Chapter 12: Capitulo 11

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |Words: 13098

Las desiciones son extrañas

A veces, crees que tienes el control, que todo está bajo tu mando... pero al final, terminas donde menos lo esperabas.

...

Y ahí estaba otra vez.

En el mismo lugar donde había decidido dejarse ver, donde por primera vez en mucho tiempo permitió que alguien viera más allá de su sombra.

No sabía en qué momento había comenzado, pero desde entonces, sus pensamientos giraban en torno a él. No importaba cuánto intentara alejarse, cuánto luchara por mantenerse firme en su propio camino... Sonic siempre estaba ahí.

Era como si el universo se empeñara en arrastrarlo de vuelta, en hacer que sus vidas se cruzaran una y otra vez.

Y él, por más que quisiera evitarlo, terminaba siguiéndolo.

Porque incluso cuando intentaba comprender qué lo ataba a Sonic, lo único que lograba era hundirse más en aquel caos. En esa sensación incontrolable que lo consumía cada vez que lo miraba.

No importaba cuántas veces se alejara.

No importaba cuántas veces lo negara.

Siempre terminaba regresando a él.

Aquel erizo azul...

Con su sonrisa desafiante, su mirada brillante llena de determinación, esa energía inagotable que parecía impulsarlo a seguir adelante sin importar las cicatrices del pasado. Su voz, tan segura, tan firme, como si nada en el mundo pudiera derribarlo.

Todo en él era un reflejo de alguien a quien Shadow había amado más que a nada.

Era casi cruel.

Como si la vida se empeñara en ponerlo frente a él una y otra vez, recordándole que no importa cuánto corra, no puede escapar de su pasado.

Porque cada vez que veía a Sonic, era como si una sombra le susurrara al oído, como si el eco de una voz que ya no estaba lo envolviera en un torbellino de recuerdos. Como si el universo se burlara de él, mostrándole lo que perdió y nunca podrá recuperar.

Por más que lo intentara, no podía ignorarlo. No podía fingir que no lo veía.

Porque Sonic no solo era Sonic.

Era un recordatorio constante de lo que una vez tuvo y jamás podrá volver a tener.

Después de lo ocurrido en el pueblo, sus pasos lo llevaron de vuelta al bosque, lejos del bullicio, lejos de aquellas miradas que lo habían juzgado sin conocerlo. Se adentró en la espesura hasta llegar a aquel viejo árbol que Sonic aún no conocía. Su refugio. Un lugar donde podía perderse entre las sombras y el susurro del viento sin que nadie lo alcanzara.

Ahí, en lo alto de una de sus ramas más firmes, con la vista fija en el cielo nocturno, intentó convencerse de que alejarse era lo correcto.

Pero la verdad era otra.

Se sentía traicionado. Humillado.

No entendía cómo había permitido que lo arrastraran a esa situación, cómo había bajado la guardia lo suficiente para quedar expuesto ante todos. Su orgullo ardía, herido, y la sensación de haber sido puesto en un escaparate le revolvía el estómago.

Recordaba los murmullos de la gente, las miradas cautelosas, algunas aún llenas de desconfianza. Pero lo que más le molestaba no eran ellos... sino Sonic.

Y lo peor de todo...

Sabía que Sonic no lo había hecho con mala intención.

En el fondo, una parte de él reconocía que el erizo solo quería ayudarlo, que su intención no había sido señalarlo ni ponerlo en el centro de atención. Sonic siempre había sido así, impulsivo, genuino, convencido de que todos merecían una oportunidad.

Pero eso no hacía que la herida doliera menos.

Apretó los puños. Sus dedos rasparon la corteza de la rama en la que estaba apoyado.

Aun así, no era solo por eso que se mantenía alejado.

Había algo más. Algo más profundo.

Sabía que Sonic lo buscaba. Día tras día, regresaba al mismo lugar, recorriendo los senderos donde solían correr, esperando encontrarlo. Shadow lo veía desde la distancia, siempre fuera de su alcance, siempre lo suficientemente cerca para observarlo, pero nunca para dejarse ver.

Pero verlo así...

Esa forma en que se detenía unos segundos, observando a su alrededor con la esperanza de encontrarlo. Esa forma en que fruncía el ceño y apretaba los puños antes de seguir adelante. Esa forma en que, incluso cuando el sol comenzaba a ocultarse y sus pasos se volvían más pesados, seguía volviendo, una y otra vez.

Era frustrante.

No porque Sonic lo buscara.

Sino porque una parte de él quería ser encontrado.

