, pero en lo más profundo de su ser, Shadow ya sabía lo que María habría dicho. Ella siempre había creído en él, incluso cuando él mismo no podía hacerlo. Ella lo habría animado a seguir adelante, a buscar una razón más allá del dolor y del miedo.

Pero... ¿y si no había razón?

Si se quedaba, ¿qué sentido tenía? Sonic no quería verlo. No lo había buscado, no había intentado hablar con él.

Ni él a Sonic.

¿Para qué seguir en un lugar donde solo era una sombra indeseada? Tal vez lo mejor era irse, perderse de nuevo en el mundo, como siempre lo había hecho.

Sin embargo... algo dentro de él se resistía.

No podía ignorar el hecho de que había venido a Green Hill por una razón. Y esa razón tenía un nombre, un rostro, una risa que ahora solo podía recordar con un dolor punzante en el pecho. Sonic lo había traído hasta aquí, aunque aún no sabía porque. Desde aquel primer momento en que lo vio en París, sin entender por qué su presencia lo atraía tanto, hasta ahora, cuando el simple hecho de estar lejos de él hacía que todo se sintiera hueco.

Si se iba ahora, ¿qué quedaba para él?

¿Seguir viajando sin rumbo, como un espectro errante, observando el mundo pero sin pertenecer a ningún lugar? ¿Seguir huyendo de algo que ni siquiera entendía?

La idea le revolvió el estómago.

Apretó los puños y bajó la mirada. El suelo cubierto de nieve crujió bajo sus botas cuando dio un paso hacia adelante, como si estuviera a punto de tomar una decisión.

Pero, en el último momento, se detuvo.

No podía moverse. Estaba estancado.

Y entonces, otra vez.

Ese susurro.

Tan tenue, tan persistente, como un eco lejano que se filtraba en su mente, arrastrándose por su piel con una sensación que lo inquietaba. Últimamente, se había vuelto más frecuente, más insistente. Al principio, apenas lo notaba, como un pensamiento pasajero. Pero ahora... ahora lo sentia con mas claridad.

No era solo una voz en su mente. Era algo más profundo. Algo que le recorría los músculos, que se aferraba a sus nervios como si su propio cuerpo estuviera respondiendo antes que él.

Una punzada en el pecho. Un escalofrío en la columna. Un ligero hormigueo en los pies, como si estuvieran listos para moverse por su cuenta.

Shadow respiró hondo, clavando las botas en la nieve, como si así pudiera anclarse a la tierra y resistirse a ese impulso traicionero.

-No... -cerró los ojos con fuerza, negándose a ceder.

Ese susurro lo empujaba a hacer algo. A moverse. A ir en su búsqueda.

No era la primera vez. La última vez que lo escuchó, se dejó llevar por el momento... y todo acabó en ruinas.

"No lo arruines otra vez."

Esa voz, ese impulso, era lo que lo había llevado a esa discusión en primer lugar. A ese momento donde todo se desmoronó frente a él. La última vez creyó que estaba haciendo lo correcto... y solo terminó lastimándolo más.

Quería ignorarlo. Quería acallar esa voz dentro de él. Pero ahí estaba.

Ese maldito susurro no desaparecía.

Y lo peor de todo... era que, en el fondo, parte de él quería escucharlo.

...

Shadow seguía inmóvil, atrapado entre la duda de quedarse o marcharse. La nieve descendía en un silencio etéreo, posándose sobre el suelo con una delicadeza que contrastaba con el filo del viento helado, cortante como una navaja. Su aliento, irregular y denso, emergía en nubes fantasmales que se desvanecían en la penumbra, como ecos de un pensamiento que se negaba a desaparecer.

Entonces, el aire cambió.

No fue un sonido evidente ni un movimiento brusco. Fue algo más sutil. Una vibración apenas perceptible, como un murmullo mecánico arrastrado por el viento.

Sus ojos se abrieron de golpe.

El frío pasó a un segundo plano, reemplazado por una alerta instintiva que le tensó los músculos. Algo no estaba bien.

Entre los árboles cubiertos de nieve, un pequeño destello rojo parpadeó. Un dron.

