Chapter 10: Capitulo 9

No Hay Nadie Más Que Tú | SONADOW |Words: 15494

Entre escombros y sombras

Han pasado días… más de los que quiero admitir.

Días buscándote, tratando de encontrarte, persiguiendo sombras que nunca llevan a ninguna parte. Pero eres como el viento, imposible de atrapar, imposible de seguir. Es como si te hubieras desvanecido del mundo, como si nunca hubieras estado aquí. Y aun así, no puedo dejar de buscarte.

Si pudiera verte una vez más…

Si pudiera mirarte a los ojos sin sentir que el suelo se rompe bajo mis pies…

Te diría cuánto lo siento.

No era mi intención hacerte sentir mal. Nunca quise lastimarte. Pero fui un idiota, lo sé. Tomé decisiones sin pensar, sin detenerme a preguntarte qué querías, qué necesitabas.

Y cada día, cada noche, revivo ese momento en el pueblo. Cuando nuestras miradas se cruzaron después del accidente. Tu furia… tu decepción… y yo, sintiendo cómo todo se me venía encima, con el arrepentimiento hundiéndome el pecho.

A veces actúo sin pensar. Me lanzo sin medir las consecuencias. Pero he tenido la suerte de tener una familia que me ayude a ver mis errores, que me apoyen cuando todo se derrumba.

Yo quería que tú también tuvieras eso.

Una familia. Un hogar. Cómo yo lo tuve.

Shadow… ¿por qué?

¿Por qué mi corazón late tan rápido cada vez que pienso en ti? ¿Por qué duele tanto tu ausencia?.

Pero esta vez no es solo la ausencia lo que me pesa.

Es lo que ha cambiado en mí desde que te fuiste.

Al principio, solo quería encontrarte, asegurarte de que estabas bien. Luego, intenté convencerme de que todo volvería a la normalidad si simplemente hablábamos. Pero ahora… ahora me doy cuenta de que hay algo más. Algo que no puedo ignorar.

No es solo que te extraño.

Es que mi mundo se siente diferente sin ti.

...

Tails estaba inclinado sobre su computadora en el garaje, con los ojos fijos en las múltiples pantallas que mostraban diferentes partes del bosque. Sus dedos se movían con precisión sobre el teclado, revisando cada una de las cámaras que habían instalado. La tormenta de la noche anterior había causado estragos, y algunas imágenes aún presentaban interferencias.

De repente, una ráfaga de aire irrumpió en la habitación.

—¡Listo! —anunció Sonic, deteniéndose de golpe junto a su amigo—. Ya coloqué la última caja en su sitio.

Tails se giró a medias en su silla, observando al erizo con una pequeña sonrisa antes de darle una vuelta completa.

—Bien hecho, Sonic —dijo con aprobación.

Acto seguido, tomó una radio de la mesa y presionó el botón para hablar.

—Knuckles, faltas tú. ¿Cómo vas con esas cámaras?

Desde el otro lado de la radio, la voz fuerte y clara del equidna respondió con su usual tono seguro:

—Estoy en eso, Tails. Dame unos minutos más.

En el garaje, los dos hermanos se miraron y asintieron. Luego, cayó un breve silencio, uno que Sonic sintió más pesado de lo normal. Su pie tamborileó contra el suelo y sus dedos comenzaron a jugar entre sí en un gesto nervioso.

Era difícil ocultar lo que sentía. Una mezcla de ansiedad y emoción le recorría el cuerpo, haciéndolo moverse de un lado a otro, incapaz de quedarse quieto.

Ayer habían comenzado a colocar las cámaras en el bosque, pero la tormenta se había adelantado, impidiéndoles terminar el trabajo. Las ráfagas de viento y la lluvia intensa habían hecho estragos: algunas cámaras quedaron fuera de servicio, otras se perdieron entre la maleza. A pesar de eso, hoy habían terminado la instalación. Ahora solo quedaba esperar.

Esperar… esa era la parte difícil.

Porque estaba a un paso de saber si él estaba aquí.

Pero, ¿y si no lo estaba?

El pensamiento cruzó su mente como un relámpago, haciéndolo tragar saliva.

