Chapter 11: Capitulo 10

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |Words: 26224

Tú

El eco de mi corazón resonaba en mis oídos, un pulso incesante que me recordaba que, a pesar del caos, aún estaba en pie. El aire estaba impregnado del olor a metal caliente y polvo, y mientras la penumbra se llenaba de partículas danzantes, la imagen de esa figura oscura se grababa en mi mente con una intensidad casi insoportable. No podía creerlo: después de tanto tiempo, él regresaba, justo ahora, en medio de este desastre.

Entre el estruendo del robot, el crujido de escombros y los gritos de pánico que se elevaban en la distancia, una incertidumbre latente me invadía. ¿Qué significado tendría su regreso en este momento tan crítico? ¿Era un presagio, un llamado o simplemente otra pieza del destino, siempre impredecible, que no deja de sorprendernos?

Cada latido de mi corazón se sentía como un retumbar de tambores, y en ese instante me embargaron una mezcla abrumadora de asombro, alivio y temor. Ver a Shadow, de pie y majestuoso en medio de la penumbra, despertó en mí una sensación de vulnerabilidad, pero también una chispa de esperanza que iluminaba la oscuridad.

Justo en ese preciso momento, la atmósfera se tensó aún más. La silueta se adelantó con decisión, y de repente, su voz retumbó en medio del estruendo, firme y cortante como el filo de una espada:

-¡Sonic, tienes que aléjate de aquí! ¡Ellos vienen por ti!

Su tono no solo era autoritario, sino que llevaba un matiz de urgencia apenas perceptible, como si la situación fuera aún más grave de lo que estaba dejando ver. Sus ojos, afilados y resplandecientes bajo la tenue luz, estaban fijos en mí con una intensidad que me atravesó hasta la médula. No había duda ni vacilación en su mirada: lo que decía era una advertencia innegociable.

Su mandíbula estaba tensa, y sus puños levemente cerrados, pero su postura se mantenía firme, como si ya estuviera listo para enfrentarse a lo que fuera necesario. Su respiración era controlada, pero había una presión latente en su mirada, como si estuviera conteniendo algo-¿ira, preocupación, frustración? No podía saberlo con certeza, pero esa dureza en su expresión me decía que no estaba aquí por casualidad.

Sus palabras me sacudieron y, por un instante, todo el caos se disipó. Miré sus ojos intensos, buscando en ellos alguna señal de lo que estaba a punto de suceder. La determinación que brillaba en su mirada me recordó que, pese a mi incredulidad, no estaba solo en esta lucha.

El estruendo del robot seguía en el horizonte, haciendo temblar el suelo y mezclándose con los ecos distantes de la batalla. Mientras el polvo se asentaba lentamente y la tensión se volvía casi palpable, Shadow permanecía quieto, observando el campo de batalla con la misma calma calculadora de siempre. Pero ahora lo veía diferente. Había algo más detrás de su postura firme y su voz implacable: una certeza inquebrantable de que estaba aquí por una razón.

Yo, con el corazón acelerado y la mente luchando por asimilar la escena, comprendí que sus palabras no eran un simple aviso: eran una señal de que el peligro era mucho mayor de lo que había imaginado.

Desde el momento en que el campo de batalla se iluminó con un destello cegador, apenas pude procesar las palabras de Shadow. Instintivamente, salté hacia atrás justo cuando un potente rayo de energía se estrelló contra el suelo donde había estado parado, levantando una espesa nube de polvo y escombros a mi alrededor. El rugido metálico del robot retumbaba en mis oídos, y su único ojo rojo brillaba con una intensidad que helaba la sangre, mientras preparaba su siguiente ataque.

No había ni un segundo para dudar. En el último instante, me lancé hacia un costado para evitar una nueva ráfaga de energía que surcaba el aire. Pero antes de que pudiera estabilizarme, una sombra veloz pasó junto a mí, un fugaz destello rojo y negro moviéndose con una precisión implacable.

