Chapter 2: Capitulo 1

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |Words: 11160

La luz de una estrella extinta

Después que el "Cañón Eclipse" se desintegró en una explosión cegadora, una imagen imborrable para todos los que la presenciaron. En ese instante, la luz de la nave deslumbró el cielo y su vibración resonó por todo el planeta. Y allí, en medio de la catástrofe y la destrucción, Shadow había tomado una decisión que cambiaría su destino para siempre. Sabía que su sacrificio era la única forma de evitar la devastación global. El impacto de la explosión lo arrastró hacia la oscuridad, y el mundo, en su última esperanza, quedó en silencio.

Pero Shadow no había muerto.

Despertó en un terreno desconocido, con el cuerpo adolorido y la mente envuelta en una bruma densa. La luna iluminaba su rostro, pero la única compañía que tenía era la frialdad de la noche y el peso que se asentaba en su pecho. Lo había logrado. Había salvado el planeta... pero, ¿a qué precio? María ya no estaba. Su sacrificio no traía consuelo, solo vacío.

Las estrellas brillaban sobre él, inalcanzables. Cerró los ojos con fuerza, tratando de aferrarse a algún pensamiento que lo anclara a la realidad. Pero solo un nombre regresaba a su mente.

María...

Dos meses pasaron, y Shadow se convirtió en un espectador del mundo. No formaba parte de él, pero tampoco desaparecía por completo. Viajó por ciudades desconocidas, observando a la gente desde la distancia, intentando comprender qué significaba seguir adelante. Pero no importaba cuán lejos llegara, la imagen de María lo perseguía con una intensidad que parecía imparable.

Su sombra lo perseguía. En cada ciudad que visitó, en cada rincón del mundo donde se ocultó, en cada amanecer solitario donde intentó encontrarle sentido a su existencia. Pero no importaba cuán lejos llegara, la imagen de María lo perseguía como una sombra imposible de ignorar. Y en su interior, la pregunta que jamás había podido responder seguía atormentándolo:

¿Por qué no pude salvarla?

En algún punto de su viaje, Shadow había vuelto a los restos del laboratorio de GUN. No sabía qué esperaba encontrar allí, solo que su corazón lo había guiado de manera incontrolable. Sin embargo, lo que encontró fue desolador.

Los pasillos donde alguna vez corrió junto a María estaban destruidos. Las paredes agrietadas, los escombros acumulados en el suelo, los cristales rotos reflejando la poca luz de la luna. Nada quedaba de aquel lugar que alguna vez fue su hogar.

Caminó con pasos lentos, sintiendo el crujir del polvo bajo sus zapatos. Recordaba cada rincón, cada sala donde María y él pasaban las horas. Se detuvo frente a lo que solía ser la sala de recreación. El suelo estaba cubierto de escombros, pero entre ellos, reconoció algo.

Un viejo cuaderno de dibujo, sus páginas amarillentas por el tiempo. Lo recogió con cuidado, sacudiendo el polvo.

En su interior, los trazos de una mano delicada le devolvieron un golpe de nostalgia. Eran los dibujos de María.

"Cuando todo esto termine, viajaremos juntos, Shadow."

Ella solía dibujar lugares que quería visitar. Bosques, montañas, campos abiertos llenos de flores. Lugares que nunca pudo conocer. Lugares a los que él había ido en los últimos meses, siempre con la sensación de que algo le faltaba.

Apretó los dientes y cerró el cuaderno, sintiendo su pecho volverse pesado.

El laboratorio ya no era un hogar, solo un cementerio de recuerdos.

Shadow dejó el cuaderno donde lo encontró y se marchó.

...

París brillaba bajo la luz del sol, sus calles adoquinadas rebosantes de vida. Las risas y las voces de los transeúntes se mezclaban con el aroma del pan recién horneado y el eco lejano de un acordeón callejero.

Shadow caminaba entre la multitud, envuelto en una capa oscura que lo mantenía oculto, su silueta deslizándose entre las sombras de los edificios. No buscaba nada en particular, solo avanzaba, atrapado en el flujo del día… hasta que lo vio.

Sonic.

Su paso se detuvo de golpe.

Por un instante, la luz del sol pareció más intensa, el sonido del mundo más lejano. No podía ser. Su mente, curtida en la lógica y la desconfianza, le dijo que era una coincidencia. Un truco del destino. Pero su corazón, traidor, se aferró a otra idea imposible.

Por un segundo, creyó ver a María.

El reflejo de un recuerdo inquebrantable lo atravesó con una fuerza abrumadora. No era ella. Nunca lo sería.

Y sin embargo, no pudo apartar la mirada.

Pero cuando sus ojos se fijaron en Sonic, algo en su interior se quebró. Algo que había estado latente, oculto bajo capas de dolor y negación, emergió a la superficie con una fuerza inusitada. Sonic no era María, pero su energía, su forma de moverse, de interactuar con los demás... Todo en él le recordaba a ella. La manera en que sonreía, cómo hacía que el mundo a su alrededor pareciera más brillante y esperanzador.

La similitud era innegable, y eso lo aterraba.

No puede ser... pensó, intentando apartar esa sensación que lo estaba envolviendo. Pero cada vez que lo miraba, esa conexión lo atraía más. Sonic, en su esencia, parecía estar reflejando a María en maneras que él no podía ignorar.

Fue entonces cuando, al escuchar a Sonic mencionar Green Hill en una conversación casual, el pensamiento se instaló en su mente. Sonic vivía allí. ¿Y si...? La duda lo invadió, junto con una necesidad inexplicable de ir allí, de ver más de cerca a este ser que, aunque no era María, parecía portar algo de su luz. Tal vez ahí encontraría las respuestas que tanto había estado buscando.

