Chapter 17: Capítulo 16

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |Words: 26038

Un instante de verdad

Shadow subió las escaleras con paso firme hasta llegar al final. En el techo, una trampilla marcaba la entrada al ático. La empujó sin esfuerzo y saltó dentro con agilidad.

Lo primero que notó fue la habitación en sí. Una ventana dejaba entrar la suave luz del amanecer, bañando las paredes decoradas con luces tenues. En el suelo, algunas revistas de cómics estaban esparcidas sin orden aparente, junto con un par de zapatillas y lo que parecía ser una chaqueta. El desorden era evidente, pero algo en la calidez del lugar parecía reflejar la personalidad desenfrenada de su dueño.

Shadow recorrió la habitación con la mirada, deteniéndose en la cama. Sonic estaba ahí, hecho un ovillo entre las sábanas, con la nariz hundida en la almohada. A simple vista, parecía dormido, pero el leve movimiento de sus orejas al escuchar la entrada de Shadow lo delató.

—Vaya, así que realmente veniste —murmuró Sonic con voz ronca, sin abrir los ojos.

Shadow cruzó los brazos, su mirada fija en el cuerpo enrollado en las sábanas. —No tenía muchas opciones.

Sonic dejó escapar una pequeña risa, su voz teñida de una ironía ligera. —Eso suena a que Tails fue muy convincente.

—Hizo lo posible —respondió Shadow, apenas un susurro, sin darle demasiada importancia.

Sonic suspiró, pero esta vez había algo en su tono, una nota de algo más. Shadow notó que no era solo cansancio. Algo más flotaba en el aire, algo que hizo que el corazón de Shadow latiera un poco más rápido.

—No pensé que fuera a funcionar.

Shadow frunció el ceño, su mente dándose vueltas en un intento por descifrar esas palabras. —¿De qué hablas?

Finalmente, Sonic entreabrió los ojos, sus pupilas se encontraron con las de Shadow en un parpadeo lento, como si no quisiera perderse el momento. Una sonrisa cansada se dibujó en su rostro, pero había algo más, una vulnerabilidad apenas visible en su mirada.

—Fue mi idea. Yo le dije a Tails que te buscara.

Las palabras de Sonic llegaron como un golpe directo, una sacudida inesperada que hizo que Shadow parpadeara, sintiendo cómo un escalofrío recorría su espalda. No podía procesar lo que acababa de escuchar. ¿Por qué?

—¿Por qué? —preguntó, y su voz no pudo evitar reflejar la cautela que se había formado en su pecho. La incertidumbre lo aplastaba, y por un momento, sintió cómo su propia vulnerabilidad salía a la superficie.

Sonic lo miró fijamente, el silencio entre ellos se alargó como un lazo invisible, tenso y cargado de algo que ninguno de los dos entendía por completo. Sonic parecía más pequeño ahora, más humano, más... real. Y eso sorprendió a Shadow más que nada.

Finalmente, Sonic dejó caer su mirada, sus palabras saliendo lentamente, como si temiera que se desvanecieran antes de que pudieran escapar.

—Porque quería verte.

El aire entre ellos se espesó. Shadow sintió cómo algo en su pecho se apretaba, como si el propio espacio que los separaba se hubiera encogido, y con ello, la distancia emocional también. No era solo una confesión, era una verdad desnuda que golpeaba las defensas que Shadow había levantado.

El nudo en su garganta se hizo más fuerte, pero se mantuvo allí, sin palabras. Cada parte de su ser quería decir algo, cualquier cosa, pero no podía. No sabía cómo responder a esa sinceridad tan cruda.

Sonic sonrió con suavidad, la vulnerabilidad en su mirada permaneciendo como una huella indeleble. Estaba desnudo emocionalmente, como nunca antes lo había estado frente a Shadow.

—Porque... aunque no sé qué está pasando entre nosotros, quiero que estés aquí, Shadow. Te necesitaba cerca.