-¡Concéntrate, Sonic!- la voz de Shadow resonó, cortando el caos con una firmeza inquebrantable.

En ese instante, mientras el estruendo y el polvo se mezclaban en un torbellino, su advertencia me obligó a recomponerme y a centrar toda mi atención en la inminente amenaza.

A pesar del estruendo a mi alrededor, me incorporé rápidamente, sintiendo mi respiración acelerarse mientras mis sentidos se reajustaban al caos del combate. No lograba comprender del todo el significado del regreso de Shadow ni por qué había aparecido en ese instante tan crítico, pero su presencia despertaba en mí una mezcla de asombro y urgencia.

Con un destello de resolución iluminando mis propios ojos, sentí que era mi momento de actuar. Corrí a toda velocidad, esquivando escombros y las ráfagas de fuego enemigo, mientras la adrenalina impulsaba cada una de mis zancadas. Shadow, imperturbable, se adelantó unos pasos con la frialdad característica que lo definía y lanzó su primer ataque directo contra el robot.

El impacto resonó en toda la estructura metálica, haciendo que la colosal máquina temblara por un instante. En ese preciso momento, me di cuenta de que era la primera vez que volvíamos a luchar juntos desde aquella última batalla, y, a pesar de la tensión palpable en el aire, nuestros movimientos parecían encajar de manera natural, como si nunca nos hubiéramos separado.

Pero en mi interior sabía que, a pesar de ese golpe devastador, la amenaza seguía siendo diferente, y la verdadera batalla apenas comenzaba. El destino de nuestro hogar pendía de un hilo, y cada segundo contaba.

El pueblo estaba sumido en el caos. Escombros y fuego cubrían las calles mientras el gigantesco robot avanzaba sin piedad, destruyendo todo a su paso. El sonido del metal retorciéndose y las explosiones llenaban el aire, sacudiendo el suelo con cada impacto. Shadow y yo nos movíamos con velocidad y precisión, esquivando los ataques que caían como una lluvia implacable. Aunque peleábamos juntos, como si nuestros movimientos estuvieran sincronizados por instinto, la tensión entre nosotros era innegable, un peso silencioso en medio del desastre.

Después de tanto tiempo, después de días de buscarlo sin éxito, Shadow había aparecido como si nada. Sin embargo, las preguntas retumbaban en mi mente: ¿Por qué justo ahora? ¿Dónde había estado? ¿Por qué no se había mostrado antes? Pero antes de que pudiera decir algo, él habló, con una voz firme y tajante que cortaba el estruendo del combate:

-Sonic, escucha. Tienes que alejarte de aquí. Si no lo haces, Green Hill será historia.

En ese instante, me detuve en seco tras esquivar un ataque. Giré hacia Shadow, con una mezcla de incredulidad y enfado.

-¿Disculpa?_ escupí, mi voz cargada de una amarga burla. -Apareces de la nada después de todo este tiempo y lo primero que me dices es que me vaya.

Shadow me miró con esa expresión severa de siempre, imperturbable.

-No hay tiempo para esto. Tienes que irte ahora. Si te vas, ese robot te seguirá y se alejará del pueblo.

Sentí una risa amarga salir de mis labios; mi paciencia se desmoronaba.

-¿No hay tiempo? ¡Te he buscado como un loco, Shadow! Días enteros sin una maldita señal de ti, y ahora apareces justo cuando ese robotote casi me mata, ¿y esperas que te haga caso?

Por un instante, todo el estruendo de la batalla pareció detenerse. Observé sus ojos, que se entrecerraron en un instante, y vi la misma frialdad que siempre. Pero también noté algo más, algo que no terminaba de descifrar en esa mirada inquebrantable.

-No es momento para esto- dijo finalmente con tono frío.

La rabia se encendió en mi pecho. Di un paso al frente, bloqueando su camino.

-¿No es momento?- grité, la frustración en cada palabra. -¿Cuándo sí lo será, entonces? Estoy harto de que desaparezcas y regreses a tu antojo.

