Las desiciones son extrañas
A veces, crees que tienes el control, que todo está bajo tu mando... pero al final, terminas donde menos lo esperabas.
...
Y ahà estaba otra vez.
En el mismo lugar donde habÃa decidido dejarse ver, donde por primera vez en mucho tiempo permitió que alguien viera más allá de su sombra.
No sabÃa en qué momento habÃa comenzado, pero desde entonces, sus pensamientos giraban en torno a él. No importaba cuánto intentara alejarse, cuánto luchara por mantenerse firme en su propio camino... Sonic siempre estaba ahÃ.
Era como si el universo se empeñara en arrastrarlo de vuelta, en hacer que sus vidas se cruzaran una y otra vez.
Y él, por más que quisiera evitarlo, terminaba siguiéndolo.
Porque incluso cuando intentaba comprender qué lo ataba a Sonic, lo único que lograba era hundirse más en aquel caos. En esa sensación incontrolable que lo consumÃa cada vez que lo miraba.
No importaba cuántas veces se alejara.
No importaba cuántas veces lo negara.
Siempre terminaba regresando a él.
Aquel erizo azul...
Con su sonrisa desafiante, su mirada brillante llena de determinación, esa energÃa inagotable que parecÃa impulsarlo a seguir adelante sin importar las cicatrices del pasado. Su voz, tan segura, tan firme, como si nada en el mundo pudiera derribarlo.
Todo en él era un reflejo de alguien a quien Shadow habÃa amado más que a nada.
Era casi cruel.
Como si la vida se empeñara en ponerlo frente a él una y otra vez, recordándole que no importa cuánto corra, no puede escapar de su pasado.
Porque cada vez que veÃa a Sonic, era como si una sombra le susurrara al oÃdo, como si el eco de una voz que ya no estaba lo envolviera en un torbellino de recuerdos. Como si el universo se burlara de él, mostrándole lo que perdió y nunca podrá recuperar.
Por más que lo intentara, no podÃa ignorarlo. No podÃa fingir que no lo veÃa.
Porque Sonic no solo era Sonic.
Era un recordatorio constante de lo que una vez tuvo y jamás podrá volver a tener.
Después de lo ocurrido en el pueblo, sus pasos lo llevaron de vuelta al bosque, lejos del bullicio, lejos de aquellas miradas que lo habÃan juzgado sin conocerlo. Se adentró en la espesura hasta llegar a aquel viejo árbol que Sonic aún no conocÃa. Su refugio. Un lugar donde podÃa perderse entre las sombras y el susurro del viento sin que nadie lo alcanzara.
AhÃ, en lo alto de una de sus ramas más firmes, con la vista fija en el cielo nocturno, intentó convencerse de que alejarse era lo correcto.
Pero la verdad era otra.
Se sentÃa traicionado. Humillado.
No entendÃa cómo habÃa permitido que lo arrastraran a esa situación, cómo habÃa bajado la guardia lo suficiente para quedar expuesto ante todos. Su orgullo ardÃa, herido, y la sensación de haber sido puesto en un escaparate le revolvÃa el estómago.
Recordaba los murmullos de la gente, las miradas cautelosas, algunas aún llenas de desconfianza. Pero lo que más le molestaba no eran ellos... sino Sonic.
Y lo peor de todo...
SabÃa que Sonic no lo habÃa hecho con mala intención.
En el fondo, una parte de él reconocÃa que el erizo solo querÃa ayudarlo, que su intención no habÃa sido señalarlo ni ponerlo en el centro de atención. Sonic siempre habÃa sido asÃ, impulsivo, genuino, convencido de que todos merecÃan una oportunidad.
Pero eso no hacÃa que la herida doliera menos.
Apretó los puños. Sus dedos rasparon la corteza de la rama en la que estaba apoyado.
Aun asÃ, no era solo por eso que se mantenÃa alejado.
HabÃa algo más. Algo más profundo.
SabÃa que Sonic lo buscaba. DÃa tras dÃa, regresaba al mismo lugar, recorriendo los senderos donde solÃan correr, esperando encontrarlo. Shadow lo veÃa desde la distancia, siempre fuera de su alcance, siempre lo suficientemente cerca para observarlo, pero nunca para dejarse ver.
Pero verlo asÃ...
Esa forma en que se detenÃa unos segundos, observando a su alrededor con la esperanza de encontrarlo. Esa forma en que fruncÃa el ceño y apretaba los puños antes de seguir adelante. Esa forma en que, incluso cuando el sol comenzaba a ocultarse y sus pasos se volvÃan más pesados, seguÃa volviendo, una y otra vez.
Era frustrante.
No porque Sonic lo buscara.
Sino porque una parte de él querÃa ser encontrado.