El aire en la habitación se volvió denso, y el silencio que siguió pareció ocupar todo el espacio entre ellos. Shadow se quedó inmóvil, incapaz de mover un solo músculo. Sus ojos seguían fijos en Sonic, pero no sabía si lo estaba observando o si solo miraba sin ver, perdido en ese caos de pensamientos y sentimientos que se agolpaban en su mente.

Sonic dejó escapar un suspiro, más profundo esta vez, como si hubiera soltado una parte de sí mismo que no había compartido con nadie.

—Tienes algo... algo que no entiendo —admitió Sonic en un susurro, su voz bajando a un tono de fragilidad que hizo que el corazón de Shadow se detuviera por un instante. —Pero lo que más me confunde es que, después de todo, aún me importa.

Esas palabras, cargadas de peso, cayeron sobre Shadow como una tormenta. Sintió cómo su pecho se apretaba, cómo las paredes que había levantado para protegerse empezaban a ceder. Sonic no solo lo estaba mirando, sino que estaba mirando lo más profundo de él, tocando algo que había permanecido guardado, enterrado, por tanto tiempo.

Un nudo apareció en la garganta de Shadow, pero antes de que pudiera responder, Sonic volvió a hablar, como si estuviera apurándose a completar lo que había comenzado.

—¿Sabes? No te estoy pidiendo que entiendas todo. Solo... quiero que estemos bien. ¿Puedes hacer eso por mí?

El mundo siguió girando, pero para Shadow, el tiempo se había detenido. Las palabras de Sonic lo arrastraban hacia un territorio desconocido, un territorio donde las certezas desaparecían y solo quedaba la pregunta de si podía arriesgarse a seguir ese camino, a abrirse.

Shadow observó a Sonic con atención. A pesar de sus palabras, el erizo azul seguía viéndose agotado. Su respiración era lenta y pesada, y sus párpados apenas lograban mantenerse abiertos.

—Creo que deberías descansar un poco más —dijo Shadow en voz baja, con un tono más suave de lo que habría querido.

Sonic exhaló un leve suspiro, como si quisiera protestar, pero la fatiga pesaba más que su terquedad. Shadow dio un paso atrás, girando con la intención de salir de la habitación y darle espacio.

Pero antes de que pudiera hacerlo, una voz apenas audible lo detuvo.

—No te irás de nuevo… ¿cierto?

Shadow se congeló.

Se volvió solo para encontrarse con Sonic, que intentaba incorporarse en la cama con un esfuerzo torpe, sus brazos temblando ligeramente por el cansancio. Sin pensarlo, Shadow se acercó con rapidez y presionó una mano contra su hombro, obligándolo a recostarse de nuevo.

—No te levantes, Sonic —ordenó con firmeza, aunque sin dureza.

El silencio entre ellos se hizo pesado. Apenas se escuchaba el débil sonido del viento afuera y el tictac de un reloj en algún rincón de la habitación. Sonic lo miró con algo más que agotamiento en sus ojos. Había una sombra de inseguridad en su mirada, una vulnerabilidad que pocas veces dejaba ver.

—¿Te vas a ir… como las otras veces? —preguntó, su voz sonando más baja, más cansada… más triste.

Shadow sintió un extraño peso en el pecho. Sabía a qué se refería. A todas las veces que había desaparecido sin explicaciones, a todas las veces que había dejado a Sonic con más preguntas que respuestas.

Respiró hondo.

—No, Sonic —respondió al fin, sin apartar la mirada de él—. No me iré. Solo estaré abajo.

Sonic parpadeó lentamente, como si procesara sus palabras con cautela.

—¿Puedo confiar en ti?

Shadow sintió cómo el aire se le atascaba en la garganta. No esperaba escuchar esa pregunta, no de esa forma, no con esa voz cargada de dudas.

Podría haber respondido de inmediato, pero no lo hizo. Porque la verdad era que, incluso si su intención no era marcharse, él mismo no sabía si era digno de esa confianza.

