CapÃtulo 428
Dicho esto, Natalie se levantó y se disponÃa a marcharse.
De repente, Leonardo la agarró de la mano y le dijo con mirada gélida: -¡No voy a romper!
Natalie le sacudió la mano, -Leonardo, no me acoses.
-Sólo porque Matilda contestó por casualidad a tu llamada, ¿quieres romper conmigo?
En sus ojos habÃa ira. En cambio, Natalie estaba tranquila.
Ella miró fijamente a los ojos de Leonardo y dijo: -SÃ.
Ãl nunca sabrÃa con qué sentimientos marcó su número y con qué sentimientos dejó que las
frÃas aguas la ahogaran.
Desde el momento en que se despertó, decidió que no le volverÃa a gustar.
Poco a poco, le apartarÃa por completo de su corazón.
Aunque el proceso fuera doloroso, no se arrepentirÃa.
Al ver su mirada decidida, Leonardo inconscientemente dio un paso atrás.
Al verlo vulnerable, Natalie se paralizó, pero luego su expresión se volvió frÃa de nuevo.
DebÃa de haber malinterpretado, Leonardo era tan orgulloso que no podÃa tener emociones como
la vulnerabilidad.
Leonardo dio la vuelta y se marchó, su espalda era un poco apresurada y desdichada.
Cuando sólo quedaron Fausto y Natalie en el cenador, miró a Natalie y le dijo: -Creo que Leo no deberÃa aceptar romper tan fácilmente.
Natalie dijo con indiferencia, -No me importa si está de acuerdo o no.
En el momento en que la voz de Matilda sonó por el teléfono, ya era imposible para ellos.
Viendo la indiferencia en los ojos de Natalie, Fausto dijo inconscientemente: -¿Puedo saber por qué de repente estás tan decidida a romper? ¿Realmente fue sólo por una llamada telefónica?
Natalie lo miró y dijo: -Señor Ruiz, es un asunto personal, no quiero hablar de eso. Te agradezco por haberme salvado y por haberme cuidado durante este perÃodo de tiempo, ahora que ya estoy
casi recuperada, voy a recoger mis cosas y me voy pronto.
Aunque Leonardo no hubiera aparecido, le habrÃa comunicado a Fausto su intención de
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marcharse hoy.
Fausto se quedó helado y se apresuró a decir: -¿Es por la pregunta que he hecho? Si es asÃ, te pido disculpas, estás herida, es mejor que vuelvas después de curarte.
Natalie negó con la cabeza: -No, ya casi es hora de que vuelva a casa.
Al ver que estaba decidida a marcharse, Fausto reprimió su decepción y dijo: -Pediré a alguien que reserve el vuelo, también tengo que volver para ocuparme de los asuntos de la empresa.
-Bueno.
Fausto estaba a punto de irse cuando Natalie volvió a hablar de repente.
-Señor Ruiz, esta vez te debo un favor, si hay algo que pueda hacer en el futuroâ¦
Fausto la interrumpió apresuradamente y dijo con seriedad: -No te salvé para que me debas un
favor, hice esto por voluntad propia, no tienes que tener ninguna carga.
Natalie asintió con la cabeza, pero tomó nota de este favor, y encontrarÃa la oportunidad de
devolverselo.
Natalie se separó de Fausto en el aeropuerto del Monteflor.
Se fue directamente a BahÃa de los Olmos, con la intención de descansar unos dÃas para
recuperarse antes de volver a la oficina.
No iba a volver a Royal.
Fausto recibió una llamada de Emiliano cuando llegó a casa, invitándole a tomar algo.
Al abrir de un empujón la puerta del cuarto privado y ver a Leonardo sentado dentro también con una mirada gélida, los pasos de Fausto se detuvieron, y luego entró y cerró la puerta.
Tras sentarse en el sofá, sonó la voz helada de Leonardo.
-¿Desde cuándo te gusta?
Fausto se sirvió un vaso de vino y bebió un sorbo antes de decir lentamente: -Casi tres años. Cuando acaban de casarse, ella ha estado intentando encontrar una forma de curar tu pierna, al principio, sólo pensaba que aunque ella y Matilda se parecen, sus personalidades son completamente distintas, y le presté atención inconscientemente, pero cuando reaccioné, ya me
habÃa enamorado de ella.
Al principio, querÃa abandonar, asà que no fue a ver a la familia Ramos durante seis meses.
Pero en algún dÃa la vio comiendo tranquilamente en la fiesta, como si nada a su alrededor fuera
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tan importante como el trozo de tarta que tenÃa delante, y siguió sin poder apartar los ojos de ella, y fue entonces cuando supo que estaba acabado.
-¡Aléjate de Natalie a partir de ahora, o haré como si no te tuviera como amigo!