Chapter 16: Capítulo 15

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |Words: 13596

El Guardian Reticente

Shadow avanzaba con pasos firmes por el sendero que llevaba a la casa de Sonic. Sus pisadas eran seguras, casi mecánicas, pero su expresión contaba otra historia. Su ceño fruncido, la ligera tensión en su mandíbula y la manera en que sus dedos se hundían en sus manos traicionaban su verdadero estado de ánimo.

Molestia. Resignación.

¿Cómo demonios había aceptado esto?

La pregunta no dejaba de rondar en su cabeza, repitiéndose como un eco molesto cada pocos segundos. Era absurdo, impensable. Él, Shadow the Hedgehog... ¿cuidando a Sonic?

Bufó con irritación. La sola idea le resultaba tan ridícula que sentía el impulso de dar media vuelta y olvidarse de todo. Su misión en la vida nunca había sido esta. Su propósito es ser la forma de vida definitiva. No para... esto. No para quedarse atrapado en un papel ridículo que ni siquiera encajaba con él.

Y sin embargo, sus pies no se detenían. Seguía avanzando, acercándose cada vez más a la casa del erizo azul, como si una fuerza invisible lo empujara en esa dirección.

Y en parte... así era.

Su orgullo lo arrastraba.

Porque si había algo peor que aceptar semejante tarea, era admitir que Tails lo había manipulado para hacerlo.

La simple idea lo irritaba aún más.

Su mente volvió al día anterior, al momento exacto en que todo había comenzado.

...

-¿Qué le pasó a Sonic? -preguntó con impaciencia.

Su voz sonó más tensa de lo que esperaba. Su cuerpo entero se endureció, su instinto alertándose antes incluso de que pudiera racionalizarlo.

Tails, sin embargo, negó con la cabeza y sonrió con calma, como si su pregunta fuera innecesaria.

-Tranquilo, Shadow, no le pasó nada grave.

Shadow no se movió, pero sintió que algo dentro de él se aflojaba. Un peso que ni siquiera había notado se deslizó de sus hombros, permitiéndole respirar mejor.

No se dio cuenta hasta ese momento de cuánto lo había afectado la posibilidad de que Sonic estuviera...

No.

Sacudió la cabeza, expulsando ese pensamiento antes de que pudiera completarse.

No tiene sentido. No me importa.

Pero el simple hecho de que tuviera que recordárselo a sí mismo ya le parecía sospechoso.

Tails continuó explicando la situación con calma, aunque su expresión reflejaba una leve preocupación. Tom y Maddie tienen que salir de emergencia: la hermana de Maddie había sufrido un accidente y estaba en el hospital. No podían dejarla sola, así que pasarían la noche con ella.

Sonic, por otro lado, no pudo acompañarlos. Se había enfermado la noche anterior tras haber pasado demasiado tiempo bajo el frío, y ahora estaba obligado a guardar reposo.

Shadow entrecerró los ojos, procesando la información. Algo en todo esto no terminaba de convencerlo.

-No es un niño. Que se cuide solo -declaró con indiferencia, cruzándose de brazos.

Era la respuesta más lógica. Sonic era fuerte, demasiado orgulloso como para necesitar ayuda de nadie. Shadow lo sabía bien.

Pero Tails no parecía convencido.

-Cada vez que Sonic se queda solo, algo termina saliendo mal -insistió, con un tono que sugería que ya había vivido situaciones parecidas antes-. Y ahora, enfermo... bueno, prefiero no arriesgarme.

Shadow estuvo a punto de replicar, de ignorarlo y seguir con su camino, cuando Tails hizo algo inesperado.

Sonrió con astucia.

-En todo caso, no creo que podrías con él.

Shadow se detuvo en seco. Su mirada se afiló al instante.

-¿Disculpa?

Tails se encogió de hombros con aparente despreocupación.

-Sonic es un espíritu libre. No sigue reglas que no sean las suyas -dijo con naturalidad, como si fuera el dato más obvio del mundo-. Pero si lo cuidas, tendrá que obedecerte en todo. Maddie fue clara con él: debe seguir las indicaciones de quien se quede a cargo.

Hizo una pequeña pausa, fingiendo que el tema no le interesaba demasiado.

-Claro... si crees que no puedes con esa tarea, lo entiendo.

Shadow sintió un leve escalofrío recorriéndole la espalda.

No de miedo. De irritación.

Maldito zorro. Maldito Sonic.

Tails lo había provocado a propósito, le había dado justo en el orgullo.

Shadow sabía que podía dejarlo pasar, que podía ignorarlo y seguir con su vida sin importarle lo que dijera el pequeño de dos colas. Pero algo dentro de él, algo primitivo e instintivo, se negó a hacerlo.

¿Cómo que no podía con Sonic? ¡Por supuesto que podía!

