Chapter 15: Capítulo 14

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |Words: 19664

Un paso atrás, un paso adelante

Shadow abrió los ojos de golpe, su respiración entrecortada y su corazón latiendo con fuerza contra su pecho. No supo qué lo había despertado, pero un escalofrío helado recorrió su espalda, erizando su pelaje. La noche seguía envolviendo el campo en su manto oscuro, pero algo se sentía distinto.

Se incorporó lentamente, sintiendo la humedad del rocío pegándose a su pelaje y el susurro del viento helado filtrándose entre la hierba alta. Las luciérnagas aún flotaban en el aire, pero su luz titilaba con menos intensidad, como si estuvieran a punto de extinguirse. La tranquilidad de la noche seguía ahí, y sin embargo, una sensación de inquietud lo oprimía, como si algo invisible estuviera al acecho.

Fue entonces cuando notó la ausencia a su lado.

Sonic no estaba allí.

Su mirada se posó de inmediato en el suelo, donde aún se distinguía la marca en la hierba que su cuerpo había dejado al dormir. Estaba seguro de que momentos atrás él seguía ahí, respirando con tranquilidad bajo el cielo nocturno. Pero ahora, no quedaba más que el vacío a su lado.

Shadow frunció el ceño, su cuerpo tensándose de inmediato. Un mal presentimiento se deslizó por su mente, como un eco lejano advirtiéndole que algo no estaba bien.

El viento cambió de dirección de manera repentina, arrastrando consigo un susurro apenas perceptible, un murmullo que no venía de ningún lado en particular y, aun así, le resultaba extrañamente familiar.

Su piel se erizó.

Se giró de golpe, y entonces la vio.

A unos metros de distancia, entre la neblina de luciérnagas que flotaban con lentitud en el aire, una figura se erguía en la penumbra. Al principio, su silueta parecía borrosa, difuminada con el vaivén del viento. Pero en cuanto la luz de los insectos iluminó su rostro, su aliento quedó atrapado en su garganta.

Cabello dorado que flotaba suavemente, iluminado por un resplandor etéreo. Ojos azules, brillando con una dulzura melancólica. Un rostro que no podía olvidar, no importaba cuánto tiempo pasara.

-...María.

Su voz apenas fue un susurro, un temblor quebrado en la inmensidad de la noche.

Ella le sonrió.

-Shadow...

El sonido de su voz lo atravesó como un rayo, helándole hasta la médula. Su cuerpo se paralizó, incapaz de moverse, incapaz de procesar lo que estaba viendo. Su mente le gritaba que era imposible, que no podía estar ahí, que ella...

Pero su corazón.

Su corazón se aferraba a la idea de que sí.

Dio un paso hacia ella, con la respiración contenida y una punzada de dolor en el pecho.

-Esto... no puede ser real -logró decir con la voz apenas audible, sintiendo cómo su garganta se cerraba.

María ladeó la cabeza con dulzura, su expresión reflejando una tristeza que le resultó inquietante.

-Siempre estás huyendo de lo que sientes...

Shadow parpadeó, confuso.

-¿Qué...?

-Tienes miedo. No de los demás... sino de ti mismo.

Él sintió su estómago hundirse en un abismo.

-No... no lo entiendes...

-Sí lo entiendo, Shadow. -Su sonrisa era suave, pero sus ojos destellaban con un brillo melancólico-. Pero si sigues aferrándote al pasado, nunca verás lo que tienes frente a ti.

Él quiso decir algo, replicar, aferrarse a la idea de que ella no estaba allí, de que nada de esto era real. Pero en cuanto trató de hablar, María comenzó a desvanecerse.

Su silueta se tornó translúcida, su forma se difuminó como si la brisa la estuviera deshaciendo poco a poco, arrancándola de su vista como un recuerdo lejano.

-¡No! ¡Espera!

Shadow extendió una mano hacia ella, el miedo atravesándole el pecho con una intensidad asfixiante. Pero en cuanto sus dedos estuvieron a punto de tocarla...

Ella desapareció.

Y en su lugar, entre la penumbra y la tenue luz intermitente de las luciérnagas, apareció otra figura.