Esa verdad le quemaba por dentro. Porque, por más que se negara a aceptarlo, la realidad era que una parte de él querÃa que Sonic no se rindiera. Que siguiera buscándolo. Que no dejara de intentar alcanzarlo, incluso cuando él mismo se empeñaba en alejarse. Y era esa misma contradicción la que lo estaba destrozando.
Shadow cerró los ojos, tratando de alejar esos pensamientos, pero el sonido de unos pasos interrumpió el silencio del bosque. Su cuerpo reaccionó de inmediato, aunque él permaneció inmóvil. No necesitaba ver para saber de quién se trataba. Sonic estaba ahà otra vez.
El erizo azul avanzó con la misma energÃa de siempre, pero esta vez habÃa algo diferente en él. Sus movimientos eran más cuidadosos, más atentos, como si supiera que no estaba solo. Shadow lo observó desde su escondite entre las sombras del árbol, sin hacer el más mÃnimo ruido.
âSé que estás aquÃ.
Sonic se detuvo justo debajo. Su voz no sonaba desafiante ni molesta, pero tampoco habÃa rastro de la ligereza con la que solÃa hablar. Shadow no respondió. No porque no tuviera nada que decir, sino porque sabÃa que, si lo hacÃa, Sonic no se detendrÃa hasta encontrarlo.
âNo tienes que responderme⦠pero sé que estás aquÃ.
Alzó la mirada, explorando entre las ramas. Shadow no se movió. El viento agitó las hojas, pero él siguió ahÃ, oculto, observando.
âNo sé por qué sigues escondiéndote.
El tono en su voz era distinto. No era burla, ni provocación. Solo algo que se sentÃa demasiado honesto.
âNo después de todo lo que pasó.
Apretó la mandÃbula.
âNo después de lo que hicimos juntos.
Las palabras se clavaron en su mente antes de que pudiera evitarlas.
El silencio se alargó. Sonic esperaba algo, cualquier cosa. Una señal. Shadow lo sabÃa, podÃa sentirlo, pero no cedió. No se movió. No dijo nada.
Después de unos segundos, Sonic soltó un suspiro. Bajó la mirada y retrocedió un paso.
âSi alguna vez decides salir⦠ya sabes dónde encontrarme.
Dio media vuelta y se alejó sin esperar una respuesta.
Shadow no apartó la vista. No lo siguió con la mirada por costumbre, sino porque, esta vez, algo en él no querÃa perder de vista su silueta. Lo vio marcharse y, aunque su cuerpo permaneció inmóvil, supo que su determinación se hacÃa cada vez más frágil.
Por más que intentara mantenerse en la sombra, por más que se aferrara a la idea de que debÃa estar solo⦠siempre terminaba regresando a él. Siempre.
En una de esas ocasiones, cuando Sonic insistÃa en su búsqueda, Shadow notó algo más.
Un dron.
Al principio pensó que era algún invento de Tails, vigilando a Sonic para asegurarse de que estuviera bien, pero pronto se dio cuenta de que no era asÃ. Ese aparato no tenÃa el diseño caracterÃstico del zorro ni su tecnologÃa. No estaba ahà por casualidad.
Y lo peor de todo... Sonic ni siquiera se habÃa dado cuenta.
Por un momento, Shadow estuvo listo para atacar, esperando el menor indicio de amenaza, pero el dron simplemente se alejó. No obstante, él ya habÃa visto lo suficiente. Se movió con cautela, siguiendo su rastro, asegurándose de que nadie más lo notara.
Porque ahora sabÃa a quién pertenecÃa.
Shadow apretó los dientes. PodrÃa haberse dado la vuelta y ignorarlo, podrÃa haber seguido su camino, pero algo dentro de él le decÃa que no debÃa hacerlo. Algo en su interior le advertÃa que no serÃa algo sencillo, que todo esto iba más allá de sus propios problemas.
Algo en su interior le advertÃa que nada bueno saldrÃa de ello.
Asà que, sin saber exactamente por qué, decidió averiguarlo.
Shadow siguió al dron en silencio, cada paso calculado. No se movÃa sin rumbo ni transmitÃa señales inmediatas. Estaba esperando. Observando.
¿Pero qué hacÃa vigilando a Sonic?
El presentimiento en su pecho se intensificó. Algo no cuadraba.
Se adelantó con un movimiento rápido, cayendo sobre la máquina antes de que pudiera reaccionar. Hundió sus garras en el metal, pero antes de que pudiera analizarlo, el dron emitió un pitido agudo y se autodestruyó en una lluvia de chispas.
Shadow no necesitó mucho para reconocer la tecnologÃa. SabÃa exactamente a quién pertenecÃa.
Ese dron no estaba ahà por casualidad. No era un simple aparato perdido en el bosque.
Era un dispositivo de vigilancia. De recopilación de datos.