El leve zumbido de su sistema de propulsión flotó en el aire, mezclándose con el silbido del viento. No era el mismo dron que había enfrentado con Sonic. Ese había sido destruido. Entonces... ¿quién lo había enviado esta vez?

Una sensación incómoda se deslizó por su espalda, una mezcla de sospecha y algo más peligroso.

No pensó más. Se impulsó hacia adelante, la nieve explotando bajo sus pasos mientras se lanzaba en persecución. El dron se movió con rapidez, zigzagueando entre los árboles en un intento de perderlo, pero Shadow era más rápido. Sus ojos no se apartaban del parpadeo rojo que se alejaba en la oscuridad.

Estaba a punto de alcanzarlo cuando lo sintió.

Un segundo zumbido, más grave, más denso.

La alerta fue inmediata. Giró en el aire, sus reflejos afinados por la constante tensión, respondiendo antes de que su mente pudiera procesar el peligro.

Y entonces los vio.

Luces rojas. Una decena surgiendo de la nada, como ojos encendidos en la negrura del bosque.

Aterrizó con fuerza, sus botas hundiéndose en la nieve. La adrenalina era un nudo ardiente en su pecho mientras sus ojos recorrían las sombras.

No era solo un dron.

Eran muchos.

A su derecha. A su izquierda. Sobre él.

Cada uno flotando con una precisión antinatural, pequeños y compactos, pero afilados como navajas. No era la tecnología de GUN. No eran máquinas diseñadas para vigilar.

Eran cazadores.

Uno de los drones se deslizó al frente y proyectó una imagen holográfica. La luz azulada iluminó la nieve con un resplandor frío.

Shadow entrecerró los ojos, su ceño fruncido endureciendo su expresión.

Reconocía ese rostro.

El hombre que apareció en la proyección tenía el mismo porte imponente de siempre, pero algo en él había cambiado. Las gafas oscuras ocultaban su mirada, y su abrigo largo ondeaba con el viento virtual, pero su expresión... su expresión era distinta.

Había algo sombrío en ella. Algo tenso. Algo que le hizo sentir que lo que venía no sería un simple enfrentamiento.

Sino algo mucho peor.

-Stone. -La voz de Shadow salió como un gruñido, la furia invadiéndolo al instante.

El hombre sonrió levemente, pero en su expresión no había amabilidad. Solo un frío desprecio.

-Ah, Shadow. Tanto tiempo... Me alegra verte funcional después de tanto. -dijo, y su voz sonó como un susurro envenenado.

Shadow no respondió de inmediato. Lo estudió con cautela. Este no era el mismo Stone que alguna vez sirvió bajo las órdenes de Eggman. Algo en su mirada delataba la obsesión que lo consumía, la sed de venganza.

-¿Fuiste tú quien envió estos drones? -preguntó Shadow, manteniendo la mirada fija en él, su voz cargada de desconfianza.

Stone lo miró con una sonrisa sibilina, casi como si estuviera disfrutando de la confusión de su ex compañero.

-Por supuesto. Y qué suerte la mía -dijo con calma y sarcasmo, acomodándose las gafas-. Pensé que tendrías la sensatez de abandonar este pueblo sin sentido, pero mírate... Sigues aquí, eso cambia un poco mis planes.

Shadow apretó los puños, sus ojos ardiendo con una furia contenida. El aire a su alrededor se volvía denso, cargado de tensión, como si la misma atmósfera lo rechazara.

-¿Qué quieres?

La sonrisa de Stone se amplió, pero sus ojos, ocultos tras las gafas negras, no podían esconder el rencor que se agazapaba en su mirada.

-La verdadera pregunta es... ¿qué crees que quiero?

Un escalofrío recorrió la columna de Shadow mientras la imagen holográfica parpadeaba, distorsionándose brevemente antes de que Stone continuara, su tono más oscuro, más venenoso:

-No estás en mi lista de prioridades, Shadow. Tú no eres el proyecto perfecto. No para mí. Pero él sí lo es.