El desafío estaba lanzado.

Y Shadow no retrocedía.

...

Y ahora aquí estaba, caminando hacia la casa del erizo azul para hacer algo que jamás habría imaginado.

Cuidarlo.

La sola palabra le provocó una sensación extraña en el pecho. No era solo incomodidad. Tampoco era solo irritación.

Era algo más. Algo que no tenía intención de analizar.

Suspiró, con el ceño aún fruncido, y ajustó su postura.

¿Por qué aceptó?

No tenía una respuesta clara. Tal vez era su orgullo. Tal vez era simple curiosidad o tal vez... era algo más.

Pero no lo admitiría. Ni aunque le pagaran.

...

Shadow llegó finalmente a la casa de los Wachowski. La escena que encontró era casi tranquila, pero no podía evitar sentir una leve incomodidad al estar allí. Lo primero que vio fue a Tom, quien estaba cargando algunos bolsos en la camioneta. Tan pronto como Tom lo vio, levantó la mano y lo saludó con una sonrisa amplia.

-¡Hey, Shadow! -exclamó Tom, acercándose con un gesto relajado.

Shadow asintió con un leve movimiento de cabeza, manteniendo su acostumbrada postura distante, pero no pudo evitar sentir que algo dentro de él se movía. Una extraña incomodidad lo invadió, como si su presencia en ese lugar fuera una intrusión, aunque sabía que no había vuelta atrás.

Fue en ese instante cuando la puerta de la casa se abrió y Maddie apareció, caminando hacia él con una expresión cálida en el rostro al verlo.

-¡Shadow! Me alegra que hayas llegado -dijo Maddie con entusiasmo, su tono lleno de alivio-. Estoy sorprendida de que te hayas ofrecido a cuidar a Sonic mientras nosotros no estamos. Es un gran alivio saber que estará bien.

Shadow se quedó congelado, mirando a Maddie, luego a Tom. ¿Se había ofrecido a cuidar a Sonic? Eso no tenía sentido. En su mente, la única razón por la que había aceptado el "trabajo" era por un arranque de orgullo, provocado por las palabras de Tails. Nadie le había pedido hacer esto, y sin embargo, Maddie parecía convencida de que había sido su decisión. ¿Qué? pensó, confuso y ligeramente irritado. Su mente trató de procesarlo, pero por el momento solo pudo dar una respuesta neutral.

-Claro... -murmuró, su tono lejano, casi indiferente.

Sin embargo, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando su mirada se desvió hacia las dos criaturas que estaban detrás de Tom y Maddie. Un zorro y un equidna, ambos riendo de forma despreocupada, como si estuvieran ajenos a lo que sucedía a su alrededor. Fue entonces cuando todo comenzó a tener sentido. Aquellos dos, Tails y Knuckles, habían jugado con su orgullo para obligarlo a hacer algo que nunca habría considerado, y lo peor de todo es que lo habían hecho con una mentirilla descarada. Tails había mentido a Maddie, y la evidencia era clara en su rostro. El enojo creció en su interior, pero se obligó a mantener su compostura. No iba a dejar que esa rabia lo controlara, no en ese momento. No lo haré, pensó, mientras sus puños se apretaban con sutileza.

Tom, observando la mirada de Shadow, pareció notar el cambio de actitud. Se acercó con el ceño fruncido, preocupado por la tensión palpable en el aire.

-¿Pasa algo, amiguito? -preguntó Tom, con una ligera sonrisa que no lograba ocultar su inquietud.

Shadow, al sentirse desafiado, dio un paso atrás y relajó su postura, aunque con algo de reticencia. No quería darle la satisfacción a Knuckles o a Tails de ver que su estrategia había logrado afectarlo.

-No -respondió finalmente, su voz firme pero corta, dejando claro que no tenía intención de explicar nada más.

Maddie, ajena a la creciente tensión, le extendió una hoja con una lista que parecía interminable. Shadow la tomó con una ligera duda en su expresión.

-Aquí tienes una lista, te puede ser util -dijo Maddie, con una sonrisa amable y confiada. Shadow desplegó la hoja en sus manos y su mirada se agrandó al ver lo extensa que era. Cada línea estaba llena de detalles y tareas que le parecían más propias de un cuidador que de alguien como él.

-Esto es todo lo que tiene que hacer Sonic -comentó Shadow en un tono sarcástico, mientras sus ojos recorrían las palabras.

Maddie, divertida por la respuesta de Shadow, sonrió con complicidad. Pero Tom, que había estado observando con más atención, corrigió rápidamente.

-No, no, Shadow. Es todo lo que no tiene que hacer -dijo Tom, riendo nerviosamente, dándose cuenta de que la respuesta de Shadow había sido algo más que inesperada.