Pero entonces vio la forma en que Sonic lo miraba, con esa vulnerabilidad rara en él, con esa pequeña esperanza de que esta vez su respuesta fuera diferente.

Así que, sin decir nada, Shadow asintió.

Y eso pareció bastar. Sonic, convencido, dejó escapar un suspiro y cerró los ojos, entregándose al sueño.

Shadow permaneció ahí un momento más, mirándolo en silencio. No sabía por qué, pero no podía apartar la vista. Algo en él quería alargar ese instante, quedarse un poco más.

Casi sin darse cuenta, levantó una mano, con la extraña necesidad de tocarlo, de asegurarse de que estaba ahí, de que era real. Sus dedos temblaron en el aire por un segundo.

Pero antes de hacerlo, se detuvo.

No.

No debía.

Apretó los dedos en un puño y bajó la mano, desviando la mirada. Luego, sin hacer ruido, se dio la vuelta y salió de la habitación, dejando a Sonic descansar.

Al cerrar la puerta detrás de él, exhaló lentamente, como si acabara de librar una batalla interna.

Como si, sin darse cuenta, Sonic ya lo hubiera alcanzado mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Shadow bajó las escaleras en silencio, pero su mente estaba lejos de estar tranquila. Cada paso que daba resonaba en la quietud de la casa, pero lo único que escuchaba era la voz de Sonic.

"¿Te vas a ir… como las otras veces?"

Esa pregunta no debía haberlo afectado tanto. No debía haberle importado. Y sin embargo, ahí estaba, con ese eco persistente clavándose en su mente, enredándose en sus pensamientos.

Se detuvo al llegar a la sala y apoyó una mano en el respaldo del sofá. A través de la ventana, la luz del día iluminaba Green Hill con su característico resplandor cálido. El viento movía suavemente las hojas de los árboles, y el mundo parecía seguir su curso como si nada hubiera pasado.

Pero dentro de él, algo se había detenido.

"¿Puedo confiar en ti?"

Ese fue el verdadero golpe.

Shadow cerró los ojos, sintiendo cómo la pregunta se asentaba en su pecho con un peso que no podía ignorar. No se trataba solo de las veces que había desaparecido, de las veces que había dejado a Sonic atrás. Se trataba de lo que significaba para él en ese momento.

Sonic no había dudado en confiar en él antes. Aún después de todo, después de la distancia, después de la incertidumbre… todavía quería creer en él.

Pero, ¿realmente lo merecía?

Su instinto siempre le había dicho que no debía aferrarse a nadie. Que la soledad era más segura. Que confiar demasiado en otro solo llevaba a la pérdida.

Y sin embargo…

Ahí estaba, sintiendo cómo esa certeza se desmoronaba lentamente.

Porque, al ver a Sonic en ese estado, vulnerable y agotado, algo en él había reaccionado sin pensarlo. Lo había detenido, lo había cuidado. Había querido asegurarse de que estuviera bien.

Había querido quedarse.

Y esa idea, ese deseo, era lo que más lo inquietaba.

Shadow exhaló despacio, abriendo los ojos de nuevo. No tenía respuestas. No aún. Pero lo que sí sabía era que, por ahora, por ese día… no se iría.

No esta vez.

...

Pasaron algunas horas. El cielo, en su despedida del día, dejaba escapar los últimos destellos dorados mientras la casa se sumía en una quietud profunda. Shadow estaba sentado en la sala, observando el paso del tiempo sin realmente sentirlo. Sonic aún no despertaba… o eso creía. No había escuchado ruidos en el piso de arriba, ni el más mínimo indicio de movimiento.

La espera se alargaba. Shadow, incapaz de quedarse quieto, vagaba por la casa, descubriendo detalles que antes no había notado. De vez en cuando, salía con Ozzy al patio, disfrutando de la compañía del perro, que parecía entender su necesidad de distracción. Pero el reloj no perdonaba. Cuando miró la hora, se sorprendió. ¿Tan rápido ha pasado el tiempo?