Shadow sintió una punzada de incomodidad, una mezcla de rabia y rechazo. Sabía exactamente de quién hablaba. La mención de Sonic bastaba para que su pecho comenzara a arder.

-No te atrevas...

Stone se inclinó hacia la proyección, su sonrisa tomando una calidad aún más sádica, más cruel.

-Oh, pero claro que lo haré -la voz de Stone retumbó con odio, como si cada palabra estuviera impregnada de veneno-. Sonic me lo quitó todo. Mi compañero, mi amigo... A Ivo... Todo comenzó con él, lo llevó a la locura, a la obsesión con obtener su poder, de destruirlo, a su final. Y yo... cumpliré su deseo de conquistar el mundo. Su muerte será lo que me empuje a completar mi venganza.

El aire pareció volverse aún más denso, el frío ya no era nada comparado con la tensión palpable entre ellos. La furia de Stone era tangible, y su deseo de venganza estaba tan arraigado en su ser que ya no quedaba lugar para la razón.

-¿Quieres venganza? -Shadow lo miró con desprecio, su voz cargada de amargura-. ¿Es por eso que te hundiste en este estado?

-No solo quiero venganza -susurró Stone, inclinándose levemente hacia la proyección, sus ojos brillando con una intensidad enfermiza-. Tambien quiero a Sonic.

La confesión hizo que Shadow sintiera un escalofrío recorrer su columna. La rabia en su pecho se intensificó.

-¿Para qué?

Stone sonrió, una sonrisa vacía, carente de humanidad, como si ya no quedara nada de la persona que una vez fue.

-Para quebrarlo. Para arrancarle cada vestigio de voluntad, destrozar su alma. Y cuando el mundo lo vea desplomarse... será el espectáculo más satisfactorio.

Locura. Eso era lo que veía en los ojos de Stone. Algo mucho más oscuro que la simple venganza. Una obsesión malsana, un deseo de poder que había consumido cada parte de su ser.

La muerte de Eggman lo había afectado profundamente. Aunque su relación con el doctor siempre había sido una mezcla de admiración y resentimiento, la pérdida de su mentor, su líder, había dejado una grieta en su mente, en su corazón, una herida que jamás sanó. Esa ausencia solo había intensificado su locura. Sin Ivo, Stone ya no tenía a nadie que lo frenara.

Eggman había sido un genio obsesionado con el dominio, pero Stone... Stone era otra cosa. Era un hombre roto, atrapado en su propia obsesión enfermiza. Y eso lo hacía más peligroso.

-Te equivocas si crees que podrás tocarlo -advirtió Shadow, su voz cargada de una amenaza que cortaba el aire como una espada afilada.

Un destello de furia recorrió sus venas. Los puños de Shadow se apretaron con tal fuerza que se podía ver la tension en sus manos, y sus ojos brillaron con intensidad, reflejando la ira que hervía dentro de él. Un torrente de energía roja comenzó a brotar a su alrededor, como si la furia misma lo envolviera en un aura peligrosa. El aire se volvió espeso, vibrando con la electricidad que emergía de su cuerpo. Estaba a punto de perder el control.

Stone soltó una pequeña risa, como si las palabras de Shadow fueran un juego que ya no tenía importancia.

-¿Y quién me va a detener? ¿Tú?

Con esas palabras, los drones a su alrededor activaron sus cañones, sus luces rojas parpadeando al unísono, sincronizadas como si fueran parte de una danza mortal.

El zumbido metálico de las armas al activarse se mezcló con el crujido de la nieve bajo los pies de Shadow. Estaba rodeado.

Stone sonrió, su expresión se tornó más siniestra mientras observaba la reacción de Shadow. Era como si todo lo que había dicho hasta ahora fuera solo un preludio, un juego que finalmente iba a tomar un giro más oscuro.

-Tengo una mejor idea, Shadow. -dijo Stone con calma, su voz cargada de veneno-. Únete a mí. Al fin y al cabo, estábamos en el mismo bando. Podríamos hacer que la humanidad pague por la muerte de María y de Ivo de una vez por todas... Ayúdame a atrapar a Sonic.

