El Guardian Reticente
Shadow avanzaba con pasos firmes por el sendero que llevaba a la casa de Sonic. Sus pisadas eran seguras, casi mecánicas, pero su expresión contaba otra historia. Su ceño fruncido, la ligera tensión en su mandÃbula y la manera en que sus dedos se hundÃan en sus manos traicionaban su verdadero estado de ánimo.
Molestia. Resignación.
¿Cómo demonios habÃa aceptado esto?
La pregunta no dejaba de rondar en su cabeza, repitiéndose como un eco molesto cada pocos segundos. Era absurdo, impensable. Ãl, Shadow the Hedgehog... ¿cuidando a Sonic?
Bufó con irritación. La sola idea le resultaba tan ridÃcula que sentÃa el impulso de dar media vuelta y olvidarse de todo. Su misión en la vida nunca habÃa sido esta. Su propósito es ser la forma de vida definitiva. No para... esto. No para quedarse atrapado en un papel ridÃculo que ni siquiera encajaba con él.
Y sin embargo, sus pies no se detenÃan. SeguÃa avanzando, acercándose cada vez más a la casa del erizo azul, como si una fuerza invisible lo empujara en esa dirección.
Y en parte... asà era.
Su orgullo lo arrastraba.
Porque si habÃa algo peor que aceptar semejante tarea, era admitir que Tails lo habÃa manipulado para hacerlo.
La simple idea lo irritaba aún más.
Su mente volvió al dÃa anterior, al momento exacto en que todo habÃa comenzado.
...
-¿Qué le pasó a Sonic? -preguntó con impaciencia.
Su voz sonó más tensa de lo que esperaba. Su cuerpo entero se endureció, su instinto alertándose antes incluso de que pudiera racionalizarlo.
Tails, sin embargo, negó con la cabeza y sonrió con calma, como si su pregunta fuera innecesaria.
-Tranquilo, Shadow, no le pasó nada grave.
Shadow no se movió, pero sintió que algo dentro de él se aflojaba. Un peso que ni siquiera habÃa notado se deslizó de sus hombros, permitiéndole respirar mejor.
No se dio cuenta hasta ese momento de cuánto lo habÃa afectado la posibilidad de que Sonic estuviera...
No.
Sacudió la cabeza, expulsando ese pensamiento antes de que pudiera completarse.
No tiene sentido. No me importa.
Pero el simple hecho de que tuviera que recordárselo a sà mismo ya le parecÃa sospechoso.
Tails continuó explicando la situación con calma, aunque su expresión reflejaba una leve preocupación. Tom y Maddie tienen que salir de emergencia: la hermana de Maddie habÃa sufrido un accidente y estaba en el hospital. No podÃan dejarla sola, asà que pasarÃan la noche con ella.
Sonic, por otro lado, no pudo acompañarlos. Se habÃa enfermado la noche anterior tras haber pasado demasiado tiempo bajo el frÃo, y ahora estaba obligado a guardar reposo.
Shadow entrecerró los ojos, procesando la información. Algo en todo esto no terminaba de convencerlo.
-No es un niño. Que se cuide solo -declaró con indiferencia, cruzándose de brazos.
Era la respuesta más lógica. Sonic era fuerte, demasiado orgulloso como para necesitar ayuda de nadie. Shadow lo sabÃa bien.
Pero Tails no parecÃa convencido.
-Cada vez que Sonic se queda solo, algo termina saliendo mal -insistió, con un tono que sugerÃa que ya habÃa vivido situaciones parecidas antes-. Y ahora, enfermo... bueno, prefiero no arriesgarme.
Shadow estuvo a punto de replicar, de ignorarlo y seguir con su camino, cuando Tails hizo algo inesperado.
Sonrió con astucia.
-En todo caso, no creo que podrÃas con él.
Shadow se detuvo en seco. Su mirada se afiló al instante.
-¿Disculpa?
Tails se encogió de hombros con aparente despreocupación.
-Sonic es un espÃritu libre. No sigue reglas que no sean las suyas -dijo con naturalidad, como si fuera el dato más obvio del mundo-. Pero si lo cuidas, tendrá que obedecerte en todo. Maddie fue clara con él: debe seguir las indicaciones de quien se quede a cargo.
Hizo una pequeña pausa, fingiendo que el tema no le interesaba demasiado.
-Claro... si crees que no puedes con esa tarea, lo entiendo.
Shadow sintió un leve escalofrÃo recorriéndole la espalda.
No de miedo. De irritación.
Maldito zorro. Maldito Sonic.
Tails lo habÃa provocado a propósito, le habÃa dado justo en el orgullo.
Shadow sabÃa que podÃa dejarlo pasar, que podÃa ignorarlo y seguir con su vida sin importarle lo que dijera el pequeño de dos colas. Pero algo dentro de él, algo primitivo e instintivo, se negó a hacerlo.
¿Cómo que no podÃa con Sonic? ¡Por supuesto que podÃa!
El desafÃo estaba lanzado.