El ceño de Shadow se frunció aún más. Esto ya no le parecía nada sencillo. Todo lo contrario. Empezaba a preguntarse en qué momento su día se había convertido en un listado interminable de reglas. Recordaba que había aceptado solo para probarse a sí mismo algo, pero ahora, mirando esa hoja, se sentía como si se hubiera metido en un embrollo del que no sabía cómo salir.

Maddie, con su sonrisa genuina de siempre, agregó una última indicación, como si fuera el detalle final en una trampa ya cerrada.

-Ah, y una cosa más: Sonic tiene que tomar estas pastillas cada noche. Es muy importante.

Le entregó una pequeña caja con medicinas y lo miró con seriedad. Shadow bajó la vista al objeto en su mano, sin expresión alguna, aunque por dentro la sensación de fastidio solo crecía.

-Gracias por quedarte. Volveremos en dos días más-añadió ella antes de girarse hacia la camioneta.

Shadow no respondió. Solo observó en silencio cómo el vehículo arrancaba y se alejaba, perdiéndose entre los árboles. Se quedó allí de pie, inmóvil, hasta que el sonido del motor se desvaneció en la distancia, dejando atrás un silencio denso y opresivo.

Bajó la mirada hacia la lista y la caja de pastillas. Haría esto rápido. Sonic no tendría otra opción más que obedecer.

Empujó la puerta y entró, cerrándola con un movimiento calculado. Apenas dio un par de pasos cuando el ambiente del hogar lo envolvió. El aroma tenue a madera y a algo dulce-quizá pan recién horneado-flotaba en el aire. Sus ojos recorrieron cada rincón con detenimiento: los muebles dispuestos con calidez, la luz suave filtrándose por las ventanas, y en las paredes... fotografías.

Shadow se quedó inmóvil.

Los marcos bien colocados contenían fragmentos de una vida ajena a él. Sonic, con su sonrisa despreocupada, riendo junto a Tails en una de ellas; en otra, posando con Knuckles después de lo que parecía una competencia; y más allá, una imagen de la familia Wachowski con Sonic en el centro, rodeado por los brazos de ambos, su expresión reflejando algo que Shadow no podía nombrar.

Su garganta se sintió extrañamente seca.

Familia. Hogar.

El concepto le resultaba tan distante como la luz de una estrella. ¿Cómo se sentía saber que alguien te esperaría al final del día? Su mente, traicionera, le lanzó un recuerdo fugaz: el laboratorio frío, los pasillos vacíos, el eco de sus propios pasos... y María. Su sonrisa, su voz cálida llamándolo por su nombre. La única luz en medio de la oscuridad.

Pero María ya no estaba. Nunca volvería.

Shadow apartó la vista de golpe, como si el pensamiento le quemara. Sin decir nada más, dejó la lista y las pastillas sobre la encimera de la cocina. No tenía tiempo para distracciones.

Un suave ruido a su costado sacó a Shadow de sus pensamientos. Fue un sonido leve, casi imperceptible, seguido del inconfundible golpeteo de patas moviéndose con agilidad sobre el suelo de madera. Por un instante, el silencio tenso de la casa se llenó con esa sutil presencia.

Shadow se giró lentamente, y sus ojos se encontraron con los de un perro que lo observaba con sincera curiosidad. La cola del animal se movía en un vaivén constante, casi como si marcara el ritmo de un latido. La mirada del perro, franca y sin prejuicios, contrastaba con el frío distanciamiento que Shadow intentaba proyectar.

-Parece que también tendré que ocuparme de ti -murmuró Shadow en un tono bajo, mientras cruzaba los brazos. A pesar de su voz grave y contenida, se pudo intuir una pizca de ironía en sus palabras, como si aceptara a regañadientes este inesperado "encargo" animal.

El perro respondió con un ladrido corto, como si intentara comunicar que entendía, o simplemente saludaba la interrupción. Shadow alzó una ceja, observando con detenimiento la placa que adornaba el collar del can: un simple grabado que decía "Ozzy".

-¿Cómo te llamas? -preguntó, dejando que la curiosidad y una leve sonrisa se dibujaran en sus labios por un instante.

El perro, con la naturalidad que solo un animal puede tener, pareció afirmar su identidad con un pequeño movimiento de cabeza, como si su respuesta fuera tácita.

-Bien, Ozzy -continuó Shadow, sintiendo, a pesar de sí mismo, que había algo reconfortante en esa interacción inesperada-. Ahora dime, ¿dónde está Sonic?

Con una agilidad que desmentía su tamaño, Ozzy pareció captar de inmediato la indirecta. Dio media vuelta y salió corriendo hacia una escalera que conducía a la parte alta de la casa. Se detuvo en la base, mirando hacia arriba con ojos que parecían preguntar sin palabras y, tras una breve pausa, volvió la vista hacia Shadow, como ofreciendo la pista que el erizo necesitaba.