El aire alrededor de ellos se tensó. Shadow lo miró fijamente, su rostro imperturbable, pero dentro de él, algo comenzó a hervir. La mención de María, de su amiga, de su dolor, lo hizo sentir una punzada en el pecho. Pero también sabía que Stone estaba jugando con fuego.

Sin responder, Shadow desenvainó su energía oscura con un solo movimiento, destruyendo con precisión uno de los drones que flotaba cerca de él. La explosión iluminó la oscuridad de la noche, pero no cambió la atmósfera fría que se había creado entre ellos.

Stone observó el dron caer, la chispa de ira en los ojos de Shadow no pasó desapercibida.

-Bien, ya entendí tu respuesta... -dijo Stone, su tono sin emoción, casi despectivo-. Solo te diré una cosa... no te metas en mi camino.

El viento helado parecía envolver a Shadow mientras su mirada se clavaba en la figura proyectada de Stone. La amenaza era clara, el desafío, absoluto.

-Te juro que te voy a encontrar -dijo Shadow con voz baja, pero llena de una determinación que cortaba como un filo afilado-. No me importa lo que tenga que hacer.

Las palabras de Shadow colisionaron con la fría noche, resonando con una fuerza palpable. No era solo una amenaza vacía. Era una promesa.

Mantuvo la mirada fija en la imagen de Stone, sintiendo cómo su pulso se aceleraba. No por miedo, sino por la furia que se encendía en su interior como un incendio imparable. Sus manos se cerraron en puños, los músculos tensos, listos para la batalla. Pero sabía que caer en la provocación de Stone no serviría de nada. No ahora.

Stone se quedó en silencio por un momento, observando a Shadow como si intentara leer en su expresión. Luego, una sonrisa cruel se dibujó en sus labios.

-Intenta, te reto, pero... Quizás ya sea tarde para tu amigo -dijo Stone con una sonrisa ladeada, disfrutando de cada segundo de la incertidumbre de Shadow.

Los drones comenzaron a elevarse al unísono, como si una orden silenciosa los hubiera activado. Luego, uno a uno, se desvanecieron en la negrura del bosque, dejando solo el eco de su zumbido metálico en el aire. La nieve bajo los pies de Shadow crujió cuando dio un paso al frente. Su mirada estaba fija en el vacío donde segundos atrás había estado la proyección de Stone.

Inspiró hondo, controlando la ira que amenazaba con consumirlo. Luego, con una voz firme y cortante como una hoja de acero, pronunció su advertencia:

-Si crees que lo tocarás, tendrás que pasar sobre mí primero. Y te aseguro, Stone... que eso nunca pasará.

Sin perder más tiempo, Shadow desapareció en la penumbra, dejando tras de sí el eco de su promesa. Una promesa que las mismas estrellas parecían haber escuchado, tomándola como una decisión irrevocable.

El destino los volvía a entrelazar, una vez más. El peso de esa verdad se cernía sobre él, pero esta vez, no era solo la rabia lo que lo impulsaba. Tenía en mente buscar a Sonic, advertirle del peligro que lo acechaba. Pero una duda le atravesó el pecho como un puñal. ¿Sería capaz de mirarlo a los ojos? ¿Podría hablarle, siquiera escucharle? ¿O el daño que había causado entre ellos sería insuperable?

Las palabras de Stone resonaban como una amenaza, pero había algo más en lo que Shadow no había pensado antes. Un impulso que nunca había considerado de forma clara: el deseo de proteger a Sonic. No era solo desquité lo que lo consumía. La ira, sí, la sentía. Pero esa necesidad de mantener a Sonic a salvo había echado raíces en él de manera más fuerte de lo que admitía. Era como una necesidad inexplicable, una convicción de que su error debía corregirse.

No permitiría que otro mal se cerniera sobre él. Sonic no merecía ser arrastrado a la oscuridad, ni ser víctima de la locura de alguien como Stone. Tal vez, tal vez el destino le estaba dando una última oportunidad para redimir su error, para protegerlo, para mantenerlo a salvo. No solo para vengarse, sino para enmendar lo que había hecho mal.

Lo pensó. Pero ya no quedaba tiempo. Ya no había marcha atrás.

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