Y Shadow no retrocedÃa.
...
Y ahora aquà estaba, caminando hacia la casa del erizo azul para hacer algo que jamás habrÃa imaginado.
Cuidarlo.
La sola palabra le provocó una sensación extraña en el pecho. No era solo incomodidad. Tampoco era solo irritación.
Era algo más. Algo que no tenÃa intención de analizar.
Suspiró, con el ceño aún fruncido, y ajustó su postura.
¿Por qué aceptó?
No tenÃa una respuesta clara. Tal vez era su orgullo. Tal vez era simple curiosidad o tal vez... era algo más.
Pero no lo admitirÃa. Ni aunque le pagaran.
...
Shadow llegó finalmente a la casa de los Wachowski. La escena que encontró era casi tranquila, pero no podÃa evitar sentir una leve incomodidad al estar allÃ. Lo primero que vio fue a Tom, quien estaba cargando algunos bolsos en la camioneta. Tan pronto como Tom lo vio, levantó la mano y lo saludó con una sonrisa amplia.
-¡Hey, Shadow! -exclamó Tom, acercándose con un gesto relajado.
Shadow asintió con un leve movimiento de cabeza, manteniendo su acostumbrada postura distante, pero no pudo evitar sentir que algo dentro de él se movÃa. Una extraña incomodidad lo invadió, como si su presencia en ese lugar fuera una intrusión, aunque sabÃa que no habÃa vuelta atrás.
Fue en ese instante cuando la puerta de la casa se abrió y Maddie apareció, caminando hacia él con una expresión cálida en el rostro al verlo.
-¡Shadow! Me alegra que hayas llegado -dijo Maddie con entusiasmo, su tono lleno de alivio-. Estoy sorprendida de que te hayas ofrecido a cuidar a Sonic mientras nosotros no estamos. Es un gran alivio saber que estará bien.
Shadow se quedó congelado, mirando a Maddie, luego a Tom. ¿Se habÃa ofrecido a cuidar a Sonic? Eso no tenÃa sentido. En su mente, la única razón por la que habÃa aceptado el "trabajo" era por un arranque de orgullo, provocado por las palabras de Tails. Nadie le habÃa pedido hacer esto, y sin embargo, Maddie parecÃa convencida de que habÃa sido su decisión. ¿Qué? pensó, confuso y ligeramente irritado. Su mente trató de procesarlo, pero por el momento solo pudo dar una respuesta neutral.
-Claro... -murmuró, su tono lejano, casi indiferente.
Sin embargo, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando su mirada se desvió hacia las dos criaturas que estaban detrás de Tom y Maddie. Un zorro y un equidna, ambos riendo de forma despreocupada, como si estuvieran ajenos a lo que sucedÃa a su alrededor. Fue entonces cuando todo comenzó a tener sentido. Aquellos dos, Tails y Knuckles, habÃan jugado con su orgullo para obligarlo a hacer algo que nunca habrÃa considerado, y lo peor de todo es que lo habÃan hecho con una mentirilla descarada. Tails habÃa mentido a Maddie, y la evidencia era clara en su rostro. El enojo creció en su interior, pero se obligó a mantener su compostura. No iba a dejar que esa rabia lo controlara, no en ese momento. No lo haré, pensó, mientras sus puños se apretaban con sutileza.
Tom, observando la mirada de Shadow, pareció notar el cambio de actitud. Se acercó con el ceño fruncido, preocupado por la tensión palpable en el aire.
-¿Pasa algo, amiguito? -preguntó Tom, con una ligera sonrisa que no lograba ocultar su inquietud.
Shadow, al sentirse desafiado, dio un paso atrás y relajó su postura, aunque con algo de reticencia. No querÃa darle la satisfacción a Knuckles o a Tails de ver que su estrategia habÃa logrado afectarlo.
-No -respondió finalmente, su voz firme pero corta, dejando claro que no tenÃa intención de explicar nada más.
Maddie, ajena a la creciente tensión, le extendió una hoja con una lista que parecÃa interminable. Shadow la tomó con una ligera duda en su expresión.
-Aquà tienes una lista, te puede ser util -dijo Maddie, con una sonrisa amable y confiada. Shadow desplegó la hoja en sus manos y su mirada se agrandó al ver lo extensa que era. Cada lÃnea estaba llena de detalles y tareas que le parecÃan más propias de un cuidador que de alguien como él.
-Esto es todo lo que tiene que hacer Sonic -comentó Shadow en un tono sarcástico, mientras sus ojos recorrÃan las palabras.
Maddie, divertida por la respuesta de Shadow, sonrió con complicidad. Pero Tom, que habÃa estado observando con más atención, corrigió rápidamente.
-No, no, Shadow. Es todo lo que no tiene que hacer -dijo Tom, riendo nerviosamente, dándose cuenta de que la respuesta de Shadow habÃa sido algo más que inesperada.