Al principio era una sombra borrosa, sin forma ni rostro. Pero conforme su vista se enfocó, su silueta se hizo más clara.

Espinas desordenadas. Postura relajada, pero con un aire inalcanzable. Ojos verdes, observándolo con una expresión que no supo descifrar.

Shadow sintió cómo el vacío en su pecho se expandía.

-Sonic...

Él no dijo nada. Solo lo miraba desde la distancia, inmóvil.

Shadow intentó acercarse, pero cuando dio un paso, Sonic pareció alejarse.

Dio otro paso más, pero la distancia entre ambos creció.

Shadow apretó los dientes, sintiendo una desesperación desconocida revolviéndose en su interior.

-¡No te vayas!

El viento se levantó con fuerza, y de pronto todo a su alrededor comenzó a colapsar. El cielo se fracturó como vidrio resquebrajado, el suelo se desvaneció bajo sus pies, y la luz de las luciérnagas se extinguió por completo.

Shadow sintió que caía.

Y entonces...

Despertó.

Su cuerpo se sacudió con un espasmo cuando abrió los ojos de golpe, como si acabara de emerger de aguas profundas tras haber estado a punto de ahogarse. Su respiración era errática, entrecortada, y su pecho subía y bajaba con violencia. Su corazón martilleaba con tanta fuerza contra su caja torácica que le dolía.

El frío seguía aferrándose a su piel, como si el viento helado del sueño se hubiese filtrado en la realidad. Su pelaje estaba erizado, cada músculo de su cuerpo tenso y tembloroso, como si hubiera estado luchando contra algo que no podía ver.

Parpadeó varias veces, desorientado, tratando de enfocar su entorno.

El amanecer teñía el horizonte con tonos apagados de naranja y azul. La brisa matutina era fresca, cargada con el aroma húmedo del rocío, y la hierba aún estaba fría bajo sus manos enguantadas. Sus dedos se aferraban a ella, sintiendo la textura áspera de las hojas, como si necesitara algo tangible que le confirmara que estaba despierto.

Pero el peso del sueño todavía lo envolvía.

Podía escuchar el eco de la voz de María resonando en su mente, el brillo de su mirada persiguiéndolo incluso con los ojos abiertos. Su pecho se sentía oprimido, como si la silueta de ella aún estuviera ahí, justo fuera de su alcance. Y al mismo tiempo, la imagen de Sonic alejándose de él lo perseguía con la misma intensidad.

Su mente estaba atrapada entre el pasado y el presente. Entre la pérdida y el miedo.

Lentamente, giró la cabeza.

Sonic seguía allí, dormido a su lado.

Su respiración era tranquila, rítmica, y su postura relajada, con un brazo doblado bajo su cabeza y su pecho subiendo y bajando suavemente con cada inhalación. La luz suave de la mañana acariciaba su rostro, resaltando el contorno de su expresión pacífica.

Shadow lo observó en silencio.

El alivio llegó primero, un susurro casi imperceptible en su interior. Sonic estaba ahí. No había desaparecido. No se había alejado.

Pero la confusión no tardó en mezclarse con ese sentimiento.

¿Por qué su mente lo había puesto en el mismo espacio que María? ¿Por qué verlo ahí, en la realidad, le hacía sentir como si algo dentro de él se hubiera quebrado un poco más?

Su garganta se cerró, y sus manos se apretaron en puños contra la hierba.

El sueño no había sido solo un delirio pasajero.

Había sido un reflejo de lo que realmente temía.

Porque, en el fondo, sabía que María tenía razón.

Y eso lo aterraba.

Necesitaba alejarse, aunque fuera solo por un momento. Quizás el aire fresco disiparía el peso en su pecho.

Con cuidado, se incorporó y dio un paso atrás, listo para irse sin hacer ruido.

Pero entonces sintió algo que lo detuvo.

Un roce ligero en su muñeca.

Su mirada descendió de inmediato, solo para encontrarse con una mano azul sujetándolo con suavidad.

Sonic.

Su agarre no era firme, pero bastó para hacer que Shadow se detuviera. Sus párpados aún estaban pesados por el sueño, y su voz salió arrastrada, con un tono adormilado pero genuino:

-Shadow... ¿estás bien?