El nombre de aquel pueblito resonó en la mente de Shadow como un eco distante. De repente, todo tomó forma. Sonic tenía un hogar, un lugar donde parecía sentirse en paz, un lugar que podría ofrecerle respuestas o quizás más preguntas. Shadow se quedó quieto por un momento, procesando lo que acababa de escuchar. Green Hill... no solo era un nombre, era el sitio donde Sonic había encontrado un rincón de estabilidad, de consuelo. Quizás era allí donde podría entender mejor lo que sentía, donde podría conocer más sobre ese extraño vínculo que lo unía a Sonic, que lo conectaba a su dolor.

Después de reflexionar y observar desde la distancia, Shadow finalmente decidió que tenía que enfrentarse a su propia verdad. Había aprendido más de lo que pensaba en esos largos meses vagando solo, pero una cosa era clara: necesitaba respuestas. Y esas respuestas solo las encontraría enfrentando sus propios miedos y confusiones. Aunque no estaba listo para hacerlo, el corazón de Shadow le decía que debía ir. Un lugar donde, quizás, encontraría a Sonic y, con suerte, podría entender más sobre el extraño vínculo que compartían.

Con cada paso que daba, la duda lo atormentaba. ¿Qué pasaría si al llegar a Green Hill, todo lo que había sentido por Sonic resultara ser una mentira? ¿Y si ese sentimiento solo era la manifestación de su dolor por la pérdida de María? Shadow no tenía respuestas claras, pero sentía que no podía seguir huyendo de la verdad. La presencia de Sonic lo inquietaba, lo trastornaba, y no podía ignorarlo más.

El viaje a Green Hill no fue largo, pero para Shadow cada día de ese trayecto estuvo lleno de incertidumbre. El paisaje cambiaba a su alrededor, pero él seguía enfocado en una sola cosa: la oportunidad de finalmente comprender que los unía. Al llegar, el pueblo estaba tranquilo, como siempre había sido. La casa de Sonic estaba en algún lugar, y por un momento, Shadow dudó. Miró desde la distancia, esperando ver algún cambio, alguna señal de que lo que sentía por aquel erizo azul era más que una ilusión. Pero todo seguía igual, y eso solo aumentó la confusión que lo atormentaba.

Durante un mes más, Shadow se quedó en la distancia, observando a Sonic con una mezcla de admiración, confusión y tristeza. Quería acercarse, pero no se atrevía. Temía que sus dudas se volvieran reales, que el dolor que sentía por María pudiera reflejarse en su mirada hacia él. ¿Qué pasaría si se acercaba y descubría que lo que sentía era solo un reflejo distorsionado de su propio dolor? ¿Qué pasaría si esa conexión que sentía no era nada más que una ilusión?

El tiempo pasó lentamente, pero Shadow no se movió del lugar donde había decidido esconderse: un precipicio aislado en lo profundo de un gran bosque. En ese rincón, encontró consuelo en un enorme y viejo árbol con un hueco en su base, lo suficientemente grande como para cobijarlo de las noches frías y lluviosas. Allí, entre las raíces gruesas y los troncos retorcidos, Shadow se sentía más seguro que en cualquier otro lugar. El árbol se convirtió en su refugio, un lugar donde el silencio de la naturaleza lo envolvía y lo apartaba de la confusión del mundo exterior.

Era en ese hueco donde pasaba las noches, dejando que la fría lluvia lo azotara mientras se refugiaba bajo la sombra del árbol. La soledad no era nueva para él, pero las horas de reflexión se alargaban de una manera casi insoportable. La lluvia caía como un susurro constante, su sonido amortiguado por la corteza del árbol que lo protegía. Al salir, el cielo nocturno se extendía como un lienzo infinito, cubierto por una manta de estrellas brillantes que, a pesar de su belleza, solo servían para recordarle la vastedad del universo y lo pequeño que se sentía.

Las estrellas, tan lejanas e inalcanzables, le recordaban a María. La paz que ellas traían, tan similar a la calma que sentía cuando ella estaba cerca, lo atrapaba en un sentimiento de nostalgia profunda. Cada noche, mientras las miraba, no podía evitar imaginarse lo que habría sido si las circunstancias hubieran sido diferentes, si tan solo nada de ese accidente hubiera pasado, si tan solo no hubiera sido ella.

"La luz brilla, a pesar que la estrella ya no esté".

Esas palabras parecían atravesarlo como un faro en la oscuridad. En su mente, esas palabras se transformaban en una mezcla de consuelo y dolor, pero también de fuerza. "Aunque ella ya no esté, su luz sigue brillando." Esa idea se enroscaba en su corazón como un vínculo invisible que le recordaba que su sacrificio no había sido en vano. A pesar de la ausencia de su estrella, él aún podía sentir su resplandor, persistente, como la luz en el horizonte cuando el sol se oculta.

Las noches eran largas y solitarias, y aunque sus ojos se cerraban de fatiga, la mente de Shadow seguía despierta, absorbida por pensamientos que no podía silenciar. Sonic, ese hedgehog de espíritu indomable, se colaba en sus recuerdos de una manera que no entendía. ¿Cómo era posible que alguien tan diferente a María pudiera generar en él una sensación tan similar? El deseo de entender lo que pasaba dentro de él crecía cada día. El dolor, la confusión y la esperanza se mezclaban, y Shadow se encontraba atrapado en un torbellino emocional del cual no podía escapar.

Una día, después de estar en su refugio, Shadow decidió que era hora de acercarse a Sonic. Sabía que no podía seguir observando desde lejos. Quería respuestas, y solo estando cerca de él podría encontrar alguna claridad.