No tardó mucho en hablar, rompiendo la tensión en su pecho:

—Tails… ¿crees que con esto podremos ver a Shadow?

El zorro dejó de teclear y, esta vez, giró completamente en su silla para observar mejor a su amigo. Su mirada era comprensiva, pero también firme.

—Sonic, entiendo que estés impaciente —dijo con voz tranquilizadora—. Pero debes calmarte.

Sonic abrió la boca para protestar, pero Tails continuó antes de que pudiera interrumpirlo.

—Apenas acabamos de activar las últimas cámaras. El bosque es enorme, hay muchas señales que monitorear. Pero… —sus ojos reflejaron la determinación de alguien que confiaba plenamente en su trabajo—. Ten en mente que, sea lo que sea que ande allá afuera, mis cámaras lo verán. Nada se les va a escapar.

Sonic tragó saliva, sintiendo cómo un pequeño nudo de ansiedad se apretaba en su pecho. Su corazón quería creer en esas palabras. En que esta vez, por fin, tendría una pista real de Shadow.

Sonic desvió la mirada hacia las múltiples pantallas, repasando cada imagen con ojos atentos. Su pie seguía moviéndose con impaciencia. Sabía que no podía apresurar nada, pero eso no hacía más fácil la espera.

Las cámaras mostraban la inmensidad del bosque: árboles inclinados por el peso de la lluvia, charcos reflejando la luz tenue del amanecer, ramas caídas tras la tormenta. Todo estaba en calma. Demasiado en calma.

Al ver todo eso, no pudo evitar que su mente lo arrastrara a los recuerdos. Lugares que antes solo eran parte del paisaje de Green Hill, ahora tenían un peso distinto en su pecho.

La colina… donde corrieron juntos por primera vez.

La casa vieja… dónde pasaban corriendo cerca de ahí.

Y entonces, en una de las pantallas, algo llamó su atención.

La rosa.

A pesar de la tormenta de anoche, seguía allí. Firme, aferrada a la tierra, como si se negara a rendirse. Ni la lluvia, ni los vientos la habían arrancado.

Sonic sintió un nudo en la garganta.

Esa rosa había soportado la tormenta, igual que él.

No se había dado cuenta hasta ahora, pero había cambiado. Antes solo estaba buscándolo, desesperado, esperando que todo volviera a ser como antes. Ahora, sabía que eso no era suficiente. No quería solo encontrar a Shadow.

Quería entenderlo.

Quería ser alguien que él pudiera buscar también.

Apretó los puños, sintiendo el fuego encenderse en su interior.

No iba a detenerse.

No esta vez.

El zumbido constante de las pantallas era lo único que se escuchaba en el garaje. Tails estaba inclinado sobre la mesa, ajustando algunas configuraciones de las cámaras, pero sus dedos no dejaban de tamborilear. Sonic, a su lado, no podía quedarse quieto, mirando una y otra vez la imagen estática en la pantalla. El silencio se hacía pesado, pero ninguno de los dos lo mencionaba.

De repente, el sonido familiar de la radio interrumpió el silencio.

—Tails… —La voz de Knuckles salió distorsionada, como si estuviera siendo interferida por estática. Tails se levantó rápidamente, tomando la radio con una mano y ajustándola con la otra.

—Knuckles, ¿me recibes? —preguntó, el tono de su voz más tenso que antes. Sonic se acercó, sus ojos fijos en la radio.

La radio emitió un crujido, y en ese momento, la voz de Knuckles sonó clara, casi urgente.

—Chicos, hay algo aquí... —La voz del equidna sonaba extraña, jadeante, como si estuviera en movimiento. Las palabras, aunque claras, estaban teñidas de desesperación.

Sonic intercambió una mirada rápida con Tails, su cuerpo tenso al escuchar la gravedad de su voz.

— ¿Qué pasa? —preguntó Tails, apretando los dientes. La angustia se reflejaba en su voz mientras buscaba desesperadamente una señal más clara.

—Tiene que venir… —La voz de Knuckles se cortó abruptamente, seguida de un fuerte crujido. La señal se interrumpió por completo.