Shadow parpadeó, tomándose un segundo de más en reaccionar. Sonic apenas estaba despertando, pero en su mirada asomaba un atisbo de preocupación.

-Sí -respondió al final, con la voz más baja de lo que pretendía.

Sonic frunció levemente el ceño, aún con la somnolencia pintada en su rostro.

-¿Seguro...? -bostezó y empezó a estirarse con pereza-. Pareciera que tuviste un mal sueño.

Shadow se tensó.

No quería responder. Pero la sensación aún persistía en su mente. El vacío. La voz de María. La forma en que Sonic lo miraba en aquel mundo irreal...

Su silencio se alargó demasiado, y cuando por fin habló, su respuesta fue cortante:

-Algo así.

Sonic le echó una mirada de reojo mientras terminaba de desperezarse, pero no insistió. Solo dejó escapar un suspiro y murmuró con voz tranquila, casi sin pensarlo:

-Maddie dice que los sueños son la forma en la que nuestra mente nos obliga a ver lo que no queremos aceptar.

Shadow se quedó inmóvil.

Sintió un escalofrío recorrerle la espalda, helándole los pensamientos.

Su mano se crispó apenas, los dedos tensándose por reflejo. Su respiración se entrecortó en un instante imperceptible, pero lo suficiente para que sintiera un latido más fuerte en el pecho.

No.

Sus ojos buscaron a Sonic, pero él no parecía haber notado su reacción. Solo se estiraba, perezoso, como si no le diera demasiada importancia a sus propias palabras.

Pero Shadow... Shadow sí se la daba.

Y eso era lo peor.

Su mente empezó a revolverse como hojas arrastradas por el viento. ¿Era eso lo que pasaba? ¿Su propia mente obligándolo a enfrentar sentimientos que se negaba a admitir? Apretó los labios en una línea tensa y desvió la mirada. No quería pensarlo. No quería darle razón a esos susurros internos, pero en lo más profundo de su ser, un eco persistente se negaba a callar.

Un instante antes de que sus pensamientos se disiparan, un estornudo fuerte rompió el silencio. El sonido resonó en el aire fresco de la mañana, y el cambio en la respiración de Sonic fue inmediato, como si un peso invisible cayera sobre él. Parpadeó varias veces, sorprendido, y se cubrió la nariz con la mano.

-¡Oh no! -dijo con un tono preocupado, mirando hacia un lado como si estuviera esperando que algo cambiara. -Espero que no sea lo que estoy pensando...

Antes de que pudiera terminar, otro estornudo, aún más potente, interrumpió sus palabras, haciendo que su cuerpo se sacudiera ligeramente.

Shadow observó la escena en silencio, sus ojos fijos en Sonic. La manera en que Sonic se encogió, la repentina vulnerabilidad, le provocaron una sensación extraña, algo que jamás había esperado ver en alguien tan lleno de energía.

-¿Estás... bien? -preguntó Shadow, con voz fría, aunque no pudo disimular una pizca de preocupación.

Sonic, un poco ruborizado por su propia reacción, se limpió la nariz con la palma de la mano y suspiró.

-Creo que sí... solo espero no estar resfriado o algo así. -Se miró a sí mismo, como si le hablara a su propio cuerpo. -La noche fría y sin abrigo... puede que me haya jugado una mala pasada.

Mientras Sonic se defendía de su propio malestar, Shadow no dejaba de analizar la escena. Sonic, siempre tan enérgico, ahora parecía débil y vulnerable, casi irreconocible. La idea de que alguien como él pudiera enfermarse le resultaba casi surreal, y aunque trataba de ocultarlo tras su habitual frialdad, algo en su interior se removía con inquietud.

Sonic tosió levemente, interrumpiendo los silenciosos pensamientos de Shadow.

-Creo que necesito algo de agua... y tal vez un poco de calor -dijo, dejando entrever su incomodidad.

Por un momento, Shadow volvió a dirigir su mirada hacia Sonic, notando cómo sus movimientos se volvían torpes, como si la vitalidad que lo caracterizaba se hubiera esfumado. En su mente, la frustración crecía:

Solo a un tonto se le ocurre venir aquí sin abrigo. Es casi invierno...