Y Sonic era su objetivo.
SabÃa quién estaba detrás de esto. Lo supo desde el momento en que vio la tecnologÃa, desde el instante en que la máquina intentó autodestruirse para no dejar evidencia.
Lo lógico era ir con Sonic. Advertirle.
Pero no lo hizo.
Porque si el dron estaba espiando a Sonic⦠¿qué probabilidades habÃa de que también lo estuvieran observándolo a él?
Shadow alzó la vista hacia el cielo nocturno. No habÃa más drones a la vista, pero eso no significaba que estuviera solo.
Se quedó en silencio por un momento. Luego, sin dejar rastro, desapareció entre las sombras.
...
Cada noche, Shadow se encontraba allÃ, en su refugio mirando las estrellas con una calma que apenas sentÃa. El cielo, tan vasto y lejano, parecÃa ofrecerle un refugio que él nunca habÃa buscado, pero que ahora necesitaba más que nunca. Las luces titilantes sobre su cabeza parecÃan estar fuera de su alcance, tan distantes como su propia paz interior. Se perdÃa en su inmensidad, pero sus pensamientos siempre regresaban al mismo lugar: al pasado, a las decisiones que lo habÃan llevado hasta ahÃ, y en MarÃa.
Antes, la soledad no le causaba ningún tipo de inquietud. Era una compañera silenciosa, una sombra que caminaba junto a él, pero que nunca llegaba a pesarlo. HabÃa sido una constante en su vida, algo con lo que habÃa aprendido a vivir. Se habÃa acostumbrado a ser un ser solitario, distante, a no esperar nada de los demás, ni a dar nada a cambio. Pero todo eso habÃa cambiado. Ahora, sin el erizo, sin su presencia llena de energÃa y de vida, esa soledad se volvÃa más pesada, más tangible. Ya no era solo una ausencia; era un vacÃo profundo, que se extendÃa más allá de su pecho, como si algo le faltara en su esencia misma.
Lo más doloroso era la sensación de que, por mucho que intentara deshacerse de ese vacÃo, algo dentro de él seguÃa reclamando a Sonic. Un rincón oscuro en su mente se llenaba de recuerdos: las risas, los momentos compartidos, esa forma tan única de Sonic de ver el mundo, de correr hacia el futuro sin detenerse a mirar atrás. Aquello que en su momento le habÃa parecido innecesario, ahora se le antojaba esencial, como un faro que lo guiaba sin él saberlo. Extrañaba sus ocurrencias, esas pequeñas locuras que siempre rompÃan el silencio, esas bromas y sonrisas que lograban sacarle un destello de humanidad en medio de su lucha constante.
Cómo tambien habÃan cosas que lo irritaban profundamente. Esa forma de actuar como si nada pudiera afectarlo, esa actitud de siempre estar en control, de creerse invencible, le rozaba la fibra más sensible de su ser. Sonic no se detenÃa nunca, siempre mirando hacia adelante, como si el pasado y sus errores no importaran, como si todo se resolviera con una carrera más rápida o con un chiste más. Esa despreocupación, esa facilidad con la que se deshacÃa de los problemas, era algo que lo desconcertaba y, en ocasiones, lo hacÃa sentir que Sonic no comprendÃa la verdadera gravedad de las situaciones.
Era frustrante. Sonic nunca se tomaba las cosas en serio cuando más lo necesitaban, y eso, más que cualquier otra cosa, lo ponÃa en tensión. El erizo tenÃa una habilidad especial para hacer que todo pareciera sencillo, incluso cuando las consecuencias eran graves, y Shadow no podÃa evitar sentir que, tal vez, esa era una de las razones por las que la distancia entre ellos se habÃa vuelto tan insalvable.
El silencio de la noche ya no le parecÃa tan reconfortante como antes. El susurro del viento entre los árboles solo lo hacÃa sentir más aislado, más distante de todo lo que habÃa conocido. Y ahà estaba, en su rincón apartado del mundo, rodeado de sombras que solo él entendÃa, pero sabiendo en lo más profundo que esa soledad que habÃa elegido tantas veces, ahora lo devoraba. Extrañaba a Sonic. Y quizás, aunque nunca lo admitirÃa en voz alta, lo necesitaba más de lo que habÃa creÃdo.
Las estrellas seguÃan brillando allá arriba, ajenas a su tormenta interior. Y, por un momento, Shadow se permitió pensar que si pudiera alcanzarlas, tal vez podrÃa escapar de todo esto. Pero, al final, sabÃa que la verdadera respuesta no estaba en el cielo, sino en lo que habÃa dejado atrás: una amistad, un lazo, un ser tan diferente a él, pero que de alguna manera le habÃa dado un propósito.
âMaria si tan solo estuvieras aquÃ, todo serÃa más claro para mÃ.