Un crujido en las escaleras rompió su ensimismamiento. Shadow levantó la vista. Desde el pasillo, se escucharon pasos. Sonic finalmente estaba despierto. Cuando sus miradas se encontraron, el aire entre ellos se tensó, como si todas las palabras no dichas flotaran en el espacio, esperando el momento adecuado para salir.

Sonic bajó los últimos escalones con una sonrisa cansada. Sus ojos aún reflejaban fatiga, pero había un brillo en su mirada, una chispa que indicaba que poco a poco estaba recuperando fuerzas.

—¿Cómo estás, Shadow? —preguntó Sonic, su tono inusualmente suave, como si realmente se preocupara.

Shadow lo miró, evaluando sus palabras antes de responder. Su voz, grave y tranquila, llevaba un toque de sinceridad, pero aún se sentía la incomodidad de lo sucedido en la mañana.

—Bien… ¿y tú? —la pregunta sonó más directa de lo que quería, pero la atmósfera seguía cargada de un silencio que pesaba entre ellos.

Sonic soltó un suspiro leve y, a pesar de su agotamiento, esbozó una sonrisa más amplia, tratando de ocultar lo que sentía por dentro.

—Solo un poco agotado… pero mucho mejor. Siento que podría salir a dar una vuelta —dijo, con tono juguetón, como si el cansancio no fuera nada comparado con su energía habitual.

Shadow lo miró de inmediato, frunciendo el ceño.

—Nada de eso, Sonic. No puedes salir, no en tu estado —respondió con firmeza, aunque su voz no tuvo la dureza de antes, como si la cercanía de Sonic comenzara a calmar la tensión que sentía.

Sonic levantó las manos en señal de rendición, riendo ligeramente.

—Era una broma, no te enojes —dijo mientras se dejaba caer junto a él, apoyando la espalda en el sofá—. Ok, capitán, ¿qué hacemos entonces?

Shadow lo miró confundido, arqueando una ceja.

—¿Capitán? ¿A qué viene eso ahora?

—No me mires así, eres el que está a cargo ahora —respondió, dejando escapar una risa ligera que suavizó aún más el ambiente.

Shadow se quedó en silencio, pensando por un momento. Esa sensación de estar "a cargo" le era extraña. ¿Cómo se supone que debía manejar esto? Nunca había tenido que cuidar a alguien de esta manera. Recordó los tiempos con María, pero el papel siempre había sido al revés: ella lo cuidaba a él, más de lo que él la cuidaba a ella. Pensó en aquellas noches robando bocadillos, riendo en los pasillos, y el dolor de esa pérdida que aún pesaba en su pecho. El peso de la nostalgia le oprimió el pecho, dejando un vacío en su interior.

Exhaló lentamente, dejando que la sensación se asentara en su interior. Luego, miró a Sonic. Él estaba aquí. Con su energía inagotable, con esa luz que, de alguna manera, seguía encontrando la forma de alcanzarlo.

Shadow desvió la mirada.

—No tengo idea de qué hacer contigo, Sonic.

—Ja, bienvenido a mi mundo —respondió el erizo azul, apoyando la cabeza en el respaldo del sofá con una sonrisa satisfecha.

Shadow soltó un leve resoplido. No era exactamente una risa, pero se acercaba.

Sonic abrió la boca, dudando por un momento antes de hablar. Había algo en el ambiente, una calma diferente, un respiro entre ambos que, aunque ligero, se sentía significativo. No era incómodo, pero tampoco del todo normal.

Shadow no apartó la vista, expectante. Sonic rara vez titubeaba al hablar, y esa pausa en él era inusual.

—Shadow, yo…

Justo entonces, un sonido bajo, pero inconfundible, rompió la tensión en el aire. Un gruñido largo y persistente que provenía de su propio estómago.

Sonic parpadeó, sorprendido, antes de reír entre dientes.