Su mirada se endureció, pero permaneció en silencio.

-Deberías volver -dijo Shadow, su tono grave y directo.

Sonic lo miró con una pequeña sonrisa, aunque estaba claro que la incomodidad de la situación era más evidente que su habitual actitud despreocupada.

-Tienes razón -respondió Sonic, levantándose lentamente del frío suelo, sintiendo el agotamiento en su cuerpo. -Por cierto, fue una linda noche. Gracias por acompañarme.

Shadow lo observó con una expresión neutral, como si esas palabras no significaran nada para él, pero en el fondo, algo en su interior resonaba con ellas. Sin embargo, no era algo que fuera a admitir en voz alta.

Antes de que ambos se separaran, Sonic, aún con una sonrisa torcida, se volvió hacia Shadow con un guiño juguetón.

-Por cierto, no sabía que abrazabas al dormir... No sabía que tenías un lado tierno, Shadow -comentó, con picardía. -¡Nos vemos mañana! -añadió, dejando claro que su despedida era tan casual como sincera.

El comentario de Sonic tomó a Shadow completamente desprevenido. Si no hubiera sido por el paso rápido de Sonic, que se alejó casi de inmediato, Shadow probablemente le habría respondido con un golpe o, al menos, con una mirada fulminante. Se quedó en silencio por un momento, observando cómo Sonic se alejaba.

Un ligero rubor cruzó su rostro, pero rápidamente lo disimuló, volviendo a su expresión seria. Maldito... pensó para sí mismo, mientras lo observaba desaparecer en la distancia, sintiendo que la situación había cambiado de una manera que no podía entender.

-Ese idiota se está tomando demasiadas atribuciones que no le corresponden -murmuró Shadow, apretando los puños en un esfuerzo por contener la furia contenida.

Con la mirada fija en un cielo despejado que parecía prometerle la paz que tanto anhelaba, Shadow siguió su camino hacia su refugio, el único lugar al que podía acudir en esos momentos. Ese mismo día transcurrió a paso lento y pensativo, como si cada instante se estirara en un eterno suspiro. Y así fue durante los tres días siguientes, días en los que la ausencia de Sonic se hizo dolorosamente evidente. A pesar de haberle asegurado que volvería al día siguiente, Sonic nunca apareció, dejando un vacío que Shadow no podía ignorar.

Durante esos tres días, la soledad se había convertido en la única compañía de Shadow, y en cada instante su mente se sumergía en un torbellino de recuerdos y emociones. Mientras se refugiaba bajo la imponente sombra de aquel enorme árbol, cada brisa parecía arrastrar consigo fragmentos de un pasado que se negaba a desaparecer.

Recordaba a Sonic, no solo como el erizo azul que siempre irradiaba energía y vitalidad, sino como la encarnación de todo lo que Shadow anhelaba poder sentir sin temor. La risa contagiosa, la mirada que destilaba una confianza inquebrantable y la manera en que, incluso en la adversidad, Sonic parecía encontrar la luz en medio de la oscuridad. Para Shadow, cada vez que pensaba en Sonic, se abría un abismo de anhelo. Esa ausencia no era solamente la falta de una presencia física, sino la carencia de una chispa vital que lo hacía sentir menos solo y más humano, una vulnerabilidad que, a pesar de su resistencia, lo hacía temer admitir que necesitaba esa calidez.

Pero al mismo tiempo, el recuerdo de María se alzaba como un eco distante, una sombra del pasado que le recordaba lo que había perdido. La imagen de María, con sus ojos llenos de una melancolía serena y una ternura que parecía curar cualquier herida, se entrelazaba en su mente con la figura de Sonic. Mientras Sonic representaba la posibilidad de un futuro, María era el reflejo del dolor que aún lo mantenía cautivo a antiguos recuerdos. Cada pétalo caído de la rosa que tanto cuidaba se convertía en un símbolo del amor que se marchitó demasiado pronto, y en cada flor marchita se mezclaba la amarga resignación de lo irrecuperable.