Esa verdad le quemaba por dentro. Porque, por más que se negara a aceptarlo, la realidad era que una parte de él quería que Sonic no se rindiera. Que siguiera buscándolo. Que no dejara de intentar alcanzarlo, incluso cuando él mismo se empeñaba en alejarse. Y era esa misma contradicción la que lo estaba destrozando.

Shadow cerró los ojos, tratando de alejar esos pensamientos, pero el sonido de unos pasos interrumpió el silencio del bosque. Su cuerpo reaccionó de inmediato, aunque él permaneció inmóvil. No necesitaba ver para saber de quién se trataba. Sonic estaba ahí otra vez.

El erizo azul avanzó con la misma energía de siempre, pero esta vez había algo diferente en él. Sus movimientos eran más cuidadosos, más atentos, como si supiera que no estaba solo. Shadow lo observó desde su escondite entre las sombras del árbol, sin hacer el más mínimo ruido.

—Sé que estás aquí.

Sonic se detuvo justo debajo. Su voz no sonaba desafiante ni molesta, pero tampoco había rastro de la ligereza con la que solía hablar. Shadow no respondió. No porque no tuviera nada que decir, sino porque sabía que, si lo hacía, Sonic no se detendría hasta encontrarlo.

—No tienes que responderme… pero sé que estás aquí.

Alzó la mirada, explorando entre las ramas. Shadow no se movió. El viento agitó las hojas, pero él siguió ahí, oculto, observando.

—No sé por qué sigues escondiéndote.

El tono en su voz era distinto. No era burla, ni provocación. Solo algo que se sentía demasiado honesto.

—No después de todo lo que pasó.

Apretó la mandíbula.

—No después de lo que hicimos juntos.

Las palabras se clavaron en su mente antes de que pudiera evitarlas.

El silencio se alargó. Sonic esperaba algo, cualquier cosa. Una señal. Shadow lo sabía, podía sentirlo, pero no cedió. No se movió. No dijo nada.

Después de unos segundos, Sonic soltó un suspiro. Bajó la mirada y retrocedió un paso.

—Si alguna vez decides salir… ya sabes dónde encontrarme.

Dio media vuelta y se alejó sin esperar una respuesta.

Shadow no apartó la vista. No lo siguió con la mirada por costumbre, sino porque, esta vez, algo en él no quería perder de vista su silueta. Lo vio marcharse y, aunque su cuerpo permaneció inmóvil, supo que su determinación se hacía cada vez más frágil.

Por más que intentara mantenerse en la sombra, por más que se aferrara a la idea de que debía estar solo… siempre terminaba regresando a él. Siempre.

En una de esas ocasiones, cuando Sonic insistía en su búsqueda, Shadow notó algo más.

Un dron.

Al principio pensó que era algún invento de Tails, vigilando a Sonic para asegurarse de que estuviera bien, pero pronto se dio cuenta de que no era así. Ese aparato no tenía el diseño característico del zorro ni su tecnología. No estaba ahí por casualidad.

Y lo peor de todo... Sonic ni siquiera se había dado cuenta.

Por un momento, Shadow estuvo listo para atacar, esperando el menor indicio de amenaza, pero el dron simplemente se alejó. No obstante, él ya había visto lo suficiente. Se movió con cautela, siguiendo su rastro, asegurándose de que nadie más lo notara.

Porque ahora sabía a quién pertenecía.

Shadow apretó los dientes. Podría haberse dado la vuelta y ignorarlo, podría haber seguido su camino, pero algo dentro de él le decía que no debía hacerlo. Algo en su interior le advertía que no sería algo sencillo, que todo esto iba más allá de sus propios problemas.

Algo en su interior le advertía que nada bueno saldría de ello.

Así que, sin saber exactamente por qué, decidió averiguarlo.

Shadow siguió al dron en silencio, cada paso calculado. No se movía sin rumbo ni transmitía señales inmediatas. Estaba esperando. Observando.

¿Pero qué hacía vigilando a Sonic?

El presentimiento en su pecho se intensificó. Algo no cuadraba.

Se adelantó con un movimiento rápido, cayendo sobre la máquina antes de que pudiera reaccionar. Hundió sus garras en el metal, pero antes de que pudiera analizarlo, el dron emitió un pitido agudo y se autodestruyó en una lluvia de chispas.

Shadow no necesitó mucho para reconocer la tecnología. Sabía exactamente a quién pertenecía.

Ese dron no estaba ahí por casualidad. No era un simple aparato perdido en el bosque.

