CapÃtulo 6
El terminó volviendo a casa sin que ella lo buscara.
ParecÃa que fue Andrés quien lo presionó.
Observando a Nadia por un momento y con un tono de alegria, Marta dijo, âAcabo de subir a cambiar las sábanas y vi al Señor llevando ropa al baño. Supongo que no se irá esta noche.â
Cuando el marido regresa a la casa, hasta los sirvientes se alegraban por ella, como si una concubina caÃda en desgracia finalmente hubiera captado la atención del emperador. Nadia se burló de sà misma en su mente.
Después de cambiarse los zapatos Nadia dijo con una sonrisa, âEstá bien, subiré a echar un vistazo.â
Al abrir la puerta del dormitorio, Lisandro estaba saliendo justo del baño y Nadia no pudo evitar sonreÃr, â¡Has vuelto! Espera un poco, voy a darme una ducha primero
Lisandro frunció el ceño y dijo, â¿Nadia, no puedes pensar en otra cosa?â
Con una sonrisa, Nadia respondió, Qué tiene de malo que me duche al llegar a casa?â
âAdemás, si te digo que no tengo ese deseo, eres tú quien deberÃa estar llorando en este momento.â
Lisandro se quedó sin palabras.
Cuarenta minutos más tarde, cuando Nadia salió de la ducha, Lisandro estaba acostado en la cama leyendo un libro, con sus gafas de montura dorada puestas.
Con un espÃritu renovado, Nadia se acercó subió la pierna del pantalón y se sentó a horcajadas sobre el muslo de Lisandro.
Lisandro Levantó su rostro refinado y elegante Nadia, como si no notara su mirada, desató con un ligero tirón el cinturón de su bata de dormir.
Con el libro en la mano derecha, Lisandro la miró sin expresión alguna y le dio una orden sin mostrar emoción alguna, âVete.â
Nadia detuvo el acto de desvestirlo y lo , âLisandro, ¿acaso tienes algún problema? Si es asÃ, puedo acompañarte al hospital.â
El hombre la miró frÃamente y Nadia dijo con tacto: â
No quieres hablar de eso? Está bien, hablemos de algo más serio entonces.â
Lisandro dejó su libro a un lado y habló con una rareza suavidad, â¿Te loo has pensado bien? ¿Planeas divorciarte?â
Nadia replicó, â¿PodrÃas pensar en algo positivo
Dicho esto, movió su trasero hacia adelante.
Lisandro bajó la mirada, Nadia tenÃa sus brazos colgados alrededor de su cuello, âRepresentante legal del Grupo Lández, ¿Crees que podrÃas â¦
Nadia no habÃa terminado de hablar cuando Lisandro la interrumpió. âNi siquiera pienses en esoâ, dijo él.
â¡Por favor!â, exclamó Nadia. â¿Cuál es la diferencia entre representar a otras firmas y representar a El Amanecer? ¡Podemos discutir las condiciones
Lisandro la evaluó con la mirada y sonrió irónicamente.
Cómo discutimos acerca de ello? ¿Usando métodos poco éticos? Nadia, ni siquiera me involucro en eso por dinero, menos aún pagar ello.â
Nadia era hermosa, con una belleza capaz de atrapar a cualquiera, y cualquiera que la veÃa, quedaba cautivado por ella dÃa y noche. Sin embargo, Lisandro ya habla descifrado sus intenciones cuando entró por la puerta.
Lisandro bajó la mirada y Nadia, con los brazos alrededor de su cuello, jugueteando con su lóbulo decÃa, â¿Qué tal si yo pago los honorarios de representación legal y tú me das un hijo?
Lisandro levantó la cabeza, â¿Para que tu hijo herede mi fortuna? Tienes ideas muy hermosas.
Han pasado dos años de matrimonio y cada vez que veÃa a Nadia, ella solo hablaba de tener hijos, lo que hacÃa que
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Lisandro se sintiera como si fuera solo una herramienta para la procreación.
Nadia sonrió.â¿Cómo sabes que será un hijo? ¿Qué tal si es una hija? ¿O si me comprometo a que mi hijo no herede to fortuna?â
Con eso. Lisandro se mostró aún menos dispuesto.
Su semblante se oscureció y dijo, âVete â
Nadia, con las manos en los hombros de Lisandro, vio su mirada frÃa, sus facciones eran extremadamente atractives.
La seriedad meticulosa lo hacÃa irresistible despertaba el deseo de conquistarlo.
Por tanto, en lugar de bajarse, sostuvo su rostro con ambas manos y se inclinó hacia adelante para darle un beso.
Lisandro, sosteniendo su cintura con sus manos intentó empujarla, pero la lengua suave de Nadia se deslizó dentro, haciendo que su corazón se tensara y apretara su cintura sin querer.
Finalmente, no tuvo el valor de apartarla.
El aroma se esparcia entre los labios dientes de ambos, llenando la habitación con una atmósfera cargada de insinuaciones.
El camisón se deslizaba sus hombros piel blanca de Nadia junto con el contorno de su pecho se adherÃan más y más a Lisandro como una pintura óleo movimiento.
Los rumores y el trabajo importaban tanto tener un hijo con ella.
Cuando Lisandro subió su mano derecha lo largo de la espalda de Nadia el teléfono que habÃa dejado a un lado de repente comenzó a vibrar.
El sonido del teléfono lo sacó de la realidad soltó Nadia giró para coger el móvil
Al otro lado de la lÃnea, se escuchó la de Ãlex y Lisandro dijo, âVe tú primero a recibirlos, yo estoy de camino.â
Lisandro colgó y se dispuso a salir pero Nadia extendió su mano agarró su brazo, â¡Lisandro, eso es de muy mal gusto!â
Quién se marchaba a la mitad de tan delicado ese? Eso era una falta de respeto.
Lisandro retiró la mano de , âEstaba te lo tomes en serio.â
Si no fuera por la llamada de Ãlex, noche probablemente habrÃa podido contenerse.
Si Nadia hubiera tenido éxito no serÃa caer en un sino un abismo bastante profundo.
Una vez que Lisandro se fue, Nadia se quedó llena de tras una llamada, quedó en encontrarsecon Gabriela
en un bar.
Cuando Nadia le habló con tanta amargura Gabriela preguntó, âSi estás asà con Lisandro y él no se conmueve, ¿será que realmente le importa
Nadia respondió âProbablemente solo está tratando de â
Gabriela dijo, âSolo déjalo disfrutar si en el te él no tendrá que responsabilizarse por el niño qué piensas al respecto
âSi yo tuviera una esposa como tú, dejarÃa salir cama .â
Las desvergonzadas palabras Gabriela como si realmente
Lo que era peor, su desvergonzada despreocupada atraÃa las miradas de varias chicas.
Mientras conversaban sobre estos asuntos Ãntimos Gabriela navegaba su teléfono de repente su expresión volvió seria, entregándole el teléfono Nadia, , Nadia, Lisandro realmente pasó raya.â
Nadia tomó el móvil Gabriela Zelaya le pasó también se .
el mundo compartiera bicicletas baterÃas externas pero caso, parecÃa compartir su marido
Era suficiente que él se divirtiera , pero Lisandro al estar con ella, no indiferencia. Para ella
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era una falta de respeto, una falta de consideración hacia ella.
¡Bang! Con un golpe no muy fuerte pero significativo, Nadia volteó su vaso sobre la mesa y se levantó para irse, cuando
de repente fue bloqueada por un grupo de chicas, â¡Oh! ¿No es Nadia, la Señora Lández?â
âCon ese semblante tan triste en plena noche, ¿estás ahogando tus penas en alcohol?â