El rugido del robot retumbaba detrás de nosotros, preparándose para otro ataque, pero en ese instante, sólo éramos Shadow y yo. Por un breve segundo, dejamos de luchar, enfrentándonos no solo al enemigo, sino a todas las palabras no dichas, a la distancia que siempre nos separaba y al peso de todo lo que habíamos callado durante demasiado tiempo.

Y aunque la batalla no podía esperar, ese instante se sintió eterno. Cada latido de mi corazón me recordaba que, a pesar de la furia y el caos, yo no estaba solo. Pero la frustración, la incertidumbre y la rabia seguían ardiendo en mi interior, desafiando cada silenciosa reprimenda en esa mirada de Shadow.

Finalmente, un potente rayo de energía surcó el aire, obligándonos a reaccionar. Nos separamos por un instante mientras el combate retomaba su curso implacable, pero en mi mente la pregunta persistía: ¿por qué, después de todo, tenía que volver a aparecer justo en este momento?

Pero la batalla no esperaría por nosotros.

Un destello de luz cruzó el aire a toda velocidad, directo hacia nosotros. Mi cuerpo reaccionó antes de que mi mente procesara el peligro. Salté instintivamente a un lado, sintiendo el calor de la energía rozándome la piel. Shadow desapareció en un parpadeo, reapareciendo en otro punto con la misma precisión calculada de siempre. A pesar de todo, de la tensión entre nosotros, de todo lo que quería preguntarle, ambos sabíamos que no había tiempo para distracciones. Primero, teníamos que acabar con esto.

El robot seguía avanzando sin piedad, dejando a su paso un rastro de destrucción. Golpe tras golpe, ataque tras ataque, y apenas lográbamos hacerle daño. No importaba cuántas veces lo alcanzáramos o cuánta fuerza pusiéramos en cada embestida, esa cosa se mantenía en pie, como si nuestros esfuerzos no fueran más que un simple inconveniente para él.

Mis manos temblaban dentro de mis guantes, mi respiración era pesada y mis piernas dolían, pero nada de eso importaba. No ahora. Miré los restos de edificios colapsados, las calles llenas de escombros, el miedo reflejado en los ojos de la gente que intentaba huir. La impotencia me golpeó de lleno. ¿De qué servía ser rápido si no podía salvarlos? ¿Si no podía detener esto?

Un latido fuerte resonó en mi pecho y, de pronto, sentí algo distinto. Un chispazo de electricidad recorrió mi cuerpo, un calor ardiente que me envolvió de pies a cabeza. No lo pensé dos veces. Dejé que esa energía fluyera, dejé que el impulso me llevara, y con un grito, me lancé hacia el robot con todo lo que tenía.

El impacto fue devastador. Por un momento, el monstruo de metal titubeó, emitiendo un rugido mecánico antes de caer al suelo con un estruendo que sacudió toda la ciudad. Me quedé inmóvil, jadeando, viendo cómo la enorme máquina yacía en el pavimento. Lo logré. Lo destruí. Tenía que haber sido suficiente.

Sentí una mirada sobre mí y me giré apenas para encontrar a Shadow observándome desde la distancia. No dijo nada, pero su expresión lo decía todo. No estaba convencido. Algo en él me decía que esto aún no había terminado.

Y entonces, como si la realidad quisiera darle la razón, un brillo comenzó a emanar del robot caído. Mi corazón se detuvo un segundo cuando lo vi moverse, cuando sus enormes extremidades empezaron a crujir y, poco a poco, se levantó una vez más.

Di un paso atrás, sintiendo cómo la incredulidad se transformaba en rabia y frustración. No podía ser. Le había dado todo en ese golpe. ¿Cómo podía seguir en pie?

El sonido de los escombros cayendo, la electricidad vibrando en el aire y la mirada de Shadow, firme y lista para seguir peleando, me dejaron claro que esto estaba lejos de terminar. Y que esta vez, no podíamos fallar.