—¡Knuckles! —Sonic gritó hacia la radio, pero la respuesta nunca llegó. Un peso pesado se asentó en su pecho mientras miraba a Tails, la incertidumbre llenando la habitación.

El zorro, visiblemente preocupado, no perdió tiempo. Sus dedos volaban sobre el teclado, revisando las cámaras cercanas a la ubicación de Knuckles. Su respiración se volvió más rápida cuando notó una interferencia en la imagen.

Unos segundos de estática hicieron que apretara los dientes, pero luego la imagen se aclaró… y lo que vio le heló la sangre.

Un enorme robot de metal brillante avanzaba sin piedad, aplastando árboles como si fueran ramitas. A su alrededor, varios drones flotaban en el aire, moviéndose en formación, como depredadores acechando a su presa.

Tails sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Su mente, siempre rápida para analizar y calcular, tardó un par de segundos en procesar lo que veía.

—No… —su voz salió casi como un susurro.

Reconocía ese diseño. Esa estructura. Esa firma en el metal.

—Esto no está bien, Sonic… —su voz sonaba más baja, como si no quisiera aceptar lo que sus propios ojos le mostraban—. Esto es… —Se interrumpió, su mente trabajando a toda velocidad, tratando de descartar lo imposible.

—Esto es tecnología de Eggman. Pero… no debería ser posible.

El peso de esas palabras cayó sobre ambos como una piedra.

Sonic entrecerró los ojos, su mandíbula se apretó con furia.

—¿Cómo que no debería ser posible? ¡Sabemos que Eggman siempre tiene algo bajo la manga!

Tails negó con la cabeza, su voz tembló levemente al responder.

—¡Esto no tiene sentido!, Después de lo del Cañón Eclipse, Eggman desapareció. No ha habido señales de él en meses. No transmisiones, no actividad, ¡nada! Todo su ejército fue desmantelado… o eso creíamos.

Los ojos de Sonic se abrieron un poco más.

—¿Entonces estás diciendo que esto es algo nuevo?

Tails volvió a mirar la pantalla, el robot avanzaba con paso implacable, acercándose peligrosamente a Green Hill.

—No lo sé… —susurró—. Pero si Eggman está detrás de esto… entonces no estamos listos para lo que viene.

Sonic apretó los puños, su respiración se aceleró. La urgencia de la situación se apoderó de él, y la determinación reemplazó la incertidumbre.

—¡Tenemos que ir a ayudar a Knuckles! —dijo con decisión, ya moviéndose hacia la puerta.

Tails lo detuvo un momento, su expresión grave.

—Yo iré por el. Tú necesitas detener al robot. Si llega al pueblo, causará un caos. No podemos permitir que eso suceda.

Sonic miró la pantalla, viendo cómo el robot se acercaba peligrosamente a Green Hill. Un nudo se formó en su estómago. Su primer impulso fue ir tras Knuckles, pero su mirada volvió a la imagen del robot aplastando todo a su paso, y algo dentro de él le dijo que debía priorizar la seguridad del pueblo.

Su corazón latía con fuerza, cada segundo contaba. Quería asegurarse de que si amigo estuviera bien, pero el peligro estaba a las puertas.

—Está bien —dijo finalmente, respirando profundo y asentando con resolución—. Detendré a ese robot. Tú ve a buscar a Knuckles.

Sonic salió disparado hacia el bosque, su cuerpo impulsado por la adrenalina y su mente enfocada en una sola cosa: detener la amenaza antes de que fuera demasiado tarde. Su pueblo, su hogar, su gente… todo estaba en riesgo. No podía permitirse distracciones.

Shadow…

El deseo de encontrarlo, de verlo una vez más, ardía en su pecho, pero no ahora. No cuando Green Hill necesitaba de él. No cuando cada segundo contaba.

Apretó los puños y aceleró, dejando atrás cualquier otra preocupación. Ahora solo había una misión: salvarlos.

El rugido metálico de los robots de Eggman se alzaba por encima del caos. Sonic avanzaba como un torbellino azul, los puños cerrados y la mirada encendida de furia. No iba a permitir que esos invasores se salieran con la suya. Su hogar, su gente… todo estaba en peligro. Su velocidad rompía el suelo con cada zancada, dejando tras de sí un destello de luz. No había tiempo para contenerse.