Era un dispositivo de vigilancia. De recopilación de datos.

Y Sonic era su objetivo.

Sabía quién estaba detrás de esto. Lo supo desde el momento en que vio la tecnología, desde el instante en que la máquina intentó autodestruirse para no dejar evidencia.

Lo lógico era ir con Sonic. Advertirle.

Pero no lo hizo.

Porque si el dron estaba espiando a Sonic… ¿qué probabilidades había de que también lo estuvieran observándolo a él?

Shadow alzó la vista hacia el cielo nocturno. No había más drones a la vista, pero eso no significaba que estuviera solo.

Se quedó en silencio por un momento. Luego, sin dejar rastro, desapareció entre las sombras.

...

Cada noche, Shadow se encontraba allí, en su refugio mirando las estrellas con una calma que apenas sentía. El cielo, tan vasto y lejano, parecía ofrecerle un refugio que él nunca había buscado, pero que ahora necesitaba más que nunca. Las luces titilantes sobre su cabeza parecían estar fuera de su alcance, tan distantes como su propia paz interior. Se perdía en su inmensidad, pero sus pensamientos siempre regresaban al mismo lugar: al pasado, a las decisiones que lo habían llevado hasta ahí, y en María.

Antes, la soledad no le causaba ningún tipo de inquietud. Era una compañera silenciosa, una sombra que caminaba junto a él, pero que nunca llegaba a pesarlo. Había sido una constante en su vida, algo con lo que había aprendido a vivir. Se había acostumbrado a ser un ser solitario, distante, a no esperar nada de los demás, ni a dar nada a cambio. Pero todo eso había cambiado. Ahora, sin el erizo, sin su presencia llena de energía y de vida, esa soledad se volvía más pesada, más tangible. Ya no era solo una ausencia; era un vacío profundo, que se extendía más allá de su pecho, como si algo le faltara en su esencia misma.

Lo más doloroso era la sensación de que, por mucho que intentara deshacerse de ese vacío, algo dentro de él seguía reclamando a Sonic. Un rincón oscuro en su mente se llenaba de recuerdos: las risas, los momentos compartidos, esa forma tan única de Sonic de ver el mundo, de correr hacia el futuro sin detenerse a mirar atrás. Aquello que en su momento le había parecido innecesario, ahora se le antojaba esencial, como un faro que lo guiaba sin él saberlo. Extrañaba sus ocurrencias, esas pequeñas locuras que siempre rompían el silencio, esas bromas y sonrisas que lograban sacarle un destello de humanidad en medio de su lucha constante.

Cómo tambien habían cosas que lo irritaban profundamente. Esa forma de actuar como si nada pudiera afectarlo, esa actitud de siempre estar en control, de creerse invencible, le rozaba la fibra más sensible de su ser. Sonic no se detenía nunca, siempre mirando hacia adelante, como si el pasado y sus errores no importaran, como si todo se resolviera con una carrera más rápida o con un chiste más. Esa despreocupación, esa facilidad con la que se deshacía de los problemas, era algo que lo desconcertaba y, en ocasiones, lo hacía sentir que Sonic no comprendía la verdadera gravedad de las situaciones.

Era frustrante. Sonic nunca se tomaba las cosas en serio cuando más lo necesitaban, y eso, más que cualquier otra cosa, lo ponía en tensión. El erizo tenía una habilidad especial para hacer que todo pareciera sencillo, incluso cuando las consecuencias eran graves, y Shadow no podía evitar sentir que, tal vez, esa era una de las razones por las que la distancia entre ellos se había vuelto tan insalvable.

El silencio de la noche ya no le parecía tan reconfortante como antes. El susurro del viento entre los árboles solo lo hacía sentir más aislado, más distante de todo lo que había conocido. Y ahí estaba, en su rincón apartado del mundo, rodeado de sombras que solo él entendía, pero sabiendo en lo más profundo que esa soledad que había elegido tantas veces, ahora lo devoraba. Extrañaba a Sonic. Y quizás, aunque nunca lo admitiría en voz alta, lo necesitaba más de lo que había creído.

Las estrellas seguían brillando allá arriba, ajenas a su tormenta interior. Y, por un momento, Shadow se permitió pensar que si pudiera alcanzarlas, tal vez podría escapar de todo esto. Pero, al final, sabía que la verdadera respuesta no estaba en el cielo, sino en lo que había dejado atrás: una amistad, un lazo, un ser tan diferente a él, pero que de alguna manera le había dado un propósito.

—Maria si tan solo estuvieras aquí, todo sería más claro para mí.