Un potente rayo de energía surcó el aire en mi dirección, obligándome a reaccionar al instante. Salté hacia un lado en el último segundo, sintiendo la adrenalina recorriendo cada fibra de mi ser, mientras veía a Shadow desvanecerse en un destello de velocidad, posicionándose en un punto estratégico. A pesar de la tensión y de que mis emociones estaban a flor de piel, sabía que primero tenía que enfrentar la amenaza que se cernía sobre mí.

Mientras observaba aquella escena, con el corazón acelerado y la mente llena de dudas, comprendí que mi fuerza, por fuerte que fuera, no bastaba para poner fin a esta pesadilla. La batalla continuaba, y yo debía encontrar una nueva manera de derrotar a este enemigo implacable.

No importaba cuánto lo intentara. No importaba cuántos golpes le diera. Ese maldito robot simplemente no caía.

Mi respiración era un desastre, y cada músculo de mi cuerpo ardía por el esfuerzo. El campo de batalla estaba hecho pedazos, cubierto de escombros y chispas que saltaban por todas partes. Apreté los puños, frustrado. No podíamos seguir así mucho más tiempo.

Entonces, en medio del caos, escuché su voz.

-Sonic, toma mi mano. Confía en mí.

Me giré con el ceño fruncido y lo vi. Shadow estaba ahí, con su mano extendida y su mirada fija en mí. Había algo en su expresión, en su tono de voz... algo que no dejaba espacio para la duda. Pero yo dudé de todos modos.

-¿Y por qué debería hacerlo?- espeté, sintiendo un nudo en la garganta.

Shadow ni siquiera pestañeó.

-Porque si no lo hacemos juntos, perderemos.

Miré de reojo al robot. Sus circuitos emitían destellos rojos, y una vibración en el aire me confirmó lo que temía: estaba cargando un ataque, uno lo suficientemente fuerte como para acabar con todo.

Maldita sea.

Volví la vista a Shadow. Apreté los dientes. Todo en mí gritaba que no, que no podía simplemente dejar de lado lo que sentía, lo que había pasado entre nosotros, y confiar en él como si nada hubiera ocurrido.

Pero también sabía que no tenía otra opción.

Solté un resoplido.

-Más te vale que esto funcione- murmuré, y, contra todo instinto, tomé su mano.

El momento en que lo hice, una ola de energía me atravesó de pies a cabeza. Un resplandor dorado estalló a nuestro alrededor, elevándonos del suelo mientras sentía cómo el poder me recorría por completo. Era diferente a cualquier transformación que hubiera experimentado antes. La fuerza de las Esmeraldas fluía con más intensidad, con más conexión.

Abrí los ojos y vi mi propio cuerpo brillando con un aura dorada, la energía zumbando en cada fibra de mi ser. Shadow estaba igual, pero su mirada era más afilada, más resuelta.

El rugido del robot sacudió el aire.

-¡Vamos!- grito, y nos lanzamos al mismo tiempo.

Cortamos el viento como un solo rayo de luz. La distancia entre nosotros y el enemigo desapareció en un parpadeo. Juntamos nuestras fuerzas en un solo golpe, canalizando toda nuestra energía en el núcleo de la máquina.

El impacto fue brutal.

Un estallido cegador lo envolvió todo, y por un segundo, sentí como si el tiempo se detuviera. Luego, el rugido metálico del robot se convirtió en un crujido aterrador. Sus circuitos chisporrotearon, su estructura se fracturó, y, en cuestión de instantes, colapsó sobre sí mismo en una explosión de chispas y metal retorcido.

El estruendo se disipó. El campo de batalla quedó sumido en un inquietante silencio.

Aterrizamos suavemente entre los escombros. Sentí la energía dorada desvaneciéndose poco a poco, dejándome con la respiración agitada. Miré alrededor, aún incrédulo. ¿Eso había sido todo? ¿Habíamos ganado así de rápido una vez que dejamos de luchar por separado?

