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CapÃtulo 558
-Reservas Jardin del Cielo, mandas las flores y que las coloquen antes de las seis de la tarde.
-¡Vale, lo haré!
-¿Cuándo llegará el anillo?
-Mañana por la mañana, se lo entregaré en su oficina.
-Vale.
Los ojos de Leonardo estaban llenos de ternura, mañana le harÃa a Natalie una gran propuesta de matrimonio, lo que otras mujeres tenÃan, ella también debÃa tenerlo.
Por la noche, Natalie y FermÃn fueron a la cena de despedida de Ãngela.
Después de cenar, llevaron a Ãngela en el hotel a las nueve de la noche. Natalie la abrazaba.
-Ãngela, no sé cuándo volveremos a vernos.
Ãngela también estaba triste, pero sonrió y le acarició la cabeza: -Tenemos oportunidades.
Natalie asintió, con los ojos un poco enrojecidos, -Te visitaré en Dominica algún dÃa.
-Bueno, siempre serás bienvenida.
FermÃn dijo: -Y yo, he oÃdo que en Dominica hay muchas mujeres guapas, nunca me has presentado
ninguna.
Ãngela lo miró enojada, -Vamos, eres tan estúpido, que ni siquiera sabes caminar cuando te
encuentras con una mujer hermosa, ni siquiera te das cuenta cuando te engañan.
Natalie soltó una carcajada y FermÃn la fulminó con la mirada, -¿De qué te rÃes?
Natalie enarcó una ceja, -¿De verdad quieres que lo diga?
Al verla reÃr, FermÃn tuvo un mal presentimiento y rápidamente dijo, -Está bien, hoy es para despedienos de Ãngela, asà que no digo nada más.
-Bueno, Ãngela, estás sola en el extranjero, cuidate.
Ãngela dijo con confianza: -No te preocupes. ¡Soy capaz de protegerme!
Después de decir eso, recordaron que Ãngela peleó con un ladrón cuando estaba borracha, y el ladrón fue golpeado y corrió a la comisarÃa para razonar con la policÃa, todos se rieron a la vez.
También todos estaban un poco tristes.
Aquellos momentos felices no podrÃan repetirse.
Ãngela se sintió un poco abrumada por este ambiente triste, y se apresuró a decir: -Regresen a casa, ahora es muy tarde, no hace falta que me lleven mañana, yo me iré muy temprano para ver a un amigo, ya he reservado un coche.
âBien, Ãngela, buen viaje.
Ãngela asintió y entró en el hotel.
Natalie y FermÃn la miraban hasta que desapareció.
-Natalie, te llevo a casa.
-SÃ.
En el camino a Royal, los dos estaban un poco callados, las despedidas siempre eran tristes.
El coche paró delante de Royal, Natalie empujó la puerta y salió.
-FermÃn, avisame cuando llegues a casa.
FermÃn agitó la mano y arrancó.
Cuando Natalie caminaba hacia el chalet, vio a Leonardo parado cerca de ella.
-¿Por qué no me llamaste para que te recogiera?
Natalie frunció los labios y susurró: -FermÃn me llevó, asà que no te avisé.
Al notar que la actitud de Natalie era un poco rara, Leonardo frunció el ceño, y querÃa preguntar algo, ella bajó la mirada y dijo: -Hoy estoy un poco cansada, voy a descansar.
Ella no le miró y caminó rápidamente hacia el chalet.
Al pasar junto a Leonardo, la agarró de la muñeca.
-Natalie, ¿qué te pasa? Hoy has estado un poco frÃa conmigo. ¿He hecho algo mal que te haya.
molestado?
Natalie bajó la cabeza, con voz tranquila, -No, en realidad estoy un poco cansada.
Tras un momento de silencio, Leonardo le soltó lentamente la mano.
Natalie tampoco dijo nada y entró rápidamente en el chalet.
Se duchó en su dormitorio y luego fue a la cama, estaba cansada pero no podÃa dormir.
De nuevo le vino a la mente lo que Ginés habÃa dicho en el hospital. Si realmente Bryan la salvó, no sabÃa cómo enfrentarse a él en el futuro ni qué pasarÃa con Leonardo.
Como casi llevaba toda la noche sin dormir, Natalie parecÃa agotada cuando se levantó por la mañana.