El ceño de Shadow se frunció aún más. Esto ya no le parecÃa nada sencillo. Todo lo contrario. Empezaba a preguntarse en qué momento su dÃa se habÃa convertido en un listado interminable de reglas. Recordaba que habÃa aceptado solo para probarse a sà mismo algo, pero ahora, mirando esa hoja, se sentÃa como si se hubiera metido en un embrollo del que no sabÃa cómo salir.
Maddie, con su sonrisa genuina de siempre, agregó una última indicación, como si fuera el detalle final en una trampa ya cerrada.
-Ah, y una cosa más: Sonic tiene que tomar estas pastillas cada noche. Es muy importante.
Le entregó una pequeña caja con medicinas y lo miró con seriedad. Shadow bajó la vista al objeto en su mano, sin expresión alguna, aunque por dentro la sensación de fastidio solo crecÃa.
-Gracias por quedarte. Volveremos en dos dÃas más-añadió ella antes de girarse hacia la camioneta.
Shadow no respondió. Solo observó en silencio cómo el vehÃculo arrancaba y se alejaba, perdiéndose entre los árboles. Se quedó allà de pie, inmóvil, hasta que el sonido del motor se desvaneció en la distancia, dejando atrás un silencio denso y opresivo.
Bajó la mirada hacia la lista y la caja de pastillas. HarÃa esto rápido. Sonic no tendrÃa otra opción más que obedecer.
Empujó la puerta y entró, cerrándola con un movimiento calculado. Apenas dio un par de pasos cuando el ambiente del hogar lo envolvió. El aroma tenue a madera y a algo dulce-quizá pan recién horneado-flotaba en el aire. Sus ojos recorrieron cada rincón con detenimiento: los muebles dispuestos con calidez, la luz suave filtrándose por las ventanas, y en las paredes... fotografÃas.
Shadow se quedó inmóvil.
Los marcos bien colocados contenÃan fragmentos de una vida ajena a él. Sonic, con su sonrisa despreocupada, riendo junto a Tails en una de ellas; en otra, posando con Knuckles después de lo que parecÃa una competencia; y más allá, una imagen de la familia Wachowski con Sonic en el centro, rodeado por los brazos de ambos, su expresión reflejando algo que Shadow no podÃa nombrar.
Su garganta se sintió extrañamente seca.
Familia. Hogar.
El concepto le resultaba tan distante como la luz de una estrella. ¿Cómo se sentÃa saber que alguien te esperarÃa al final del dÃa? Su mente, traicionera, le lanzó un recuerdo fugaz: el laboratorio frÃo, los pasillos vacÃos, el eco de sus propios pasos... y MarÃa. Su sonrisa, su voz cálida llamándolo por su nombre. La única luz en medio de la oscuridad.
Pero MarÃa ya no estaba. Nunca volverÃa.
Shadow apartó la vista de golpe, como si el pensamiento le quemara. Sin decir nada más, dejó la lista y las pastillas sobre la encimera de la cocina. No tenÃa tiempo para distracciones.
Un suave ruido a su costado sacó a Shadow de sus pensamientos. Fue un sonido leve, casi imperceptible, seguido del inconfundible golpeteo de patas moviéndose con agilidad sobre el suelo de madera. Por un instante, el silencio tenso de la casa se llenó con esa sutil presencia.
Shadow se giró lentamente, y sus ojos se encontraron con los de un perro que lo observaba con sincera curiosidad. La cola del animal se movÃa en un vaivén constante, casi como si marcara el ritmo de un latido. La mirada del perro, franca y sin prejuicios, contrastaba con el frÃo distanciamiento que Shadow intentaba proyectar.
-Parece que también tendré que ocuparme de ti -murmuró Shadow en un tono bajo, mientras cruzaba los brazos. A pesar de su voz grave y contenida, se pudo intuir una pizca de ironÃa en sus palabras, como si aceptara a regañadientes este inesperado "encargo" animal.
El perro respondió con un ladrido corto, como si intentara comunicar que entendÃa, o simplemente saludaba la interrupción. Shadow alzó una ceja, observando con detenimiento la placa que adornaba el collar del can: un simple grabado que decÃa "Ozzy".
-¿Cómo te llamas? -preguntó, dejando que la curiosidad y una leve sonrisa se dibujaran en sus labios por un instante.
El perro, con la naturalidad que solo un animal puede tener, pareció afirmar su identidad con un pequeño movimiento de cabeza, como si su respuesta fuera tácita.
-Bien, Ozzy -continuó Shadow, sintiendo, a pesar de sà mismo, que habÃa algo reconfortante en esa interacción inesperada-. Ahora dime, ¿dónde está Sonic?
Con una agilidad que desmentÃa su tamaño, Ozzy pareció captar de inmediato la indirecta. Dio media vuelta y salió corriendo hacia una escalera que conducÃa a la parte alta de la casa. Se detuvo en la base, mirando hacia arriba con ojos que parecÃan preguntar sin palabras y, tras una breve pausa, volvió la vista hacia Shadow, como ofreciendo la pista que el erizo necesitaba.