Solté un suspiro y crucé los brazos.

-Bueno... eso sí que fue algo- dije, lanzándole una mirada a Shadow. -Supongo que debería agradecerte o algo así.

Shadow me devolvió la mirada, inexpresivo como siempre, pero por alguna razón, sentí que estaba... más tranquilo.

-Hiciste bien en confiar en mí- fue todo lo que dijo.

Levanté una ceja y esbocé una sonrisa ladeada.

-No te emociones. Sigue sin gustarme que me den órdenes.

Shadow giró la vista hacia los restos humeantes del robot. Yo también lo hice, sintiendo una extraña sensación en el pecho. Sí, habíamos ganado... pero había algo más en todo esto. Algo más entre nosotros dos que aún tenía que resolverse.

Y esta vez, no iba a dejar que se marchara sin darme respuestas.

Lo miré. Ahí estaba, firme como siempre. Apenas parecía agotado, como si la pelea no hubiera significado nada para él. Pero yo lo sabía mejor. Shadow nunca dejaba ver lo que realmente sentía.

Mi mente seguía atrapada en lo que acababa de pasar. Su mano extendida. Su voz firme, casi suplicante: "Confía en mí."

Desde que lo conocía, Shadow jamás había dicho algo así. Jamás me había pedido algo así.

El silencio entre nosotros se alargó demasiado, y algo en mi pecho se apretó. No podía quedarme quieto. Di un paso adelante antes de pensarlo demasiado.

-No vas a desaparecer otra vez, ¿o sí?- intenté sonar despreocupado, como si la pregunta no importara tanto, pero mi propia voz me delató.

Shadow desvió la mirada. Por un momento, creí que no iba a responder, que haría lo de siempre: marcharse sin más, dejándome con todas las preguntas atascadas en la garganta.

Pero entonces, habló.

-Eso depende de ti.

Fruncí el ceño.

-¿De mí?- repetí con una risa incrédula. -Shadow, fuiste tú el que se largó sin decir nada. Fui yo quien tuvo que buscarte, quien se preguntó si seguías aquí o si te habías ido para siempre.

No hubo respuesta. Shadow ni siquiera parpadeó, pero vi la forma en que su mandíbula se tensó.

-No tenías que buscarme- murmuró al final.

Su voz era baja, pero esas palabras encendieron algo en mí.

-¿Ah, no? ¿Y qué se supone que tenía que hacer? ¿Olvidarme de ti?

Shadow apenas me miró de reojo, con esa expresión impenetrable que siempre usaba para encerrarse en su propio mundo. Pero yo ya estaba harto de eso.

Sin pensarlo, extendí la mano y tomé su muñeca.

Shadow se tensó al instante. No intentó apartarse, pero tampoco reaccionó de inmediato. Mi agarre no era fuerte, pero dejaba claro que no iba a dejarlo escapar esta vez.

-Mírame y dime la verdad, Shadow- murmuré, sintiendo mi propia voz temblar un poco.

Shadow tardó unos segundos en reaccionar. Su mirada viajó lentamente hasta encontrarse con la mía. Sus ojos, por lo general llenos de certeza, parecían vacilar.

-¿Por qué volviste?

Esta vez, lo tenía justo enfrente, sin escapatoria. Pero aún así, no contestó.

Su mirada se perdió en el horizonte, como si ni él mismo tuviera la respuesta.

Apreté los labios y aflojé mi agarre. No quería sujetarlo a la fuerza. No quería obligarlo a quedarse si él no lo decidía por sí mismo.

Apreté los puños, esperando, queriendo que, por una vez, me dijera la verdad.

Pero el viento sopló entre nosotros, arrastrando el silencio. Y supe que no la obtendría ese día.

El viento seguía arrastrando el silencio entre nosotros, pero algo había cambiado. No sabía qué esperaba de Shadow, tal vez ni siquiera él lo sabía. Pero fuera lo que fuera, no lo obtendría ese día.