El sonido de su propio estómago lo había tomado desprevenido, y aunque intentó disimularlo, el leve rubor en sus mejillas lo delataba. Con un gesto automático, se abrazó el abdomen, como si eso pudiera acallar el gruñido que había interrumpido el momento.

Shadow lo observó en silencio por unos segundos. Luego, dejó escapar un suspiro, entre resignado y divertido.

—Tsk… Siempre igual.

Sin más preámbulos, se puso de pie y le dirigió una mirada que no dejaba lugar a protestas.

—Vamos. Necesitas comer algo.

Sonic lo siguió con la mirada, esbozando una sonrisa con cierto alivio. Ver a Shadow moverse por la casa, aunque de manera algo tensa, le daba una sensación de normalidad. Al menos, parecía estar acomodándose, aunque en su propio y extraño modo. Aún tenía preguntas que hacerle, pero algo le decía que quizás no era el momento adecuado para profundizar. Sabía que Shadow, a pesar de estar físicamente cerca, todavía llevaba consigo un mundo de emociones no resueltas. Y aunque Sonic sentía curiosidad, también reconocía la importancia de dejar que las cosas fluyeran naturalmente.

Había algo en su mirada que le decía que no todo estaba resuelto entre ellos. Pero Sonic no podía forzar las respuestas. Sabía que la paciencia sería clave, aunque no fuera precisamente su fuerte. "A veces, solo hace falta un poco de espacio", reflexionó.

Mientras tanto, Shadow había llegado a la cocina y se detuvo en el umbral, observando el lugar con cautela. No era complicado, podía reconocer los electrodomésticos y su función, pero el problema era otro: nunca había tenido que usar una cocina para preparar algo por sí mismo. Frunció el ceño, cruzándose de brazos.

Sonic, notando su indecisión, reprimió una risa y se apoyó en la encimera con una sonrisa divertida.

—Tranquilo, yo me encargo —dijo con confianza—. A ver, ¿qué se te antoja? ¿Un hot dog con chili o… un chili con hot dog?

Shadow giró la cabeza lentamente hacia él, su expresión completamente inexpresiva.

—… ¿No es lo mismo?

Sonic parpadeó, como si su cerebro tardara en procesar lo que acababa de escuchar. Luego, su mandíbula se tensó levemente y su mirada se llenó de incredulidad.

—¡Eh, no! ¡Claro que no! —exclamó con una ofensa casi genuina, como si Shadow hubiera insultado su honor culinario—. ¡Son experiencias completamente diferentes!

Un suspiro suave escapó de sus labios, una mezcla de resignación y cansancio. Sabía que esto no iba a ser tan fácil como había imaginado. Se quedó allí, con los ojos cerrados, como si en ese momento intentara reunir un poco de paciencia.

...

La casa estaba en calma después de la cena, envuelta en el suave murmullo del viento que se filtraba por las ventanas. La luz tenue de la sala proyectaba sombras cálidas sobre las paredes, y el crujido ocasional de la madera bajo el peso de la casa creaba un ritmo pausado en la tranquilidad de la noche.

Shadow, apoyado contra la mesa con los brazos cruzados, mantenía su mirada afilada fija en Sonic. Sus ojos rojos brillaban con la misma intensidad de siempre, pero había en ellos un matiz de paciencia calculada, como un cazador esperando el momento justo para moverse. Sin embargo, bajo esa fachada de control, había algo más, algo más cercano a la inquietud, aunque lo mantenía bien oculto.

Sonic, por su parte, estaba hundido perezosamente en el sofá, con la cabeza ladeada y los párpados algo caídos. El agotamiento era evidente en cada detalle: su respiración, más pesada de lo normal, el leve fruncimiento en su ceño cada vez que cambiaba de posición, el modo en que sus espinas parecían menos erguidas de lo habitual. A pesar de su agotamiento, no se permitía ceder, y su actitud rebelde permanecía intacta, como si su espíritu indomable se negara a doblegarse ante algo tan trivial como una enfermedad.