A lo lejos, el imponente robot de guerra avanzaba con pasos pesados, acercándose al pueblo como una sombra de destrucción. Pero antes de que pudiera llegar, un escuadrón de drones salió a su encuentro, flotando sobre él como depredadores acechando a su presa.

Sin dudarlo, Sonic se lanzó al frente, su cuerpo deslizándose como un rayo azul entre los proyectiles. Un dron se lanzó hacia él, pero con un giro preciso, esquivó el disparo y arremetió con una patada que lo destrozó en mil piezas.

Los drones se dispersaron, pero no dejaron de atacar. Cada ráfaga que disparaban era un intento más para frenar al erizo, que respondía con velocidad y furia. Un golpe de Spin Dash destruyó otro dron que intentó rodearlo, mientras se impulsaba hacia otro, desintegrándolo con un brutal salto. La batalla no le daba respiro, pero su mente estaba enfocada. Había algo más grande que una simple pelea aquí.

Un nuevo ataque vino de atrás, un dron más grande que los anteriores disparó ráfagas continuas. Con rapidez, se agachó y esquivó por poco. Desde el suelo, con un rápido giro de piernas, disparó una patada que envió al dron a estrellarse contra un árbol cercano, dejándolo fuera de combate.

En un parpadeo, todos los drones estaban destruidos, el suelo a su alrededor cubierto de chatarra. Pero el verdadero peligro seguía en marcha, acercándose más con cada paso. Sonic levantó la vista, viendo la sombra del gigantesco robot de Eggman alzarse sobre la ciudad. No quedaba tiempo para más, el enfrentamiento final estaba a punto de comenzar.

El rugido del gigantesco robot de Eggman resonó con un estruendo ensordecedor. Un golpe devastador hizo crujir la estructura de un edificio cercano, que cedió al instante, desplomándose en una nube de polvo y escombros. Gritos de pánico se alzaron entre la multitud mientras la gente huía desesperada.

Sonic apenas tuvo un segundo para procesarlo cuando vio, entre el caos, a un niño pequeño atrapado en medio de la calle. Su diminuto cuerpo temblaba, paralizado por el miedo, mientras su llanto se ahogaba en el estruendo de la destrucción. Un bloque de concreto caía en su dirección, amenazando con aplastarlo.

Y sin pensarlo, se lanzó a toda velocidad.

En un parpadeo, envolvió al niño en sus brazos y rodó fuera del alcance de los escombros justo a tiempo. El impacto levantó una nube de polvo tras ellos. Sonic se incorporó de inmediato, asegurándose de que el pequeño estuviera ileso.

—¿Estás bien, pequeñín? —le preguntó con voz apurada.

El niño, aún tembloroso, apenas pudo asentir. Pero justo cuando Sonic intentó calmarlo, un ruido metálico lo alertó. Un dron enemigo descendía velozmente a sus espaldas y su cañón cargándose con una luz rojiza amenazante.

No tuvo tiempo de reaccionar.

Antes de que el ataque se disparara, una sombra surgió desde lo alto de un edificio con la fuerza de un relámpago. En un solo instante, el dron fue atravesado por un golpe brutal, desintegrándose en una lluvia de chispas y metal retorcido.

El tiempo pareció detenerse.

Sonic sintió que el mundo a su alrededor se volvía borroso, los sonidos de la batalla se desvanecían en un eco lejano. Su respiración se hizo pesada, su corazón latía con tanta fuerza que podía escuchar el eco en sus oídos. Sus músculos se tensaron, pero no por la batalla… sino por lo que acababa de presenciar.

No. No podía ser.

Con el pulso acelerado y la garganta seca, giró la cabeza lentamente.

Ahí estaba.

Frente a los restos del dron, de pie como si nunca se hubiera ido. La luz de la destrucción iluminaba su figura imponente, y una leve aura de electricidad chisporroteaba a su alrededor. Su postura firme, su expresión impenetrable.

El aire se le atascó en los pulmones.

—¿Shadow…?