Antes de que pudiera decir algo más, un sonido interrumpió mis pensamientos. Primero fueron pasos lejanos, luego voces dispersas que se acercaban poco a poco. La gente del pueblo.

Volteé hacia los escombros del robot destruido. La enorme estructura de metal ahora no era más que un montón de chatarra humeante. No era de extrañar que todos hubieran visto la explosión desde lejos.

Algunas personas llegaron primero con cautela, deteniéndose a una distancia prudente. Murmuraban entre ellos, algunos señalaban la escena y otros me miraban con asombro. Pero lo que más llamó mi atención fue el ruido de un motor aproximándose rápidamente.

Una camioneta frenó de golpe a pocos metros, levantando polvo y escombros. La puerta se abrió antes de que el motor se apagara por completo.

-¡Sonic!- La voz de Tails llegó primero, desesperada.

No pasaron ni dos segundos antes de que él y Knuckles saltaran del vehículo, seguidos por Tom y Maddie.

-¡Sonic, ¿estás bien?!- gritó Maddie, con el rostro lleno de preocupación mientras corría hacia mí.

No tuve tiempo de responder antes de que Tails prácticamente se lanzara sobre mí en un abrazo repentino.

-¡Nos asustaste! Vimos la explosión y la pelea, pero no podíamos llegar más rápido.

-No fue para tanto- dije con una sonrisa cansada, dándole unas palmaditas en la espalda para tranquilizarlo.

-¿No fue para tanto?- Knuckles me miró con los brazos cruzados. -No todos los días destruyes un robot gigante en medio del pueblo.

-Bueno... supongo que fue un poco más intenso de lo normal.

Maddie y Tom llegaron junto a nosotros, y mientras ella revisaba si tenía heridas visibles, él dejó escapar un suspiro pesado, como si soltara toda la tensión acumulada.

-No sabes el susto que nos diste, hijo- dijo Tom, cruzándose de brazos. -Pero me alegra verte entero.

Asentí con una sonrisa. Me sentía aliviado de verlos a todos allí, pero algo en su expresión cambió de repente. Su mirada pasó de mí a algo -o más bien, alguien- justo detrás de mí.

Pude sentir la tensión en el aire incluso antes de girarme.

Shadow seguía ahí, inmóvil, con los brazos cruzados, observando la escena en completo silencio.

La familia Wachowski no tardó en notar la presencia de Shadow. Maddie lo observó con una mezcla de curiosidad y calidez, mientras que Tails, a quien ya había visto antes, lo miraba con evidente cautela. En cambio, Tom se mostraba visiblemente tenso: sus manos se apretaban en puños y en su mirada se dibujaban sombras de un pasado doloroso.

Me detuve un instante para recordar por qué. La primera vez que Shadow apareció, Tom y él protagonizaron un "encuentro" que dejó una cicatriz imborrable: sin palabras, solo un golpe demoledor que terminó con Tom en el hospital. Ese recuerdo, tan punzante y reciente, flotaba en el ambiente, intensificando cada respiración.

-Creo que ha llegado el momento de presentarnos- dije, intentando disipar la tensión mientras mis palabras resonaban en la sala.

Giro mi mirada hacia Shadow, que se mantenía en silencio, con esa expresión enigmática que siempre lo definía.

-Shadow, permíteme que los conozcas: estos son Tom y Maddie Wachowski; y, por supuesto, ya conoces a Tails y Knuckles.

Por unos segundos, Shadow nos observó detenidamente antes de inclinar levemente la cabeza. Su voz, baja y firme, llenó el espacio:

-Conozcan a Shadow.

Maddie fue la primera en romper el hielo, regalando una sonrisa sincera:

-Es un placer conocerte.

Tails asintió lentamente, sus ojos reflejando tanto respeto como precaución, mientras Knuckles ofrecía un gruñido que servía de saludo.