Los ojos de Shadow cayeron sobre la caja de medicamentos y la lista de indicaciones sobre la mesa. Tomó las instrucciones con una leve mueca y luego se acercó a Sonic, el sonido de sus pasos resonando en la quietud.

—Tienes que tomarte una pastilla antes de dormir —dijo, su tono era seco, pero había una suavidad inusual en las palabras, como si estuviera tratando de no sobrepasar un límite que ni él comprendía bien.

Sonic entreabrió un ojo y miró la caja con una mueca de disgusto. La misma que siempre hacía cuando se veía obligado a hacer algo que no le gustaba.

—Ugh… no otra vez.

—Maddie insistió —añadió Shadow, su voz firme pero sin la dureza habitual. Como si esa simple mención fuera suficiente para cerrar el asunto.

Sonic suspiró pesadamente y giró la cabeza hacia el respaldo del sofá con dramatismo exagerado.

—¿Sabes lo horribles que son esas cosas? Prefiero lamer el suelo de una estación de tren.

Shadow ni siquiera reaccionó a la broma. Su mirada permaneció fija, más intensa que nunca.

—No te estoy pidiendo tu opinión. Tómala.

Sonic chasqueó la lengua y lo miró con una expresión infantil, como si fuera un niño negándose a comer verduras.

—No es una opción.

El aire se cargó de una tensión palpable, pero Sonic, lejos de ceder, esbozó una sonrisa traviesa. Había algo en la firmeza de Shadow que lo hacía querer empujar sus límites, ver hasta dónde podía llegar antes de que finalmente perdiera la paciencia.

—Y si no lo hago, ¿qué? —preguntó, su tono de voz ligeramente burlón, aunque su cuerpo cansado delataba lo mucho que le costaba mantener su energía.

Shadow tensó la mandíbula. En su interior, sentía la frustración acumulándose, pero su rostro no mostraba más que una calma tensa.

—Haré que lo tomes de una u otra forma.

Sonic dejó escapar una risa baja, entrecortada por el cansancio, pero cargada de burla.

—¡Vaya, qué rudo! ¿Siempre fuiste así de mandón o es un pasatiempo nuevo?

—Siempre soy así cuando alguien actúa como un niño testarudo.

Sonic ladeó la cabeza, analizándolo con ojos brillantes de curiosidad. Su sonrisa se ensanchó con malicia, pero había algo en su mirada, un destello fugaz de algo más vulnerable que trataba de ocultar.

—¿Y si te digo que prefiero resistirme?

Shadow tensó los músculos, observando cada reacción de Sonic, cada centella de desafío en sus ojos. La forma en que sus dedos se movían lentamente, como si intentara esconder la debilidad detrás de la fachada.

—No juegues conmigo.

Sonic hizo una pausa. El aire entre ellos se volvió más denso, como si algo más grande que la simple discusión de una pastilla se estuviera cociendo en el espacio entre ambos. Sonic, que siempre había sido rápido en sus reacciones, se encontró en silencio, analizando el leve titubeo en los ojos de Shadow.

—¿Jugar? Yo lo llamaría más… un reto. A ver qué tan insistente puedes ser.

Sin perder más tiempo, Shadow sacó una pastilla del empaque y la colocó en su palma, extendiéndola hacia Sonic con una expresión de piedra.

—Tómala. Ahora.

Sonic observó la pastilla como si fuera un veneno, pero no pudo evitar sentir una punzada de algo extraño en el estómago. ¿Era el cansancio o… algo más? Con una mueca, la tomó entre los dedos. Pero en el último segundo, sus ojos brillaron con desafío, y trató de girar la cabeza para escupirla o esconderla.

Shadow, sin pensarlo, atrapó la muñeca de Sonic antes de que pudiera apartarse. La presión en su agarre fue firme, pero no cruel. La resistencia de Sonic fue débil, su fuerza disminuida por la fiebre y el cansancio. Pero lo que sorprendió a ambos fue lo que ocurrió después.

