CapÃtulo 137
Natalie se quedó aturdida, sin saber cómo responder.
Al percibl; las extrañas miradas que le lanzaban, sólo esperaba que la tierra la tragara en ese
momento.
Emiliano, igual asombrado, miraba a las dos que tenÃan delante. Cuando LucÃa le habÃa dicho
Natalie? frÃamente que era lesbiana, él no lo creyó, pero ahora⦠¿Acaso ella sentÃa algo por
-Te explicaré todo más tarde. Ahora, vete.
LucÃa hizo pucheros y respondió agraviada: -Está bien. Pero no olvides llamar cuando me
extrañas.
-Claro, lo haré.
Al verla partir, Emiliano se inventó una excusa y salió apresuradamente del restaurante,
deteniéndola en la calle.
-Perdón, señorita, en verdad me gustas. ¿Por qué no me das una oportunidad?
Muy irritada, LucÃa estaba a punto de echarlo cuando de repente se dio cuenta de algo, y le preguntó: -¿Cómo conociste a Natalie?
-Te lo contaré si aceptas salir conmigo.
LucÃa puso los ojos en blanco y replicó impaciente: -Entonces olvÃdalo. Te lo dije, no me interesan los hombres.
Con eso, abrió la puerta del coche, se metió y ordenó al conductor que arrancara, sin darle ninguna oportunidad a Emiliano de hablar.
Mientras observaba las luces del auto que se iban alejando, él curvó los labios.
¡Esa presa era desafiante, y eso justo le gustaba!
Entretanto, dentro del restaurante.
Fausto miró a Natalie y dijo: Señorita López, ya que estás aquÃ, no llevaré a Leo a casa.
Ella asintió y contestó cortésmente: -Claro, gracias por haberlo cuidado.
Notando el distanciamiento en su tono, Fausto se sintió un poco decepcionado, pero no pronunció más, sólo pasó por su lado y se fue.
Una vez a solas, Natalie se volvió a Leonardo y preguntó indiferente: -Señor Ramos, ¿dónde estacionó el chofer el auto?
-¿Cómo conociste a LucÃa?
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Natalie frunció el ceño y replicó: âEso es algo personal, asà que preferirÃa que no te entrometieras.
Al ver el disgusto bajo sus ojos, Leonardo tensó involuntariamente el agarre sobre el reposabrazes de la silla de ruedas.
Desde que Natalie pidió el divorcio, su actitud hacia él habÃa sido tajante. A veces podÃa sentir claramente que estaban más cerca, pero al siguiente momento, ella retrocedÃa varios pasos, creando distancia entre ambos.
Leonardo bajó la mirada y adoptó una expresión ambigua, como si estuviera pensando en algo.
Ante eso, Natalie no dijo nada más y lo llevó en silencio fuera del restaurante,
En el camino de regreso, ambos estuvieron un poco callados,
Después de llegar a la villa, apenas acompañó a Leonardo a su habitación, sonó el timbre.
Al ver que era Antonia llegando, Natalie abrió la puerta, pero antes de que pudiera decir algo, la otra le dio una fuerte bofetada.
-¡Paf!
Como nunca esperó que ella la golpeara de repente, Natalie no pudo reaccionar y recibió la bofetada, lo que provocó que su cara se pusiera roja e hinchada al instante.
Sin embargo, Antonia aún estaba furiosa, asà que levantó la mano para golpearla nuevamente.
Natalie retrocedió y lo esquivó, advirtiendo en voz gélida: ¡Señora Guerrero, mejor ten un poco de compostura!
Antonia se rio frÃamente y la miró de manera tan espeluznante como si fuera un demonio que querÃa devorarla.
â¿Compostura? Natalie, tú hiciste que Leo no pudiera caminar. Sólo te di una bofetada, jeso ya es mostrarte piedad!
Ella habÃa estado en el extranjero durante ese tiempo, pero ayer recibió una llamada inesperada de Matilda, balbuceando que Leonardo habÃa tenido un accidente automovilÃstico y se lastimó la pierna.
Cuando se enteró de que el incidente sucedió mientras él iba al Registro Civil para legalizar el divorcio, estuvo tan enfadada que casi se desmaya, y de inmediato reservó el vuelo más rápido de regreso.
Si hubiera sabido que Natalie harÃa sufrir tanto a su hijo, ¡nunca habrÃa permitido que se casaran!
Natalie estaba a punto de hablar cuando llegó desde atrás la voz frÃa de Leonardo.
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-Mamá, ¿viniste a mi casa tan tarde sólo para golpear a mi esposa? ¿No crees que estás yendo demasiado lejos?