Tom, sin embargo, se demoró. Su mirada se oscureció al evocar viejos recuerdos, y con una voz cargada de tensión dijo:

-Ya tuvimos un encuentro, ¿no es cierto?

Shadow ladeó la cabeza, estudiándolo con la calma habitual, antes de responder con un tono casi enigmático:

-Así parece.

El silencio que siguió era casi palpable. Tom me lanzó una mirada que suplicaba una aclaración, pero solo pude ofrecerle una sonrisa incómoda, mientras la atmósfera se impregnaba del persistente eco del pasado.

Miré a la gente que comenzaba a rodear el área, algunos acercándose con cautela, otros mirando con curiosidad. La explosión había llamado la atención, claro, y ahora todos estaban allí, tratando de procesar lo que acababa de pasar.

Pero lo que más me molestaba no era la atención. No era que todos me miraran con alivio por estar a salvo. Lo que me molestaba, lo que me desgarraba por dentro, era que Shadow, en medio de todo esto, seguía ahí, apartado, aislado, como si todavía estuviera lejos de ser aceptado. Y lo peor de todo era que sabía que él sentía lo mismo, aunque no lo dijera.

Al principio no entendí por qué me afectaba tanto. Quiero decir, Shadow siempre fue... bueno, Shadow. Siempre distante, siempre en sus propios términos. Pero mientras lo observaba, algo hizo clic en mi mente. El recuerdo de aquella vez, el mismo miedo que causó la huida de Shadow, las palabras equivocadas, la forma en que todos lo señalaron, lo miraron como si fuera un monstruo... Todo porque alguien decidió propagar una mentira sobre él.

Fue entonces cuando entendí. Estaba claro. Shadow había dejado que esa imagen lo definiera. Había huido de eso, de la gente, de la posibilidad de ser algo más, algo bueno. Y yo... yo tenía que cambiar eso. No podía dejar que todo lo que habíamos pasado se desmoronara por culpa de un malentendido.

Fue un impulso, no lo pensé demasiado. Sin darle tiempo a nadie para reaccionar, tomé a Shadow de la muñeca y, antes de que pudiera decir algo, lo llevé al frente, directamente hacia la multitud que ya nos rodeaba.

Me sentía casi frenético. No podía quedarme ahí parado, viendo cómo todos seguían ignorando lo que realmente era Shadow. Sabía que tenía que hacer lo correcto. Sabía que tenía que convencerlos.

Me paré frente a todos, mirándolos con determinación. No podía dejar que siguieran viéndolo como algo que no era. No podía dejar que lo señalaran, que lo temieran. Si tenía que ser yo quien les mostrara lo que Shadow realmente significaba para el mundo, lo haría.

-¡Escuchen!- grité, mi voz cargada de una intensidad que no recordaba haber sentido antes. -Este es Shadow, y no es lo que piensan. ¡No es un peligro! ¡No es un monstruo! Él ha estado aquí todo este tiempo, ayudándonos, luchando por el mismo objetivo. No les pido que lo entiendan de inmediato, pero al menos denle la oportunidad de demostrarlo.

Me volví hacia Shadow, apretando su muñeca con fuerza, como si eso fuera todo lo que necesitaba para asegurarme de que lo tenía a mi lado. Quería que él viera, aunque sea por un momento, que podía confiar en ellos, que podría ser parte de algo más grande.

Shadow no dijo nada. Estaba en silencio, como siempre, pero pude ver que su expresión había cambiado. No estaba tan tenso como antes. Era como si algo de lo que había dicho resonara en él, aunque no lo mostrara abiertamente.

Miré de nuevo a la gente. Algunos dudaron, otros miraron a Shadow con cautela, pero había algo en sus ojos que me dio esperanza. Tal vez no sería fácil, tal vez no lo aceptarían de inmediato, pero podía ver una pequeña chispa de duda en sus miradas. Algo que me decía que, al menos por hoy, había hecho lo correcto.