Sonic, sintiendo la cercanía de Shadow más intensamente de lo que jamás había esperado, dejó escapar una exhalación temblorosa. Fue un momento, breve pero significativo, en el que el espacio entre ellos desapareció casi por completo.

—No lo haré tan fácil —murmuró Sonic con una sonrisa débil, pero desafiante.

Shadow suspiró, como si la testarudez de Sonic fuera algo que ya esperaba. En un intento por contener su resistencia, hizo más presión, empujándolo hacia el respaldo del sofá. Sin embargo, el movimiento desequilibró a Sonic, y antes de que pudiera reaccionar, terminó cayendo de espaldas sobre el mueble… llevándose a Shadow con él.

El silencio que siguió fue denso, cargado de una tensión diferente.

Shadow quedó encima de Sonic, una de sus manos aún sujetando su muñeca, la otra apoyada junto a su cabeza para no aplastarlo con su peso. Sus rostros quedaron demasiado cerca, tanto que Sonic pudo ver con detalle cada matiz rojo en los ojos de Shadow. Su aliento, cálido, rozó la piel del erizo azul.

Los ojos de Sonic, llenos de una energía que nunca desaparecía, se encontraron con los de Shadow. Esmeralda contra ámbar. La fiebre que aún lo afectaba hacía que sus mejillas se sonrojaran, pero eso no opacaba la intensidad de su mirada, que parecía capturar algo más allá de la situación.

Ninguno se movió.

Sonic tragó saliva, su corazón martillando contra su pecho. Por un momento, casi olvidó el cansancio, casi olvidó la pastilla que aún sostenía entre los dedos.

El aire en la habitación se volvió espeso.

Los ojos de Shadow cayeron, por un segundo involuntariamente, a los labios de Sonic, que se mantenían entreabiertos por la sorpresa. El aire se espesó aún más, cargado de algo más que la tensión por la pastilla.

—Shadow… —susurró, apenas un murmullo entre ambos.

Shadow parpadeó, como si de repente tomara consciencia de la cercanía. Su agarre se aflojó ligeramente, pero no se apartó de inmediato.

Sonic, a pesar de su agotamiento, alzó una ceja con aire travieso.

—Si querías estar tan cerca, solo tenías que pedírmelo.

La reacción de Shadow fue sutil, pero suficiente. Sus ojos se afilaron levemente, y sin decir una palabra, se inclinó aún más… pero no para lo que Sonic imaginó.

Con rapidez, atrapó la mano de Sonic, tomo la pastilla y la guió hasta su boca y se aseguró de que finalmente tragara la pastilla.

Sonic se atragantó levemente, tosiendo entre risas.

—¡Eugh! ¡Eso es hacer trampa!

Shadow, finalmente, se incorporó con calma. Su expresión era completamente neutral, pero sus ojos brillaban con una satisfacción silenciosa.

—Tú fuiste quien quiso jugar —respondió con indiferencia.

Sonic lo miró con fingida indignación, aunque una sonrisa terminó curvando sus labios.

—Eres un tramposo.

—Y tú un caso perdido.

El silencio regresó a la habitación, pero la sensación de la cercanía aún persistía en el aire. Ninguno lo mencionó.

Sonic simplemente suspiró, acomodándose mejor en el sofá mientras la somnolencia volvía a invadirlo. Su respiración, ya más controlada, seguía un ritmo más lento, pero la incomodidad de la cercanía permanecía en su pecho.

Shadow, en silencio, se quedó a su lado. No porque tuviera que hacerlo… sino porque, de alguna manera, tampoco quería irse.

...

Me ha costado terminar este capítulo, tenía muchas ideas pero ninguna me convenía.

Cualquier error en la ortografía me dicen, leí varias veces pero siempre se me pasa algo 😤

Que les pareció el capítulo? :)