El sueño, esa visión onírica que había irrumpido en su ser, era el vínculo que unía ambos recuerdos en un extraño y confuso abrazo. En el sueño, la aparición de María no solo evocaba su pérdida, sino que también le mostraba lo que él se negaba a sentir plenamente: la vulnerabilidad y el temor a amar, a dejar que el pasado volviera a herir. Pero en ese mismo sueño, la silueta de Sonic se desdibujaba en la penumbra, simbolizando la posibilidad de renacer en medio del dolor, la oportunidad de encontrar redención en una conexión genuina. Esa dualidad lo desgarraba; por un lado, quería aferrarse a la seguridad que le ofrecían los recuerdos de lo perdido, y por otro, el anhelo de lo que Sonic representaba lo impulsaba a arriesgarse a sentir de nuevo, a abrirse a una luz que temía que pudiera desvanecerse tan pronto como apareciera.

Así, mientras hablaba a las estrellas, Shadow se debatía entre el consuelo de lo conocido y el miedo a lo incierto. Cada palabra que susurraba al viento era un intento desesperado de comprender cómo estos elementos-la vitalidad de Sonic, la melancolía de María y el enigmático mensaje del sueño-se entrelazaban en un mosaico de emociones tan contradictorio como inevitable. Su corazón, endurecido por años de soledad, latía con fuerza, recordándole que, a pesar de todo, había algo en la vulnerabilidad que lo hacía sentir vivo. Y en ese silencio de la noche, mientras las hojas caídas y el eco de su voz se perdían en la inmensidad del firmamento, Shadow se enfrentaba a la dolorosa verdad: que la ausencia de Sonic no solo lo hacía falta, sino que también le obligaba a mirar dentro de sí mismo para descubrir quién era, en realidad, cuando ya no podía esconderse tras las sombras del pasado.

...

El viento soplaba con fuerza aquella tarde, arrastrando hojas secas por el suelo y helando el aire con su gélida caricia. Shadow se encontraba en el mismo lugar de siempre, el sitio donde, hasta hace unos días, se encontraba con Sonic sin falta. Pero esta vez estaba solo. Solo él y la rosa, que ahora no era más que un conjunto de ramas secas, desprovistas de su antigua belleza. Aun así, Shadow seguía cuidándola, incapaz de ignorar lo que una vez fue.

El silencio del bosque se rompió de pronto. Un sonido de pasos crujió sobre la hierba y las hojas caídas, acercándose a él. Su cuerpo reaccionó de inmediato, tenso, alerta. Por un instante, su mente le jugó una trampa: pensó que era Sonic. Su corazón latió un poco más fuerte sin que él lo permitiera.

Esperándolo.

No. No lo estaba esperando.

Su expresión se endureció y, sin apartar la mirada de la rosa marchita, su voz se alzó firme y cortante, llevada por el viento.

-No deberías estar aquí, Sonic.

Pero la respuesta que recibió no fue la que esperaba.

-No soy Sonic.

La voz era más suave. Más contenida. Shadow giró la cabeza de inmediato y su ceño se frunció al reconocer al pequeño zorro que lo observaba con cierta cautela.

Tails.

La brisa fría sopló entre ellos mientras Shadow lo miraba en silencio, midiendo su presencia. La sorpresa inicial se desvaneció rápidamente, dejando espacio para la confusión y un ligero rastro de irritación.

Sonic no había venido. Pero alguien más lo había hecho.

-¿Qué haces aquí? -preguntó, sin molestarse en ocultar su desconcierto.

Tails respiró hondo antes de responder.

-Sonic dijo que podía encontrarte aquí... Necesito pedirte un favor.

El aire pareció volverse más denso de repente. Shadow entrecerró los ojos, escrutando al zorro con atención. Había algo en su tono, en su postura, que le provocó una extraña inquietud.

¿Por qué estaba ahí? ¿Por qué no había venido Sonic en su lugar?

Una sensación desagradable se instaló en su pecho. Un escalofrío recorrió su espalda, casi imperceptible.

Una posibilidad cruzó su mente, oscura e inesperada.

Su voz sonó más grave, más tensa.

-¿Acaso... le pasó algo a Sonic?